Quino, en el recuerdo de humoristas gráficos y dibujantes

El 30 de septiembre de 1970, hace exactamente 50 años de la fecha en que fallecería Quino, El Tribuno publicaba una viñeta en la que Mafalda se decía a sí misma que estaba hastiada del “asunto de los dientes de leche”. “¡Me revienta tener que cambiar algo cuando todavía sirve! ¡Y además... no están las cosas como para andar despilfarrando dientes!”, vociferaba, sin sospechar lo perenne de su afirmación, porque en Argentina la situación sigue estando como para no meterse en gastos desarreglados... El personaje más conocido de Joaquín Salvador Lavado se republicó en este medio desde los 70, encabezando los clasificados, hasta el 12 de julio de 2009, porque al día siguiente empezó a editarse la página de humor tal y como la conocemos hasta hoy con material exclusivo de humoristas gráficos locales y nacionales.

Por ello, no es de extrañar que un punto común entre los testimonios publicados en las redes sociales sobre la muerte de Quino durante las últimas 48 horas sea que el primer contacto de muchos salteños con su obra se dio a través de este matutino. “Conocí a Quino por el diario El Tribuno. Siempre me parecieron geniales sus trabajos. De la emblemática Mafalda, el personaje con el que más me identifiqué siempre fue Felipito, no solo porque es mi tocayo, sino porque era un soñador, le encantaban la televisión, los cómics, y era amante del Llanero Solitario. Una vez él se paseaba por el barrio vestido de ese personaje y todos los otros niños estaban vestidos de Batman. Entonces Mafalda lo encuentra, solo y triste, y le pregunta qué le pasaba. Y él le contesta: “¡El Llanero Solitario nunca se sintió más solitario!”, recordó Lippe Mendoza. Él añadió que a pesar de no ser humorista gráfico lo marcó Quino. “Me enseñó esa delgada línea entre lo grosero y lo fino para hacer humor. Siempre me deleitó ese humor tan intelectual y preciso de Quino, para hacerme reír no solo con el músculo de la cara, sino con el alma y el corazón. La partida de Quino deja un vacío muy grande, como pasó con Fontanarrosa. Son esas personas que trascienden a su obra y uno siente como parte de la familia”, destacó.

Por su parte el diseñador gráfico Ismael Gudiño comentó: “Fue la persona que más influyó en mí. Yo tenía en la secundaria un libro que me había regalado mi vieja ‘Quino: esto no es todo’. Contenía chistes cortos con mucha imagen y me marcó cómo Quino ponía la carga en la imagen y esta terminaba engrandeciendo el chiste. Fue, junto a Caloi, quien me hizo reír a carcajadas. Quizá yo no seguí la historieta, pero marcó mi trabajo. Cuando estuve en Barcelona me hablaban de Quino y de Mafalda, también en México. Cuando murieron Caloi y Fontanarrosa me dolieron mucho y ahora que también se vaya este grande es muy duro”.

Los humoristas gráficos que colaboran con El Tribuno así lo recuerdan:

Lucho Luna:

"Quino era admirable por todos lados. La primera viñeta de él que me voló la cabeza la leí en la escuela. Se trataba de un homo sapiens que había inventado la rueda, el fuego y miles de cosas y la madre lo retaba porque estaba haciendo tonterías... Tengo 39 años y mis padres me compraban historietas de Mafalda y pude conocerlo cuando se cumplieron los 50 años de ella en Córdoba. También pude conocer a Fontanarrosa y Crist, los tres maestros de los cuales uno aprende viendo sus viñetas, pero principalmente admirando su inteligencia. A Quino le admiraba las ideas. Veía una viñeta de él y decía: '¿Por qué no se me ocurrió a mí?'. Un iluminado y lamentablemente un irreemplazable. Va a existir un solo Quino y ya lo vivimos, pero vivirá eternamente en su obra".

Marito:

“Fue sin duda alguna la musa inspiradora de miles de dibujantes. Yo me encuentro en ese grupo de entusiastas y soñadores. Cuando las cosas en la cancha te salen bien sos Maradona y cuando te salen bien en el tablero sos Quino. Hoy nos salieron con la plancha, pierna levantada, una patada descalificadora y se nos fue de la cancha, del tablero, pero seguiremos diciéndolo: ‘¡Loco, sos Maradona! ¡Loco, sos Quino!’. Siempre vamos a tenerlo con nosotros, marcando el camino, haciendo el gol con la mano a los ingleses, tocándola con la punta del lápiz el último minuto para darnos el triunfo eterno. ¡Gracias, maestro, por dibujar tanto! Siempre en nuestros corazones”.

