Rosario de Lerma
Viuda con 11 hijos vive con $5 mil al mes y la solidaridad de los vecinos
La mujer pide un trabajo para poder mantener a su prole que tiene entre 2 y 17 años. Cuando tiene harina fabrica y vende pan, o algunas prendas de ropa y pequeñas manualidades.

Celeste junto a sus 11 hijos pasa por su peor momento. Quedó viuda el año pasado, su marido falleció tras una penosa enfermedad. Él era panadero y por su puesto traía el sustento al hogar.

Habían soñado una familia numerosa, un hogar y que los chicos estudien. Pero su realidad es muy diferente: la pobre mujer vive con apenas los 5 mil pesos que cobrar de asignación universal de cinco de sus hijos. Ella vendía pan en la vereda de la vivienda que alquila y con estos ahorros lograba sostener en parte a su prole. Pero las cosas han cambiado. Las ventas han bajado y el pan ni siquiera llega a la mesa propia.

"Nunca pedí nada, mi pobreza la resguardo con respeto. No he pedido ayuda porque estoy buscando trabajo. Pero las cosas últimamente están complicadas. Ni siquiera tengo harina para hacer unos bollos o tortillas para vender", dice esta mujer de 40 años con enorme humildad y con una entereza que sobrecoge.

Una mesa para 12 personas

Mantener 11 chicos entre 2 y 17 años, se hace complicado para una madre sola. Su hija mayor egresó del secundario y la ayuda cuidando a los pequeños de la familia. Se comparten las tareas para el enorme grupo familiar. "Mi hija mayor quiere seguir estudiando, ahora me ayuda, hasta para comprar una carpeta se complica la situación", describe Celeste.

Los vecinos de calle Aniceto Latorre, en donde alquila la mujer y su familia, se solidarizaron con su familia. Le llevan algunas mercaderías y enseres que puedan mantener más o menos llenos los estómagos de tantos chicos. La luz ya no existe en esta vivienda. Con velas se iluminan, porque hace pocos días la empresa prestataria del servicio de energía les restringió el servicio por falta de pago.

"Todos los chicos estudian, excepto los más pequeños de 2 y 4 años. Con el monto de la asignación universal nos damos vuelta. Mando a los chicos a la escuela porque no quiero que pasen hambre. Tuvimos la desgracia de perder a mi marido el año pasado y todo se nos vino abajo", describe.

Su relato apesadumbrado se desdibuja por el llanto. Pero las lágrimas se cortan apenas sale uno de los chicos a la vereda, que por curiosidad solo atina a preguntar con quién está hablando su mamá.

La mujer cobra fuerzas a flor de piel y disimula su pesar delante de sus hijos. "Debo pensar todo los días y a cada hora, cómo salir de este estado. No es fácil salir a buscar trabajo y dejar a los chicos solos. No pretendo tener interminables subsidios para poder alimentar a mi familia. Tengo manos para trabajar. Pero no encuentro dónde hacerlo", cuenta.

Vende ropa y manualidades

Dice que vende ropa y algunos utensilios de manualidades en las ferias, con eso compraba harina para poder amasar y hornear pan.

Pero en las últimas semanas prefirió hacer pan para alimentar a sus chicos. Celeste no pierde la fe de que todo pueda mejorar para su familia.

Agradece a los dueños del inquilinato que la aguantan para pagar el mes del alquiler.

"Hay mucha gente buena que entiende la situación y se solidariza. Días pasados hasta una garrafa de gas me acercaron. Algunas veces nos traen ropita en condiciones para los chicos. Y así, la gente se acerca, y me deja algo de dinero. Estoy muy agradecida, pero no quiero molestar a los vecinos, que se han portado muy bien siempre con nosotros".

Celeste busca trabajo. Quiere ganarse el pan con su esfuerzo. No pierde de vista a sus hijos y anhela que sigan estudiando para que sean alguien en la vida.