Alejandro Corbacho: “Fernández va a tener que tomar decisiones difíciles y sin contención”

“Lo que viene es una transición, que hasta ahora va por buen camino. Veremos cómo se acomodan las cargas con las segundas líneas. Probablemente, habrá un conflicto interno peronista entre la radicalización kirchnerista que buscará volver a viejas prácticas y las corrientes más moderadas u ortodoxas. Pero, por cierto, no conocemos la letra chica del acuerdo entre Alberto y Cristina”. Alejandro Corbacho es doctor en Ciencias Políticas y director del Observatorio de Política Exterior de UCEMA.
En agosto de 2015 protagonizó una polémica con la entonces presidenta Cristina Fernández que, en una de sus cadenas, había improvisado que “no fue la inflación sino las humillaciones que había sufrido Alemania lo que desencadenó el nazismo”.
El académico, especializado justamente en la génesis de un fenómeno tan complejo como fue la Europa de las dos grandes guerras, le respondió en una columna que “Se trata de un argumento utilizado por los defensores de las políticas agresivas y expansionistas que siguió ese país a partir del ascenso del nazismo. La historia académica lo superó al demostrar claramente su insuficiencia para explicar la tragedia que asoló a Alemania y luego al mundo en los años treinta”. La ex mandataria, que sabía que la inflación era un problema que su gestión no lograba controlar, le respondió tratándolo de “burro”. Corbacho se limitó a responder que “esa frase hace al estilo de quien la pronuncia”. En una entrevista con El Tribuno, el académico pasa revista al complejo e impredecible escenario del mundo contemporáneo, encuentra similitudes con el mundo de 1932 y analiza, en ese contexto, las perspectivas que se abren para el nuevo gobierno.

En realidad, a casi un siglo de la eclosión del nazismo, aún resulta difícil explicar como el país más culto de Europa pudo engendrar un fenómeno de esa naturaleza...
Es difícil explicarlo, porque Hitler no engañó a ningún alemán. El dijo exactamente todo lo que iba a hacer. Había muchos nacionalistas que también reivindicaban a Alemania frente a las humillaciones que siguieron a la derrota de la primera guerra mundial, pero lo eligieron a él, quizá pensando que no iba a llegar tan lejos. De hecho, la democracia parlamentaria fue reemplazada por el mito y el culto al hombre providencial. El pueblo alemán y sus líderes pudieron haber tomado otro camino.

De todos modos, uno de los rasgos de Hitler es su mediocridad, que contrasta con la cultura que alumbró a Kant, Hegel, Goethe e innumerables artistas, poetas y pensadores...
Ahora el mundo tiene muchos líderes mediocres. Estamos en una época de grave crisis de dirigencia. De todas maneras, la cultura no es una garantía de sobriedad democrática.

En los organismos internacionales proliferan las preocupaciones por liderazgos como los de Donald Trump y Jair Bolsonaro, y los ataques a la prensa de parte del crimen organizado...
No hay liderazgo de estadistas. Los líderes apelan a valores y sentimientos del pasado, que aparecían olvidados; tienden a convocar a partir de la diferenciación con respecto a los otros, es decir, de separar. Se abandonó un universalismo positivo. Hitler fue un líder, pero no positivo; al contrario, como el flautista de Hamelin, conducía a la muerte. Los líderes cumplen un rol de ejemplaridad muy importante, que a veces no se tiene en cuenta. Lo que dicen impacta, porque toca expectativas y sentimientos de la gente. El líder puede modificar sentimientos, positivamente. Hoy abundan los que cada mañana invitan a su gente a odiar a alguien. Un amigo que vive en Estados Unidos, republicano, se resistía a votar a Trump. Yo le señalé que Trump iba a hacerle la vida difícil a los estadounidenses porque siempre iba a estar inventando enemigos y descalificando personas. Mirando nuestra historia, y pensando en las dictaduras y la violencia política, lo más urgente sería unir, no separar...

¿El gesto de Mauricio Macri y Alberto Fernández, de reunirse después de la elección, contribuye en ese sentido?
Es positivo. Creo que los resultados muestran un gran crecimiento de Macri y el hecho de que el Frente de Todos no pudo superar el 50%. Esto indica que, a pesar de la dureza de la crisis económica, hay otros valores y que los candidatos del equipo de Fernández tenían ese techo. Creo que el resultado final muestra que el macrismo sufrió la dispersión de sus votos. Otro dato, al salir a la calle, Macri hizo política e impulsó el vuelco. Por eso dijo Daddy Brieva que “me quedé con gusto a poco”... Esperaban más. Ahora, al parecer, Fernández no va a encontrar una oposición fragmentada. Hay un poco más de equilibrio. Me sorprende el poder de los gobernadores: en Entre Ríos fue notable e inesperado el vuelco con respecto a las PASO, y en otras provincias como Córdoba y Santa Fe, también. Hubo voto estratégico.