Guflo:

“Tenía unos seis años cuando empecé a leer a Mafalda. Mi mamá me compraba los libritos horizontales y mi papá se sorprendía de que los leyera, decía que no era una lectura para niños tan chicos. Yo en ese entonces seguramente no entendía del todo el mensaje ni la profundidad de las reflexiones de Mafalda, como que la sopa simbolizaba a las dictaduras, pero me quedaron grabadas en la retina muchas imágenes de sus viñetas. Me acuerdo de algunas en especial cuando Guille dibujaba en las paredes, como yo, o en las que una señora fea lo besaba y él la veía como a un hipopótamo, era lo que a mí me pasaba ja, ja, ja. Quino es un ícono mundial, es el Maradona de la historieta argentina, Mafalda llegó a muchos países y se tradujo en muchos idiomas, en España hay una plaza que tiene su nombre. Nosotros en Salta estamos en deuda, no le hicimos de manera oficial un homenaje en vida, y es una pena. Hace algunos años cuando vino la muestra ‘Quino, 50 años’ (organizada por Andreani y expuesta del 7 al 30 de julio) en el Museo de Arte Contemporáneo, creo que fue la vez que tuvo más visitas el MAC. Masivamente la gente se volcaba a ver sus creaciones. Es un maestro del que aprendimos todos los que hacemos humor gráfico e historietas en Argentina. Su lucidez y genialidad no pueden pasar desapercibidas para nadie. Era un republicano, agnóstico, decía que no era ateo porque no podía demostrar que Dios no existía. Perdimos a un ser excepcional que tenía la humildad de los grandes”.

Toni:

“Quino es vigencia: pasado, presente y futuro. Sus viñetas e historietas hasta ahora no solo han sobrevivido el paso del tiempo, podríamos decir que el tiempo ha sobrevivido a la pluma de Quino, quien lo retrató a la perfección. Siempre se ha dicho que el tiempo no tiene forma, y eso es porque no han visto los chistes de Quino”.

Jericles:

¡Gracias por tanto, maestro Quino! Gracias por tu Mafalda, que mejoró mi adolescencia con ese querible grupo de amigos, incluyendo a Felipe, que fue creado pensando en mi infancia carlotana.
Gracias por tu mundo, Quino, ese libro de chistes mudos de los 60, que me acercó a un mundo de humor y fantasía, que influyó en mi vocación humorística.
Y eternamente agradecido por tu inigualable obra posterior, esos chistes a página entera donde mostrabas de manera genial la relación entre poderosos y oprimidos, haciéndonos reír y reflexionar al mismo tiempo. La maravillosa etapa pos-Mafalda lo llevó a ser reconocido como el mejor humorista de habla hispana.
Lo conocí personalmente (y para mí fue un orgullo) cuando fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Córdoba, y fui invitado, junto otros colegas, para ‘hacerle el aguante’ en el despacho del intendente.
Murió Quino. Tendremos que acostumbrarnos a mirar las noticias sin su filtro, ese filtro que compensaba con ternura y humor nuestra desesperanza por este mundo injusto y desigual”.

César Carrizo:

“Quino es, por sobre todas las cosas, un educador. Un maestro que utilizó las inmensas aulas de la historieta y el humor gráfico para enseñarnos a pensar con cada viñeta. Si el docente enseñara una tira de Mafalda en cada clase, tendría alumnos y alumnas con un pensamiento crítico aún más desarrollado, con empatía y solidaridad.
En 2014, en Cómicopolis lo saludé agradeciéndole su valioso legado, que lo transforma en un educador eterno, imprescindible en cada una de nuestras escuelas”.

Sergio MÁS:

“Quino llevó el humor gráfico a lo máximo que puede aspirar alguien. Su talento, reconocido mundialmente, es prueba de ello. Desde una página de humor, de historieta o con Mafalda, Quino pintó su aldea y pintó el mundo. Respetado en el mundillo del humor gráfico y las historietas como nadie, hoy, lamentamos su pérdida, aunque un poco ya nos había entristecido cuando en 2009 dejó de dibujar y anunció su retiro de las publicaciones.

Tuve la oportunidad de conocerlo y conversar en distintas visitas que hizo a mi Córdoba y en exposiciones de Buenos Aires. No era una persona locuaz, pero de manera educada se prestaba a la conversación. De todos modos, el hablar con Quino para uno no era fácil, era compartir un momento con alguien que concentraba todo lo que uno admiraba en cada dibujo de él. El respeto hacia Quino y a su obra es enorme y uno no sabía dónde empezar a alabar su enorme trabajo. Y qué decir de Mafalda, ese entrañable personaje que hizo pensar, reír y hacerse preguntas a tantas generaciones, con una vigencia enorme. Todos los dibujantes de humor de este país somos un poco herederos de leer esa tira y ver en ella reflejado todo lo maravilloso que se puede contar con un papel y un lápiz. Este mendocino, ciudadano del mundo, que comenzó a ser conocido en 1954, cuando a los 18 años publicó su primer chiste en la revista Esto Es, hoy ha partido de este mundo y nos deja con una certeza a los humoristas gráficos: la de que se ha ido el mejor de los nuestros. ¡Hasta siempre y gracias, maestro Quino!”.

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