Heridos y entenados después del cierre de listas tanto en el kichnerismo como en el oficialismo

Máximo Kirchner y Sergio Massa se repartieron la mayoría de los lugares con posibilidades de ingreso de la lista de diputados nacionales de la provincia de Buenos Aires, donde Cristina Kirchner hizo valer su condición de dirigente más popular y le dio la lapicera a su hijo.

Del lado del Gobierno, a la hora de decidir los nombres de los candidatos, la lapicera quedó en la mesa chica de PRO. El jefe de Gabinete, Marcos Peña, la gobernadora María Eugenia Vidal y el jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta fueron quienes definieron las listas del oficialismo en los principales distritos, con la supervisión del Presidente.

La movida camporista

Si bien tuvo un gesto al anotarse quinto en la lista y evitar que su apellido apareciera en letras grandes, Máximo Kirchner ubicó a seis fieles de La Cámpora y agrupaciones afines entre los primeros quince y el tigrense agregó cuatro candidatos hasta el puesto veinte.

Una elección por encima de los 40 puntos en octubre, como avizora Alberto Fernández y Cristina en un escenario ultrapolarizado, podría garantizarle no menos de una quincena de bancas por Buenos Aires.

Por renuncias, asunción de cargos públicos o desgracias inesperadas siempre queda un grupo de candidatos expectantes para asumir y el dúo Máximo-Massa también estuvo atento: como 17 firmó el camporista Rodolfo Tahialde y 19 el diputado massista Carlos Selva. Se quedaron afuera sus colegas Marcela Passo y Raúl Pérez, encargado de puntear las listas y autoexcluidos de los elegidos.

Tras el cierre de las listas de candidatos, se confirmó que hay algunos importantes dirigentes políticos que no competirán por ningún cargo en las próximas elecciones nacionales.

Uno de ellos es el diputado y líder del bloque Red por Argentina, Felipe Solá, a quien le quedan dos años de mandato en la Cámara Baja.

El exgobernador bonaerense llegó a su banca de la mano de Sergio Massa, de quien se distanció en el 2018 para crear su propio espacio, más cercano al kirchnerismo.

A principios de este año Solá anunció que iba a presentarse como candidato presidencial y que solo se bajaría si también lo hacía la senadora Cristina Kirchner, cosa que finalmente ocurrió.

Por esta razón, el diputado decidió resignar sus aspiraciones y apoyar la lista del Frente de Todos, que la ex jefa de Estado integra junto a Alberto Fernández.

Lo mismo ocurrió con Daniel Scioli, que incluso en marzo pasado había presentado su candidatura durante un acto en el teatro ND Ateneo, en el barrio porteño de Retiro.

Scioli, que ya había competido por ese cargo en el 2015, cuando perdió en el balotaje frente a Mauricio Macri, explicó que quería volver a meterse en la pelea para llegar a la Casa Rosada para estar "al servicio de todos los argentinos que anhelan otro camino".

El también exgobernador bonaerense quedó afuera del armado electoral del Frente de Todos, pero todavía tiene dos años de mandato como diputado nacional.

La líder del GEN, Margarita Stolbizer, tampoco va a competir por ningún puesto en las próximas elecciones, pero en este caso sería por decisión propia.

Tras sellar su acuerdo con Consenso Federal, espacio que lideran Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey, la dirigente prefirió tomarse un tiempo lejos de cualquier puesto político.

Heridos en el PRO 

Marcos Peña monopolizó el cierre de listas, y tras marginar a Emilio Monzó del armado se aseguró de impedir la llegada de Rogelio Frigerio a una candidatura a senador nacional por Entre Ríos. Con la llegada de Miguel Pichetto a la fórmula presidencial se habló de la reivindicación del ala política del Gobierno. Esa fue una jugada orquestada por Frigerio y significó un golpe a Peña. El jefe de Gabinete se quedó con la lapicera y marginó tanto a Pichetto como a Monzó y a Frigerio.

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