Juntan donaciones en la capital salteña para los niños de El Colgao

En la escuela albergue 4.590 Patricio Martín Córdoba de El Colgao estudian cerca de 30 niños.

El Colgao es un pequeño paraje ubicado en Rivadavia Banda Norte y para llegar hay que recorrer 450 kilómetros hasta Morillo y desde allí otros 60 kilómetros más por caminos de tierra. El viaje se completa en unas cinco horas en camioneta.

Eduardo Lalo Atenor, un reconocido comerciante y expresidente del mítico club de pescadores Los Mayuatos, es una de las personas que viajará -como todos los agosto desde hace 46 años- para ofrecerles a los pequeños de la zona no solo un día de festejos. Es que llega en esta ocasión acompañado de un grupo de médicos que realizan atenciones oftalmológicas y ginecológicas.

Aportes

En diálogo con El Tribuno, Atenor destacó que ya cuenta con el aporte de varias empresas de la ciudad de Salta que se comprometieron a la entrega de lácteos, mientras que un grupo de productores de Colonia Santa Rosa ya confirmó la donación de frutas y verduras.

"Ahora necesitamos juntar alimentos no perecederos, ropa, calzado y juguetes", comentó el hombre que dispone de un domicilio en Independencia 748 como centro de recepción.

Con el objetivo de mejorar también la calidad de vida de los salteños de Rivadavia Banda Norte, en esta ocasión también viajará un grupo de profesionales médicos entre los que se cuentan dentistas, oculistas y ginecólogos.

"Gracias a las donaciones de unos amigos de Buenos Aires, vamos a llevar un ecógrafo portátil y un consultorio móvil de ginecología para hacer allá las atenciones que se pueda", agregó Atenor y advirtió que toda esta tecnología regresa a Salta porque en la zona solo cuentan con un centro de salud donde reside un enfermero.

Para poder asistir a la mayor población posibles, desde la escuela de El Colgao ya se envió las invitaciones para los vecinos de El Sauce, El Chañar y Montevideo.

Tomás Mena, conocido por todos como Tombolito, que publicaba la columna homónima en la contratapa de este matutino, fue uno de los iniciadores de esta caravana solidaria cuando junto a otros pescadores los sorprendió una tormenta y fueron recibidos solidariamente en la escuelita que era solo un rancho por aquella época.

Allí les dieron de comer y un lugar donde dormir protegidos del frío y la lluvia. Conocieron a la maestra y vieron los esfuerzos que tenía que hacer para sostener a los pequeños alumnos que sufrían muchas necesidades.

Cuando retornaron a Salta, los pescadores sintieron que tenían que hacer algo por esos chicos y su maestra. Se comprometieron a volver todos los agosto a darles una mano y, hasta hoy, siguen cumpliendo.

 

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