El mundo recuerda la gran hazaña de la llegada del hombre a la Luna

En aquel memorable 20 de julio de 1969, la tripulación espacial de la Apolo XI despertó a las 6.10 hora argentina. El encargado de despertarla desde el Centro Espacial de Houston, fue el oficial de comunicaciones Rolan Evans. “Apolo 11... Apolo XI buenos días, les habla el equipo negro...”. 
Los astronautas respondieron de inmediato y luego se produjo un prolongado silencio. En ese lapso, los tres tripulantes desayunaron e iniciaron las primeras tareas de control tendientes a comprobar si la cosmonave “Aguila” (modulo lunar) estaba en condiciones de llevar adelante el descenso previsto para las 16.14 horas aproximadamente. A las 11.15 hora argentina, Neil Armstrong y Edwin Aldrin hicieron la última inspección minuciosa de los sistemas de alunizaje del módulo, revisión que les llevó aproximadamente dos horas.
El primer astronauta en pasar por la estrecha escotilla que vincula el Apolo XI (Columbia) con el módulo lunar (Eagle = Águila) fue Aldrin, quien de inmediato comenzó con las operaciones de control. Fue cuando sobrevolaban el lado oculto de la Luna. La puesta en marcha de los diversos sistemas se cumplió aparentemente sin ningún problema. Diez minutos más tarde, Armstrong también atravesó la estrecha escotilla e ingresó al “Águila” para reunirse con su compañero de vuelo. Aldrin regresó a la nave madre para vestir el traje lunar mientras Armstrong ponía en funcionamiento las baterías solares. 

Infografía de Diego Broglio - El Tribuno

A todo esto, desde el Centro Espacial de Houston se informaba que los tripulantes estaban media hora adelantados con sus trabajos, según el horario estipulado previamente. 
Finalmente a las 14.14 hora argentina, se produjo la separación del módulo Eagle que se alejó 12 metros de la Apolo 11 para que desde una de sus escotillas, Michael Collins lo inspeccionara ocularmente para confirmar que su estructura exterior no se había dañado por el largo viaje desde la Tierra. 
Luego Armstrong anunció: “Separados... aspecto bueno”. Y tan pronto como las dos naves restablecieron sus comunicaciones Houston proporcionó la información necesaria para iniciar el descenso. Armstrong respondió: “Bien... Águila separada... El Águila tiene alas”. 
Luego de volar por sus propios medios, Águila se ubicó en una órbita a 15 kilómetros de altura sobre la Luna. Desde esa posición debía emprender una corta trayectoria hasta la superficie lunar. 
A las 16 hora argentina, Houston autorizó a Águila iniciar el descenso final a la Luna. “Bien... entendido”, respondió Armstrong y a poco, el módulo accionó su motor para descender. A los 12.000 metros de altura, Houston informó que el descenso era bueno. La última información de la altura sobre la Luna fue cuando Águila se encontraba a 914 metros. 
Finalmente, luego de 16 minutos de descenso, el módulo lunar se posó sobre la superficie selenita cuando en nuestro país eran las 16 horas 14 minutos.

El primer paseo
A las 22.02 hora argentina Houston autorizó a la “Base Tranquilidad”, como se denominó a la zona del alunizaje, a iniciar el proceso de despresurización de Águila.

La tapa de El Tribuno, al día siguiente del alunizaje. 

Ese procedimiento llevó 34 minutos. “La escotilla de la nave se abrirá cuando la presión interna sea cero” dijo Aldrin.
Ambos astronautas ya estaban con sus uniformes que les permitiría desplazarse por la superficie lunar. 
A las 22.36 hora argentina, Aldrin anunció que el cerrojo se estaba abriendo y tres minutos después, su compañero observó que ahora era el turno de la escotilla que comenzaba a abrirse. Armstrong ultima los detalles finales para descender los nueve peldaños de la escalera de aluminio. Previamente debe pasar con los pies adelante por la escotilla de 812 milímetros. Ya tiene el equipo portátil de oxígeno que le permitirá estar afuera cuatro horas y 30 minutos. 
Pero antes de apoyar su pie en el primer peldaño, Armstrong examinó al detalle todos los elementos de su traje espacial y transmitió los datos pertinentes a Tierra. Luego, conectó el transportador que iba a utilizar para trasladar equipos de la nave a la superficie. 
A continuación, inició el descenso hasta que abandonó la nave y dijo a Houston: “Si... ya estoy en el porche”, es decir que ya estaba en la plataforma que se extendía desde la escotilla hasta la parte superior de la escalera. Allí activó la cámara de TV que de inmediato comenzó a enviar imágenes lunares a la Tierra.

