Evitar que se pare la economía

En la difícil negociación de la deuda argentina se dice que la misma ha de ser sustentable. ¿Qué quiere decir? Hay múltiples interpretaciones. Puede querer decir que se mantenga en proporción al PBI, o que el monto se mantenga estable -pero no sabemos si en pesos o dólares-. Puede querer decir que se pueda pagar con el (futuro) superávit fiscal o puede querer decir que se renueve sin dificultad en el mercado doméstico. Como no lo tengo claro, me limito a pensar las consecuencias de posibles opciones.

Veamos cómo funciona una quita de capital. Hipotéticamente, una quita de 40% y manteniendo una tasa de 10% es mucho más gravosa para el país que mantener el capital y reducir la tasa a, digamos, 4%. En el primer caso deberá pagar $6 de interés y $4 en el segundo. En el primer caso será difícil lograr roll-over o nuevos préstamos, con lo que deberá también pagar el capital. Reducir el capital sin reducir la tasa es contraproducente. Es decir, nos sale muy caro no pagar.

Las deudas se pagan porque, si no, nadie te vuelve a prestar. Simple. Y si es un país el que no paga, es muy difícil que alguien le preste a las familias y empresas de ese país. Es importante que la deuda tenga condiciones de plazo más largo y tasa sustancialmente bajas. De lo contrario, si alguien estuviera dispuesto a invertir en Argentina, no lo haría en ningún tipo de actividad productiva, sino que se limitaría a comprar un bono del Gobierno y -rogar- cobrar. Por lo tanto, la tasa que pague un gobierno debe ser muy baja, para que la gente prefiera dedicarse a trabajar, producir, invertir y crear.

Un tema importante. Si en la negociación se mantiene el capital el acreedor no está obligado a reconocer en sus balances una pérdida, de gran importancia para un acreedor institucional tal como compañías de seguros, fondos y bancos. Sabemos que es un mero asiento contable, pero es relevante para mantener la capacidad de asegurar, invertir o prestar. Si así no fuera, pierde su trabajo el inversor extranjero y pierde su negocio el inversor local.

Desde el punto de vista del acreedor, si está tranquilo que le van a pagar, puede prestar a tasa baja. Sí, en cambio, tiene alto riesgo de que no le paguen preferirá una tasa más alta para cubrirse. Pero una tasa más alta hace difícil poder pagar, con lo que se genera un círculo vicioso. Amenazar con no pagar casi obliga a terminar pagando aún más caro.

El reclamo del Gobierno de hacer una quita es sesgado. Están pensando en lo que habría que devolver, en lugar de plantear condiciones atractivas para que el acreedor quiera renovar. Ningún país paga sus deudas, todos están permanentemente reemplazando sus deudas. Eso sí, pagan los intereses y al vencimiento del capital se renovará con algún otro acreedor. Si en cambio se paga menos que lo previsto, quien cobra se va muy rápido... muy lejos... y nadie quiere ser el próximo en prestar a quien es riesgoso.

El punto más importante es que la economía no se debe paralizar. Sin crédito externo ni interno, es casi imposible reactivar la economía. Si quienes invierten en bancos o fondos no recuperan su dinero, tendrán dificultades para pagar sus propios compromisos. Recordemos que el sector privado también tiene muchas deudas con el exterior, y también deberá contar con pesos para comprar los dólares. 2020 tiene muchos vencimientos públicos y privados y suponer que se puede por arte de magia negociar la deuda pública y que el sector privado siga funcionando como si nada hubiera pasado es francamente irresponsable. Para mantener el nivel de actividad lo más fácil es -­al revés de lo que se dice!- pagar. ¿De donde saldrán los fondos? Esa es otra historia.

 

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