“Las mujeres salimos de las salas de parto con heridas que nos van a acompañar siempre”

Violeta Osorio es activista feminista, referente de la agrupación Las Casildas, de la cual surgió el Observatorio de Violencia Obstétrica de Argentina y del grupo interdisciplinario Fortaleza 85. El sábado dictará el segundo módulo de la primera formación “Gaia Doulas Salta”, en el Espacio de Estela (Las Paltas 520, Tres Cerritos), desde las 9 hasta las 17. 
La especialista, quien es colombiana, madre de dos hijas y vive en Argentina desde hace 11 años, se refirió a las preocupantes estadísticas sobre violencia obstétrica.

¿Qué es una doula?
Una doula es una acompañante emocional y también de todo lo que tiene que ver con la comodidad, el confort y el ayudar a la mujer a transitar todo su proceso desde el embarazo, el parto y el puerperio sostenida y con información de calidad.
Es una figura que está muy relacionada con el bienestar pleno de esa mujer y de su hijo o hija. 
Una cosa muy importante de la figura de la doula es que su lugar está al lado de la mujer, cuidando de alguna manera también sus intereses, sus elecciones, pero, obviamente, sin invadir su espacio. 
Es como una red que debe ser invisible. ¿Viste cuando el trapecista se lanza a hacer una acrobacia y hay una red que no debe verse pero que proporciona seguridad y tranquilidad? Bueno, así. 

¿En qué consiste la formación?
A nivel general, la importancia de toda la formación, más allá de mi participación en ella, creo que tiene que ver justamente con apostar por espacios donde las mujeres recuperemos nuestro poder, saber, podamos intercambiar experiencias, información y, de alguna manera, volver a construir esos lazos de solidaridad entre mujeres.

¿Cuáles son los ejes que se abordarán?
La parte en la que yo participo tiene que ver con la perspectiva de género y de derechos dentro de la figura de la doula, algo que nos parece muy importante porque ella trabaja en relación con las mujeres y sus procesos sexuales y reproductivos en su maternidad. Vivimos en el patriarcado, dentro de una sociedad que es misógina, machista, y las mujeres no estamos exentas de repetir los estereotipos y de cargar los mandatos a las otras mujeres y a nosotras mismas, por supuesto. Entonces, tener una perspectiva feminista, de género, entender esto, poder deconstruir los estereotipos, los mandatos sociales, el discurso social en torno a la maternidad como un evento que requiere sacrificio, abnegación y dejar de lado nuestro bienestar y disfrute, es sumamente importante. Las doulas son figuras que realmente ayudan a esas mujeres a construir su poder, sus propias elecciones, camino y a fortalecer su autonomía.

Una de las temáticas de las que hablará es sobre leyes...
Sí, y derechos. Argentina es un país pionero en materia legal. Tenemos varias leyes que están en torno a la atención sanitaria: la ley 26485 de protección integral a las mujeres y la ley 25929 de parto respetado, pero son leyes que en el cotidiano no suelen cumplirse. En general, las mujeres afrontamos nuestros embarazos, partos y puerperios completamente atravesadas por la violencia obstétrica, entonces es importante poder hablar de esta violencia que es considerada una de las violencias de género invisibilizadas más sistemáticas. Suceden todos los días muchas veces, casi en cada nacimiento.

¿Hay mayor concientización sobre la violencia obstétrica en la actualidad?
Cada vez hay mas conciencia a nivel social pero, sobre todo, a nivel de las mujeres. Esta violencia está definida como una modalidad de violencia contra las mujeres. Está en la ley 26485 pero de alguna manera es el síntoma de un sistema médico dominante y de una sociedad patriarcal que es misógina y machista. Entonces, durante los procesos obstétricos todo lo que tiene que ver con el embarazo, el parto, el puerperio, las situaciones de aborto y posaborto y las situaciones también de muerte perinatal, las mujeres somos sometidas a prácticas y rutinas crueles e invasivas, maltrato verbal y físico.

