Liberemos la posibilidad de expresarse, porque hablar es un derecho y es existir

Las adoquinadas calles de La Marie serpentean un Sena asombrado. Los rayos de luz lograron escaparse por los techos llenos de macetas ladrillo. Las ventanas con sus molduras infinitas, hacen cuadros con las ventanas desde las cuales salen imágenes que me confunden con una pintura de Toulouse-Lautrec. Allí mismo donde el Centro Pompidou dice Ici!!!, un grupo de seres vestidos de impecable negro, con paraguas y tubos, me abordan, invitándome a escuchar poemas a través de esos “artefactos”. Son Les Souffleurs, ese grupo de fantasmas negros que irrumpen en la velocidad, ralentizando el alma que se estremece con las caricias de las voces que se transforman al pasar por esos conductos mágicos.


Me deleito mirándolos y los imagino caminando por nuestras bacheadas calles y por nuestros apuros llenos de reclamos. Me los imagino en nuestra peatonales ruidosas, los veo reclamando de una manera diferente, siento lo que sentirían los niños y también alucino pensando lo que los presos le dirían a la sociedad y lo que la sociedad le diría a los presos.


Veo equipos fabricando susurradores, poniendo arte e identidad propia como sello de estas latitudes donde los colores reinan sobre el original en negro. Les Souffleurs de París y nuestros susurradores telúricos. Los comandos poéticos de estos lares, ralentizando la comunicación para darnos cuenta que “...cuando nuestros corazones están lejos gritamos, pero cuando nuestros corazones están cerca susurramos”.


El majestuoso Paraná corre fuerte, profundo, veloz, inconmensurable y majestuoso. Allí cerquita, los reclusos de la Unidad Penal 1 pintan sus instrumentos de comunicación, poniendo sus colores esperanza. Ellos saben el significado... que ya casi nadie les hable al oído.
Ellos saben que preparar ese caño no es salir del caño.


En el taller, los colores primarios se juntan transformándolo todo en cada combinación, que no es la de la caja fuerte violada.
Mientras pintan para mensajear imaginan a quién le dirían un poema trastabillado, de una educación sin literatura.
Tanguito, El Morocha, Yiyi, El Monaguillo, Pancuca o El Berenjena se cargan y cuentan sus alias, o por homosexuales, o por religiosos, o por color de piel o por machistas, todos tienen su historia acechándolos, pero con los susurradores juegan a escaparse dentro de los muros descascarados.
Todos pintan, todos pintamos mientras nos responsabilizamos, o no, por nuestras sombras.


Pelusa pinta un corazón verde pues el rojo... ¿le recordará algo prohibido?
El Puente Belgrano que une Resistencia con Corrientes parece desembarcar en el penal, en el cual es corriente la resistencia. Aquí los reclusos inmensamente jóvenes cuentan las peripecias de sus aventuras como si fueran niños que les salió mal una travesura. El sol es lo único abrasador de su entorno.
Los jóvenes fabricando sus susurradores miran por el agujero del cañito de tela y guiñan un ojo a las chicas que vinieron a enseñar y a aprender.
Aquí hay menos apodos, pues la trayectoria no certificó el delito apresado.


Estamos preparando un susurro colectivo extramuros. Todos tomando el instrumento y apuntando hacia fuera por el único ventiluz salen desgarradores y culpógenos gritos silenciosos.
-Perdón mamá
-Hija, ya saldré
-Disculpen
-Visitame
-Perdón, perdón, perdón.
Todos quedamos en silencio. Corrientes tiene paye!!! Ese embrujo que hoy se sintió fuerte.
Al rato otro grupo de “libres” desde afuera, les susurramos lo que la sociedad
podría decirles. ¿Qué le susurrarias a los presos? Lo que sientes es válido, lo
que sienten es válido.


Las paredes del viejo fuerte pintado de verde parece preguntarnos ¿ustedes son libres o tienen la cadena larga?
Salta nos recibe impecable y monárquica. Somos los comandos poéticos que venimos a susurrar para el recuerdo y la justicia de las turistas francesas ultrajadas y asesinadas, irrumpimos en las calles con poemas de amor a mujeres, buscando concientizar a uno de los lugares, donde el femicidio no pide permiso y empaña a La Linda. En mi mano tiembla la carta del padre luchador, recibida hace unas horas.
Buenos días señor. 
Lo acompaño de todo corazón. Apoyo plenamente la iniciativa.
Todavía estoy paralizado por las condiciones de la muerte de mi hija Cassandre. Me tortura saber que los autores de su asesinato y el de Houria no están en prisión.
Nunca más deben ser las palabras unificadores de las mujeres y los hombres de buena voluntad, que luchan contra la violencia hacia las mujeres y los niños.
Este combate universal debe primero dedicarse a liberar la posibilidad de expresarse de las víctimas de esta violencia. Las mujeres deben ser ayudadas cuando denuncien la violación y la violencia.
Liberemos la posibilidad de expresarse. Hablar es existir. Cada ser humano tiene el derecho a tomar la palabra. La cual es siempre respetable.
Gracias a usted. Cuídese.
Monsieur Jean Michel Bouvier...


Me estremece la carta. Nos vamos a la quebrada de San Lorenzo, donde se encontraron los cuerpos. Con susurradores y velas, susurramos por justicia, nuestros ojos se llenan de niebla y nuestro compromiso se llena de fuerza.
Recuerdo a París y le agradezco la inspiración universal.
Seguiremos susurrando con la fuerza del viento que nunca para y que no sabemos a dónde puede llegar.
¿Qué susurro quisieras recibir? ¿De quién?
 

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