Y quedó definido un mapa político...
Y también quedó claro que con un país que elige presidente como distrito único, el voto lo definen el conurbano bonaerense y los grandes centros poblados. El kirchnerismo trabajó bien en esos puntos. Hizo lo mismo que Trump en 2016: trabajó en Ohio, Carolina del Norte y Florida, que eran los distritos más complicados y allí consiguió los electores que necesitaba. En el país perdió en cantidad de votos, pero como en cada Estado, el que gana se lleva a todos los electores, llegó a la presidencia. De los dos millones de votos que son la ventaja en el país, Fernández logró un millón y medio en el conurbano. Hay otras cosas, además de la economía...

¿Cómo evalúa el escenario político del nuevo oficialismo?
Alberto Fernández quiere gobernar, pero se lo ve débil. La “vía del medio” fue un fracaso... Con el diario del lunes, da la impresión de que tuvieron miedo, no salieron a pelear su espacio. Y Fernández no llegó peleándola, sino que lo pusieron. Esa es una debilidad. Lo que hay que definir ahora, y que quede claro, es ver quién gobierna. Es predecible una etapa de fuerte lucha interna. Porque el silencio de Cristina no fue casual, sino estratégico, porque ella le hacía un favor a Macri. Ahora, el desvelo de Fernández por identificarse con Alfonsín revela una realidad: el necesita seducir a los radicales para que, en el Congreso, le den sus votos en leyes que el kirchnerismo le va a querer bloquear. Creo que él quiere ser un comandante razonable, porque la gente espera calma y tranquilidad, una transición serena sin los disparates de 2015. Fernández va a tener que tomar decisiones difíciles y sin red de contención. Y los movimientos sociales se van a hacer sentir.

¿Qué opinión le merece el discurso de Kicillof?
Es un académico, que hizo política universitaria y que sigue hablando para el grupo propio. Es un lector de Ernesto Laclau, y por eso entiende la política como batalla. No es de La Cámpora, pero entró por ella y forma parte de un sector que se creen de “los setenta”, aunque no lo sean.

El mundo de hoy no se parece nada a los setenta...
Parafraseando a Freud, podríamos decir que el mundo vive en “el malestar en la globalización”. Este proceso de globalización que se aceleró tras la caída de la Unión Soviética, el crecimiento de China, la apertura de los mercados... ha tenido un ganador primero en EEUU y ahora, China. La Unión Europea ha dejado de repartir bienes, y al mismo tiempo, hay sectores que se han visto afectados. Así surge Trump, eclosionan los nacionalismos en Europa, el Brexit de una Gran Bretaña que sueña con restaurar la Inglaterra victoriana... son el fracaso de la ilusión de que los valores universales pueden reemplazar a los valores locales. Eso es lo que vio Trump, y lo hizo ganar.

¿Qué cambió allí?
Hay una franja de los Estados Unidos donde murió el sueño americano. No el de los inmigrantes, sino en los estadounidenses. Ese ideal de que quien termina el secundario empieza a trabajar y asegura su vida de clase media. Hoy, sin cuatro años de universidad, el futuro no está garantizado, porque van a venir de afuera personas educadas que lo van a reemplazar. Y en este escenario, las manufactura hoy se hacen en china o con robots, y los trabajos que restan son de baja calificación. Esto es lo que no terminamos de entender bien...

Una crisis global...
Ninguna sociedad resiste el 35 % de pobres, y eso es lo que está pasando en el mundo globalizado. Y están las redes sociales, que tienen una capacidad fulminante para generar odio y división. La Cambridge Analytica puso a la vista que las grandes empresas te direccionan con la publicidad que vos esperás y te alimentan más ese deseo. Con auriculares y el celular, la persona está en otro planeta. Es otro mundo, con otras brechas.

¿Cómo son las actuales?
En la guerra fría había buenos y malos; hoy se piensa que “no es tan así”; hoy, los acusados no dicen que no son corruptos, sino que los demás son tan corruptos como ellos. Se iguala para abajo; se mezcla “como en un Cambalache”... Y en el mundo hay una batalla global, que es la lucha por la supremacía entre EEUU y China... Y Trump, aunque parezca mentira, es el elegido por EEUU para frenar al desafío chino. Están peleando por el control de la tecnología, las comunicaciones y los espacios militares.

En 2014 se cumplió un siglo de la primera gran guerra, que cambió el mundo. ¿Vivimos una nueva transformación?
Hace poco tiempo, el mundo se parecía a 1932, con el auge de los nacionalismos, la decepción con la Sociedad de las Naciones y su sueño de universalismo, líderes versus estados y una insatisfacción que relativiza todo. Somos seres humanos: Maquiavelo recomendaba hacer de acuerdo con lo que la humanidad “hizo, hace y hará”. Yo no soy pesimista, pero soy realista. Y creo que hay que construir un nuevo equilibrio.
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