“Los argentinos tenemos la capacidad para encontrar soluciones, para reinventarnos”

La Pescadería López tiene casi 60 años de existencia en la ciudad capital. Ya es toda una institución en sí misma y las generaciones de López van atravesando y quedando en la historia de Salta como una marca única.
La historia del comercio arranca con don Diego López, quien se casó con María Di Gangi y tuvo 5 hijos. Casi como en una novela de García Márquez, el mayor de los hijos se llama Diego.
Ese hijo mayor es hoy el que habla con El Tribuno.
“Yo tengo recuerdos que ya se me escapan de la memoria. Mi papá siempre estuvo vinculado al comercio. Recuerdo que mi papá me llevaba al mercado San Miguel a buscar mercadería para vender luego en un almacén de comestibles que teníamos”, recordó Diego. 
Su familia vivía en la Coronel Vidt y Pellegrini y casi toda su infancia la pasó en esa zona.
Sigue: “Yo tenía unos ocho años cuando mi papá tuvo un accidente en moto y se quebró (creo) una mano. Eso fue terrible para el negocio que al final lo terminó cerrando. Al tiempo volvió con todo al trabajo, pero con una pescadería. Si yo hoy tengo 68 años, la pescadería tiene casi 60 años de existencia”, recordó sentado en la mesa de su casa al lado del actual negocio en la Ituzaingó al 500.
El hombre ya está grande y mira la vida desde otra perspectiva. En el comedor de su casa hay cuadros, pinceles, botellas pintadas y otras producciones que son de su esposa Silvia. Las mira con cariño y va haciendo lugar ordenándolas con armoniosa tranquilidad. Habla, siempre habla y cuenta historias.
“Cuando nos mudamos a Tres Cerritos yo ya era adolescente y mi papá seguía con la pescadería. Como todo chango joven, siendo el mayor yo le proponía cosas para mejorar el negocio y eran unas luchas constantes porque él era un hombre que pensaba que si todo funcionaba así no había por qué cambiarlo. Eso quizás hizo que por un tiempo yo me haya dedicado a mis negocios, siempre en el rubro del comercio. Algunas cosas me fueron bien, otras no tanto; tuve de todo y con el correr de los años volví y me hice cargo de la pescadería de la familia”, recordó en un rápido repaso.
En el medio, siendo joven, conoció a Silvia Rosa Olmos y lo contó de la siguiente manera: “Era la chica más linda del barrio. Hablamos del Tres Cerritos de hace años en donde recién se comenzaba a urbanizar. Y yo pasaba todos los días a comprar al mercadito 12 de Octubre porque en el camino estaba su casa, era solo para verla a ella. Así nos comenzamos a saludar y ahí comenzó todo”, dijo el tipo grande emocionado. Tuvieron 5 hijos también.
Con el tiempo, con casi 50 años tuvo que hacerse cargo de la pescadería. Tras un juicio de sucesión comenzó a trabajar en el negocio que había comenzado su padre.
Pero los años, las experiencias y el camino le fueron dando otra impronta al negocio. Hubo cambios sutiles en estos últimos 20 años que están a la vista.
Hay un cambio que es fundamental y que es el origen de todas las demás modificaciones.
“A mí la vida me enseñó y yo escucho las propuestas de mis hijos”, dijo el hombre.
Al día de hoy, el negocio está a cargo de Pablo Benjamín, uno de sus hijos y que ahora está definiendo casi todo.
“Mi hijo estudia y trabaja. Todo lo que va aprendiendo lo pone a prueba en el negocio y las cosas funcionan. Ahora estamos yendo a un camino en donde ofrecemos de todo para el que le gusta cocinar el pescado. Tenemos una pequeña vinoteca, condimentos, comida lista para los que trabajan; le hacemos la vida más fácil al que viene a comprar y tiene todo a mano. Buscamos tener el surtido más completo en conservas, en todo. Lo que tenemos los argentinos, por la sucesión de crisis que atravesamos, es la capacidad para hallar soluciones, para encontrar caminos, para reinventarnos, pero una cuestión es muy importantes y esa es saber escuchar a los más jóvenes”, aseguró el hombre con una claridad conceptual total.
Para tener en cuenta un detalle destacable que salió ahora con la pandemia por el coronavirus.
“Un día viene mi hijo y me propone que le hagamos un descuento a todos los trabajadores que son esenciales y que están afectados a cuidarnos durante la cuarentena. Yo automáticamente dije que sí, que vea los números y que disponga. Entonces hizo su análisis y hasta el día de hoy tenemos un descuento del 10 por ciento para todo el personal de salud y para todos los uniformados como una forma de agradecimiento, de honrar el trabajo que realizan cuidándonos”, dijo don Diego.
La promoción para trabajadores esenciales está en la vereda y es mucha la gente que hace cola.
Al día de hoy Diego se dedica a reemplazar a su hijo Pablo cuando tiene que rendir, o controlar la mercadería cuando llega. Lo que sigue haciendo son los repartos porque ahí va toda la responsabilidad de una mercadería que debe ser muy cuidada. “Antes sí era todo más complicado por la forma que llegaba la mercadería. Ahora vienen los camiones, estacionan y todo es más seguro”, dijo con toda su experiencia a cuestas.
“Ya estoy tranquilo. El más chico de mis hijos tiene 22 años, tengo a uno de ellos que administra, estoy pensionado. Yo solo pretendo que mis hijos estén bien y que la pescadería siga mejorando y formando parte de la historia de Salta”, dijo y volvió a su tarea de los repartos.
 

“Lo más sano que hay”

“El pescado es uno de los pocos alimentos que están quedando que se sacan de ambientes que no están trabajados por el hombre como lo es, por ejemplo, las vacas o los pollos. La mejor vaca es la que come pasto y da leche blanca”, dijo a las risotadas recordando a un abuelo.
Es como un libro abierto de nutrición, especialmente para recordar y reafirmar aquello que los nutricionistas saben de memoria: que los pescados son buenos para una buena alimentación.
Puede recitar los compuestos químicos y vitamínicos de cada uno de los pescados, de río, de mar y también de los mariscos.
“Los mariscos son riquísimos, pero es conveniente comerlos solo una vez por semana porque suben los niveles de ácido úrico”, aseguró con un índice hacia arriba.
“Hay pescados para todos los gustos y para todos los bolsillos. Tenemos también los rebozados que están listos para un golpe de horno y que es ideal para los que trabajan. También estamos vendiendo mucho a los parrilleros que ofrecen pollos en la calle y que ahora la gente le pide el sábalo o la boga a la parrilla. El gusto de los salteños cambió y eso es bueno. Hasta hace unos años se comía muy poco pescado. Ahora hay como toda una conciencia sobre la importancia que tiene para una buena alimentación, especialmente para los niños”, dijo.
 

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