Primera vez: atletas wichis en la carrera Cachi Ultra Trail

La comunidad wichi San Ignacio de Loyola no deja de sorprender en su camino a contramano de la miseria y de las negras profesías de los detractores del indigenismo. De la mano de la Fundación Molinos Cañuelas, presidida por Aldo Navilli, le pusieron alas a los sueños de progreso hace seis años con un taller textil, que florece en un norte desierto de oportunidades para los indios. El fruto de este increíble emprendimiento de la comunidad wichi ubicada en el kilómetro 1.837 de la ruta nacional 81, en Embarcación, es la marca de ropa "Lhaka" (que en lengua wichi significa "Nuestro"), que cada vez se impone más por sus diseños y su calidad en el mercado nacional. Encaminados y apoyados por profesionales, estos vecinos mejoraron sustancialmente su calidad de vida mediante el trabajo y ahora se dan permiso para practicar algunas disciplinas deportivas y participar por primera vez en un evento como es la carrera Cachi Ultra Trail, organizada por Keep Running (www.kee prunning.com.ar). "Nos gustaría agradecer mucho a Rodrigo Salazar y Martín porque cuando les comentamos que los chicos de la comunidad querían ir, los invitaron y les bonificaron la inscripción. Y después de la carrera cuando los vieron entusiasmados se ofrecieron hacerles un plan de entrenamiento a distancia que puede ser muy positivo para canalizar energías", expresó Catalina Rojas, trabajadora social y coordinadora del proyecto wichi.

Así, Julio Torres y Alcides Molina de la Comunidad San Ignacio de Loyola, más una voluntaria de Dragones que participa en la cooperativa y miembros del equipo de trabajo de la Fundación Molino Cañuelas, se lanzaron a correr por los cerros calchaquíes. "Nos acompañó también Elodia Vargas, jefa del Taller Textil nacida y criada en Hickmann, y Patricia Fernandez que los aconsejó para la carrera", explicó Catalina.

Y destacó: "Este Programa para el Desarrollo de Comunidades Wichi liderado por Aldo Navilli, quien lo sostiene y hace crecer, sigue apostando al progreso sin importar la difícil situación del país. Los chicos se animaron a correr y conocieron las montañas por primera vez. Lo mejor: la estadía, la comida y otros gastos los pagó cada uno con el fruto de su trabajo". Definitivamente, esta comunidad es el espejo en el que gobiernos y ONG deberían mirarse para sostener tantas manos desocupadas y hambrientas en forma contundente, estimando y no subestimando, alentando el trabajo en vez de subsidiando la miseria.

 

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