Desarrollan una máscara 3D, que sería solución para niños con quemaduras


Marío César Díaz, un joven kinesiólogo salteño aficionado a la tecnología, desarrolló una máscara transparente 3D, que podría significar una mejora sustancial en la calidad de vida de los niños que sufrieron quemaduras graves en el rostro. Facilita, además, el acceso a este tipo de dispositivos, ya que son de muy bajo costo en relación a soluciones similares que se hallan en el mercado nacional o en instituciones sanitarias de Buenos Aires.

Iniciativa innovadora

Se trata de una iniciativa innovadora para la región, que se encuentra a cargo de un equipo de kinesiólogos locales, quienes trabajan desde principios de este año con un software de origen canadiense e impresiones en tres dimensiones. “Yo tomo la imagen en 3D, la modifico por medio de un software específico y de allí pasa a impresión. Me ocupo específicamente de la parte técnica del desarrollo de la máscara”, explicó Díaz.
El material utilizado en la manufactura es conocido como ácido poliláctico (PLA), un termoplástico biodegradable hecho a base de recursos renovables como el almidón de maíz o la caña de azúcar. Además de usarse en la impresión 3D, lo podemos ver principalmente en implantes médicos, envases de alimentos y vajillas desechables, etc.

Objetivos

El proyecto está dirigido al tratamiento por compresión de cicatrices hipertróficas y queloides por quemaduras. “La idea nació durante un periodo de prácticas que realicé en el área de quemados Hospital Materno Infantil de Salta, a cargo de la Lic. Ximena Avila. Allí detecté que había un vacío de recursos en cuanto a la aplicación de técnicas de compresión de cicatrices (hipertróficas, queloides y contracturantes) en el rostro de pacientes pediátricos quemados”, contó.
En cuanto a sus particularidades, señaló que en su cara interna, las máscaras cuentan con un revestimiento de gel polímero que está en contacto con la piel. Es, además, transparente, lo que permite percibir si la compresión es la adecuada y realizar correcciones.
“Durante las prácticas -recordó- teníamos pacientes con cicatrices en todo el rostro y encima de él un vendaje total durante el tratamiento, que no brindaba los resultados esperados. Son casos que te llevan a pensar y repensar en soluciones para que el niño pueda recuperar su vida normal, para que el tratamiento sea más llevadero y que pueda retornar a la escuela y a sus actividades cotidianas”, explicó el kinesiólogo. Luego agregó: “A eso hay que sumarle que en la mayoría de los casos son familias que no tiene recursos económicos para enfrentar tratamientos costosos. Lamentablemente, la mayor parte de los chicos quemados son de muy bajos recursos”.
Actualmente en el país se realizan tratamientos similares, por ejemplo en Buenos Aires, con máscaras acrílicas que se construyen a partir de un molde de yeso que se toma del rostro del paciente, lo que resulta invasivo y también muy caro. Por lo tanto son prácticamente inalcanzables para los pacientes de los hospitales públicos, especialmente del interior. 

Económico y menos invasivo

Poner a disposición de los pequeños pacientes dispositivos equivalentes, pero mucho más accesibles mediante el uso de tecnología 3D de digitalización, resulta no solo más ágil, sino también más económico y menos invasivo. Es decir, se alcanza una importante relación costo-beneficio. 
Es un proyecto que podría traducirse en una verdadera solución para los más necesitados. “Las máscaras se realizan a través de tecnología de digitalización por medio de scanner 3D y CAD/CAM (Computer-Aided Desing - Manufacturing), nos permite tomar una imagen perfecta de la morfología del rostro de cada paciente, y que se deben corregir por medio de programas de diseño para llevar la imagen lo más cercana a cómo se encontraba el rostro antes de sufrir la lesión. La metodología permite reducir el tiempo del tratamiento, las cirugías recurrentes y las secuelas, disminuyendo así el costo per cápita que debe afrontar la institución sanitaria, en este caso el hospital, y también la familia”, detalló el profesional. 
“Trabajé minuciosamente en este proyecto que tiene fundamentalmente un fin social: el bienestar de los pequeños. Apuntar a que el tratamiento sea lo menos traumático posible y que a la vez sea accesible, ese es el objetivo principal. En cuanto a la aplicación es analizada en el Hospital Materno Infantil de Salta y está bajo la dirección de Analía Barón, a quien le he planteado oportunamente la iniciativa, y de Ximena Avila, kinesióloga de amplia experiencia en el sector de quemados”, concluyó finalmente Mario Díaz.
 

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