“Esperen unos años y van a ver cómo cambia el fútbol en EEUU”.

Profeta “cerrillano” en tierras norteamericanas. Designio divino, suerte, experiencia o personalidad. O quizás fue un cóctel explosivo y exitoso que llevó a salteño José Lino Copa a jugar y dirigir en el fútbol en Estados Unidos. Todo un ejemplo para demostrar que, cuando el objetivo es grande, los muros se pueden derrumbar. Joselino, como todos lo conocen, fue un bendecido y la ciudad del Valle de Lerma fue la que lo catapultó en la vida.

¿Cómo nació todo?

Mi papá vino de Santiago del Estero a trabajar en Salta porque era miembro del ferrocarril. De muy chico cursé mis estudios en Cerrillos, en la escuela Gobernador Solá y después me fui a Tucumán para estudiar Profesorado en Educación Física y cuando estaba en tercer año ocurrió la guerra de las Malvinas. Tras la crisis que eso ocasionó y ya casado con un hijo decidí ir a trabajar a EEUU y completar mis estudios.

¿Qué puerta se abrió allí?

Yo ya había estado en el 1980 y trabajé durante un año. Luego volví, pero después decidí escribir una carta a una de las universidades. Yo tenía contactos en Estados Unidos porque estudiaba inglés y practicaba fútbol y había amigos que me gestionaron becas universitarias. Así llegué a la Mars Hill University, de Carolina del Norte, en donde me gradué. Posteriormente, obtuve la licenciatura en Ciencias Deportivas en United States Sport Academy, de Alabama y logré además completar mis estudios como director técnico nacional en la NSCAA.

¿Y el currículum?

Jugué en el INTA, después me compró Atlético Rivadavia, después jugué en Tucumán. 

¿En qué se basa el título de tu libro?

El titulo del libro se basa en la experiencia en los Juegos Evita. Cuando volvió Juan Domingo Perón a la presidencia en 1973 decidió armar estas competencias. En el 74 participamos en el torneo y salimos campeones representando a Salta. Yo ya jugaba en INTA y había saltado de cuarta división a primera. Tenía 15 años de edad. Yo había pasado de la técnica 2 a la 3 y un profesor me propuso probarme en Atlético Rivadavia, en donde finalmente jugué.

Y lo del título “Es menor de edad... ¿será posible?

Cuando paso a Rivadavia, juego el primer día y el técnico me pone y hago gol y eso me catapulta entre los amigos, quienes después me pidieron ayudarles para organizar y dirigir un equipo y jugar en los Evita. Salimos campeones. Yo tenía 17 años, pero cuando los papeles llegaron a la Intendencia, se dieron cuenta de que era menor de edad y no podía viajar a Córdoba a seguir compitiendo como técnico. Fue sorpresa y problema. Los tiempos no cerraban y decidieron incorporar a mi papá como delegado y evitar todos los trámites de permisos. Luego de un buen reto de mi viejo, finalmente viajamos. La intendenta de Cerrillos también nos acompañó. Después de eso me dieron el carnet de director técnico siendo menor de edad. Todo un logro.

¿Cómo siguió tu historia?

Cuando me fui y sin terminar de graduarme, me ofrecieron el cargo de asistente de director técnico en la Universidad de Mars Hill. Luego pasé a ser el jefe de Departamento de Fútbol. De allí me salieron otras oportunidades en colegios. 

¿Cuál fue tu meta?

La Liga norteamericana se había desarmado por la falta de fondos (pasó Pelé y Beckenbauer) y me propusieron ser parte del equipo para reflotar el fútbol en EEUU. “Esperen unos años y van a ver cómo cambia”, les había dicho. No me creyeron, pero el tiempo me dio la razón. En 10 años comenzó a llegar un flujo grande de chicos y chicas. En los 90 todo cambió con los programas universitarios. Las ligas Este de EEUU, como la de la Universidad de Carolina del Norte, comenzaron a incorporar fuertemente el fútbol. Hoy sigo trabajando, pero el sueño se convirtió en realidad.
 

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