La coca fue "un respetable ramo del comercio" en Salta

La hoja de coca no siempre estuvo sumida en el prejuicio y la informalidad. La investigadora Carina Madregal destacó la relevancia que alcanzó en la economía del Virreinato del Río de la Plata, al punto de desencadenar conflictos y tensiones que el propio Manuel Belgrano, a cargo del Consulado, tuvo que resolver.

Los hermanos Mateo y Ledio Saravia, dispuestos a apropiarse del total de los beneficios que la demanda de coca dejaba en la región, ofrecieron en 1799 al Cabildo salteño la construcción de una fuente de agua en la plaza principal a cambio del monopolio de la hoja de coca por diez años. La propuesta contó con la aceptación de los cabildantes que, además, aseguraron 4.000 pesos de la época (reales del ocho) para el Cabildo de Jujuy.

Comerciantes que se sintieron afectados, con el vecino jujeño José Domingo Goyechea a la cabeza, manifestaron por escrito ante las autoridades virreinales residentes en Buenos Aires su rechazo a la propuesta. Se refirieron entonces a la hoja de coca como "un respetable ramo del comercio" que producía tantas utilidades que excedían largamente "los pequeños costos que tendría la referida obra, aún formada con el mayor primor". Los cálculos realizados por los protagonistas de la queja indicaban que el monopolio beneficiaría a los proponentes con al menos 25.000 pesos.

Intervención de Belgrano

Quien puso punto final al conflicto fue Manuel Belgrano: en su carácter de secretario del Consulado, aconsejó a las autoridades virreinales que rechazaran la propuesta. Aquel acto no sólo impidió el ventajismo e impuso los intereses generales sobre los de los particulares, sino que también fue una manifestación clara de consolidación de las ideas de libre internación de los productos de la tierra. Las hojas de coca, como otro cualquier producto, pudieron comerciarse libremente por los territorios de la monarquía, desde La Paz y Oruro hasta Salta.

A fines del siglo XVIII la poblaciones originarias fueron las principales consumidoras de hojas de cocas, aunque no las únicas. El investigador Gabriel Anachuri recordó que la introducción en suelo salteño estuvo a cargo de varones de la élite, algunos de ellos recién llegados a suelo americano.

Fuerte importador

Un importante introductor de hojas de coca fue el peninsular Joseph Nadal Guarda. El libro de Aduana de 1805 indica que ese año introdujo a la plaza local 120 cestos (entre 1.000 y 1.200 kilos). Cinco años después, el vasco recién afincado fue parte del pequeño grupo que, convocado por el Cabildo, votó en contra de la flamante Junta constituida en Buenos Aires.

Los tiempos independientes no trajeron cambios en la circulación de la hoja de coca, pero sí en los volúmenes comercializados y en los agentes. La investigadora María Fernanda Justiniano reseñó que en los libros de hacienda de la época, existentes en el Archivo Histórico de Salta, quedaron registrados quienes introducían las hojas de coca a la Ciudad, el destino de éstas y el pago del correspondiente tributo de alcabala.

La desarticulación del eje comercial Potosí-Buenos Aires, la demarcación progresiva de una frontera entre las provincias arribeñas y las abajeñas del ex Virreinato del Río de la Plata y las guerras de independencia incidieron en la disminución del registro de los cestos de hojas coca que llegaban a la plaza de Salta. En 1815, año en que Martín Gemes fue nombrado gobernador, el Libro diario de alcabala consigna introducidos en total y por diversos protagonistas, 78 cestos, gravados con el 4%, provenientes de Tarija, Cochabamba y Cinti; 48 de los cuales recibieron la autorización del general José Rondeau para su internación.

En Buenos Aires

Las poblaciones del norte de las Provincias Unidas del Río de la Plata no fueron el único escenario donde circuló la hoja de coca. El Libro de alcabala de 1826 da cuenta de una guía, con el pago del tributo correspondiente, que indica a Buenos Aires como destino de las hojas.

Todos estos antecedentes históricos fueron abordados por los citados docentes de la Universidad Nacional de Salta (UNSa) en el proyecto de investigación 2340, en actual desarrollo.

Un hábito que tiene 8.000 años en los Andes

La coca es una de las plantas más nutritivas del mundo.

El coqueo es un hábito ancestral que se remonta a 8.000 años, según evidencias que halló en Perú, en 2010, un equipo del Departamento de Antropología de la Universidad de Vanderbilt (Estados Unidos) encabezado por el arqueólogo Tom Dillehay.

La planta está presente en la vida de los pueblos andinos desde épocas precolombinas y marca su identidad con profundas raíces económicas, sociales e incluso religiosas. Ha sido utilizada por las culturas Inca, Chibcha y Aymara en coqueo, usos medicinales, ofrendas y hasta como moneda.

Ya por el 1.600 el cronista español Bernabé Cobo elaboró una minuciosa descripción de los ambientes propicios para el cultivo, cosecha, trato, conserva, transporte y preparado de la hoja para el consumo, como así también del valor económico, social y simbólico de la planta.

Kallawallas, shamanoes, yatiris y mautas hicieron uso de sus propiedades medicinales desde tiempos prehispánicos, con una notable variedad de prácticas médicas que incluían infusiones, mascado, empastados y aplicaciones con hojas quemadas.

De esa forma se trataban de dolencias del aparato digestivo y respiratorio, traumatismos, fracturas y enfermedades de la piel. Esa medicina, al igual que el coqueo, sigue siendo compartida en comunidades andinas por hombres, mujeres y niños.

Un equipo de la Universidad de Harvard comparó a la hoja de coca con diferentes tipos de cereales, vegetales y frutos. Ese estudio (The Nutritional Values of the Coca Leaf) la confirmó como una de las plantas más nutritivas del mundo.

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