El primer paso...

La primera pisada humana en la Luna fue dada por Armstrong a las 2.56,31 hora argentina del 21 de julio de 1969. 
A todo esto, Aldrin se alistaba para seguir los pasos de su compañero de viaje diciendo: “Voy a dejar el módulo lunar ahora”. Y al colocar su pie izquierdo en la superficie lunar agregó: “Este es un paso muy pequeño para un hombre...”. 
A esta frase de Aldrin, Armstrong agregó luego: “Este es un pequeño paso para un hombre. Pero un gigantesco salto para la humanidad”.

Cómo se vivió en Salta
Según la crónica de la época, la ciudad de Salta vibró emocionada en el momento que se anunciaba el descenso del hombre en la Luna. 
Desde las primeras horas de la mañana del 20 de julio de 1969, se advirtió en el ambiente una creciente inquietud por conocer las noticias de la fantástica operación que se estaba por producir. Las informaciones que llegaban por radio y por televisión robustecían esa expectativa y, poco después de las 15, se notó una suerte de dramático paréntesis aguardando el ansiado momento de la conquista lunar.
Los teléfonos de El Tribuno estuvieron recibiendo ininterrumpidas llamadas de la gente que ansiosamente quería conocer detalles del operativo lunar. 
En las calles céntricas y en las plazas y paseos públicos muchas personas seguían las alternativas del descenso de la Misión Apolo 11 por medio de radios a transistores. A las 16, la expectativa llegaba a su punto culminante.

La sirena de El Tribuno 
Exactamente a las 17 horas y 17 minutos, momento en que llegó la noticia a Salta, la sirena de El Tribuno comenzó lentamente a vibrar bajo el comando del entonces habitual operador, Hugo Galarza. Anunciaba desde lo alto del Victoria Plaza y a los cuatro vientos que el hombre había llegado a la Luna. Su sostenida vibración conmovió a los salteños, que aun descontando lo que pasaba, acudieron de inmediato a la plaza 9 de Julio para agolparse frente a nuestras pizarras y poder leer los cables de UPI (Unite Press International) que daban detalles de la extraordinaria y reciente conquista espacial. 
Inmediatamente se registró una emotiva reacción masiva. La gente que circulaba por las calles se manifestaba alegremente diciendo: “Hemos llegado...”. 
Simultáneamente, las bocinas de los automóviles le pusieron un estridente e insólito fondo musical a la ciudad. 

Radio Güemes

Con absoluta fidelidad, Radio Güemes (hoy Radio Salta), en conexión con la Cadena Espacial continental que emitía desde Houston, transmitió todos los detalles del sensacional alunizaje. La importancia de semejante hazaña derivó en la interrupción de la transmisión deportiva que ofrecía desde el estadio de Gimnasia y Tiro, para dar paso a la información que todos esperaban.
Esa histórica transmisión que realizaba Radio Güemes fue escuchada en absoluto silencio por la multitud que presenciaba el encuentro entre Juventud Antoniana (3) e Independiente de Jujuy (1). Cuando la Cadena Espacial anunció que el Módulo se había posado en la Luna, una cerrada ovación saludó la impresionante conquista, mientras que muchos pañuelos escribían en el aire palabras de júbilo.

El sentimiento de la gente
Pocos minutos después, El Tribuno salió a la calle a buscar pareceres de la gente que había recibido alborozada la noticia.
La docente Sofía Kokonos dijo: “Fue una hazaña increíble... estoy profundamente emocionada”.
Julio Coronel, operador de Radio Güemes, confesó: “Nunca sufrí tanto con una transmisión. Todo el mundo debe haber sentido idéntica emoción en el momento del alunizaje”.
El periodista Carlos Otero contó que “Los cableros hemos tenido más trabajo que los controles de Houston. Pero fue una tarea apasionante la de seguir el vuelo de la Apolo 11”.
Antonio Luna, taxista, nos dijo: “Yo tuve dos grandes alegrías: lo que sentí cuando el hombre llegó a mi tocaya y la que me brindó el triunfo de Juventud”.
Hugo Riera, viajante. “Qué quiere que le diga... pero estoy muy agradecido a la vida por haberme permitido asistir a este prodigioso suceso”.
Y el poeta José Ríos: “Es el más hermoso y atrevido poema de la humanidad”.
 

 

 

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