¿Cuáles son esas prácticas y rutinas?
Es moneda corriente que las mujeres entremos a los servicios de salud y recibamos apodos, diminutivos como “mamita” o “gordita”. También que se hagan comentarios irónicos o descalificadores como “bien que te gustó, ahora bancátela”. Que se tomen sobre nosotras conductas aleccionadoras, por ejemplo, cuando no hacemos caso a lo que el equipo médico nos dice que tenemos que hacer o cuando nos animamos a cuestionar. Entonces, hay demoras injustificadas en la atención, sobreintervención como castigo y también se ha impuesto un modelo de atención al parto en el que las rutinas médicas implican parir acostada, la rotura artificial de bolsa, utilizar oxitocina sintética o la episiotomía, que es un corte que se realiza en el periné femenino. Se realiza siempre en todos los nacimientos, aunque la evidencia científica dice que eso es absolutamente nocivo para el bienestar de esa mujer y el bebé. Ahí estamos frente a la sobreintervención y la patologización de los procesos.
En última instancia también la violencia obstétrica tiene que ver con la falta de acceso a la información completa, verdadera, oportuna, y que eso es lo que nos va a llevar realmente a la garantía de la autonomía de la mujer. Si yo tengo la información real, puedo tomar decisiones. Es de lo que se trata. 

¿Cómo se puede erradicar esta problemática?
El problema real sobre la violencia obstétrica es que no es solamente un tema médico ni científico o que tenga que ver con solamente mejorar la práctica clínica, tampoco con que falte evidencia, que demuestra que el modelo actual de atención es nocivo y cruel, sino que es ante todo un problema político y cultural. Eso quiere decir que está relacionado justamente con el lugar que las mujeres como clase política ocupamos dentro de este sistema. En la realidad a la que nos vemos abocadas las mujeres en nuestra vida cotidiana, el acceso a nuestro cuerpo está permitido. Se nos asume como que no podemos tomar decisiones, estamos permanentemente rodeadas de hechos de violencia machista y en el parto y en los procesos obstétricos como que se exacerba esa violencia. 
Si uno ve una escena de un parto como lo arma el sistema médico dominante, verá que a la mujer se le exige lo mismo que se le exige en la vida cotidiana, pero de alguna manera con el volumen rozando al máximo: que nos acostemos, abramos de piernas y hagamos como que si no estuviéramos, que cualquiera pueda tener acceso a nuestro cuerpo, que nos portemos bien, que no hagamos mucho ruido. Por eso es importante entender que es un problema que hay que abordar desde todo el conjunto de la sociedad.

El Observatorio llevó adelante encuesta sobre la atención en el parto. ¿Que establecen los resultados?
Se realizaron dos encuestas a nivel país. La primera sobre 4.939 nacimientos y la segunda sobre 1106. La verdad que son alarmantes los datos de una y otra. Nos encontramos en la primera encuesta con que todos los índices de intervenciones superan ampliamente lo dicho por la Organización Mundial de la Salud (OMS), por ejemplo, en términos de cesáreas. La OMS establece que en ninguna parte del mundo debería haber más del 15% y nuestro país tiene un 47% de cesáreas. Esto aumenta en el sistema privado. Hay instituciones que tienen un 90% y en el público es un poco más bajo, pero por una cuestión de insumos, pero igual duplica este estándar.
Por otra parte, la OMS establece que no existe ningún justificativo médico para que exista en ninguna parte del mundo más del 12 al 15% de episiotomía. En nuestras encuesta nos encontramos con un 67,5%. También hallamos un ingreso a neonatología del 40%. Además, se determinó que el 70% de las mujeres refieren haber pasado todo el proceso sin saber que estaba pasando y sin poder tomar decisiones, y el 80% refieren lo mismo pero en relación a su hijo/a. 
Con esta última encuesta sobre secuelas, realmente es alarmante cómo las mujeres salimos de las salas de parto marcadas y con heridas y cicatrices que nos van a acompañar siempre, en relación a nuestro propio cuerpo, a nuestra vida sexual y reproductiva y al vínculo con ese hijo o hija.

¿Qué le recomendaría a las mujeres que atravesarán su parto? 
Considero que lo más recomendable para cada mujer es realmente lo que ella con información elija. Cada mujer tiene derecho a elegir cómo, dónde y con quién parir y esas elecciones no deberían influir en ningún momento el acceso a sus derechos. Es importante que ninguna mujer sea vulnerada.
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