La escuela OEA de Tartagal,  ejemplo de  solidaridad

Como no sucede en ninguna otra escuela pública o privada, los días sábado la actividad en la OEA, el ir y venir de chicos es casi el mismo que de lunes a viernes, porque un grupo de profesores acompañados por los alumnos de mejor rendimiento académico se ocupan de brindarle apoyo a los chicos con dificultades en las materias más pesadas, que en una escuela donde egresan como técnicos electrónicos, son la mayoría.

Pero no es lo único que los chicos y los profesores de la OEA hacen en materia solidaria. Hace 15 años comenzaron a salir de sus aulas para realizar trabajos de mejoras, ampliaciones, remodelaciones de otros edificios escolares públicos, muchos de los cuales funcionan como albergues en las zonas más desfavorecidas del departamento San Martín, pero que necesitan mejores condiciones para atender a los niños de pueblos y parajes cercanos.

La iniciativa nació de uno de los docentes de la OEA, el profesor Normando "Corto" Villagra, quien la semana anterior fue designado como director de la institución educativa en la que trabaja hace 34 años.

El profesor se inició como docente dictando una materia de Física. "Y en la década del 90, comenzamos a hacer los cursos de tecnología porque lo que se venía en materia tecnológica era un antes y un después. Egresé de la escuela Técnica N´ 1 de Campamento Vespucio, que tenía un gran prestigio pero para ejercer como docente tuve que cursar el profesorado en Tecnología porque la formación en lo que hace a carreras técnicas es una condición fundamental" explica el docente.

Villagra recordó: "La escuela OEA tiene una subcampeona nacional y una campeona provincial en matemáticas y esta semana viaja una delegación a las Olimpíadas de Dibujo Técnico, pero para eso se necesitan recursos que conseguimos vendiendo rifas, empanadas".

"Los profesores ponen sus vehículos y contamos con un importante aporte del municipio. Hace 15 años, estamos en el proyecto de escuelas solidarias mediante el cual hacemos mejoras y reparaciones en escuelas de la zona", agregó.

Para realizar esas acciones, los chicos de la OEA y los docentes necesitan vehículos para transportar los elementos de trabajo, herramientas e insumos que los consiguen con las más diversas acciones. "En el paraje Yacuy aquella primera vez que llegamos, los chicos almorzaban en el suelo porque el mobiliario estaba apilado en un gallinero. Les dejamos mesas y sillas reparadas a nuevas; otra acción fue reparar los equipos de música o construir cocinas en parajes alejados", señaló.

Una tarea imborrable 

“Una vez, en pleno invierno, fuimos a Acambuco; las ventanas no tenían vidrios para proteger del frío intenso que hace en todo ese valle”, recordó el docente. 
Otros lugares donde llevaron ayuda fueron a los parajes El Traslado y El Pescadito, distantes 110 kilómetros al este de Tartagal. “Los chicos tomaban clase bajo un algarrobo por eso fuimos a construirle un aula, un comedor en el otro paraje y mejoras en todo el edificio”contó.
 

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