Los wichis necesitan que se cierren todas las grietas cuanto antes

La pobreza del departamento Rivadavia no puede sorprender a nadie. A nadie. Desde que quienes preparan las estadísticas se ocupan de esa zona de nuestro chaco semiárido, se sabe que comparte con Ramón Lista, del otro lado del límite con Formosa, un triste récord en materia de necesidades básicas insatisfechas. Además, el Censo 2010 arrojó datos más que elocuentes que, aunque no merecieron ningún tratamiento especial de parte de los gobiernos de entonces, se tradujo en las reiteradas crisis nutricionales entre la población indígena.

Ese censo, que constituye la última visita del Indec a Rivadavia, se consigna una población de algo menos de 30 mil habitantes, de los cuales la mitad habitaban en ranchos precarios, la mayoría de los pobladores carecía de acceso a la distribución domiciliaria de agua, al gas y la electricidad.

Numerosos informes, de la Universidad Nacional de Salta (UNSa) y de organismos sanitarios consignaron niveles de desnutrición y mortalidad infantil elevados, que se agudizan en las comunidades indígenas.

Sin embargo, no resultan accesibles -si es que las hay- estadísticas provinciales oficiales sobre la realidad de esta geografía.

Y los senadores y diputados provinciales del departamento, solidarizados repentinamente con la comunidad wichi, no aprovecharon sus bancas ni su condición de oficialistas (en su mayoría) para ganarle de mano a una tragedia absolutamente anunciada.

Entre otras cuestiones, lo que sí debería informar el Estado a la ciudadanía es cuál fue el destino de los 650 millones de pesos (US$ 77.000.000 en diciembre de 2014) habilitados cuando de creó el Ministerio de la Primera Infancia para la generación de infraestructura de agua y saneamiento en el período 2015 - 2019.

El desarrollo que falta

El nuevo intendente de Santa Victoria, Rogelio Nerón, ha dado señales positivas, al solicitar políticas de desarrollo sustentable en la región y un plan de viviendas y, también, al señalar las necesidades de la población criolla. Rogelio es wichi, pero es evidente que está decidido a evitar cualquier "grieta" en su pago.

Ideología sin datos

En algunos ambientes urbanos, ideologizados, de Buenos Aires y de Salta, se atribuye la crisis nutricional "al avance de las fronteras agropecuarias, a la soja, a los desmontes y a los agrotóxicos". La ideología no suele coincidir con los datos de la realidad.

El departamento Rivadavia abarca una superficie de 2.600.000 ha. (26.000 km. cuadrados). Es la sexta parte del territorio salteño. En el distrito la superficie con bosque nativo, sin agua ni suelo desnudo, es de 2.200.000 ha. (22.000 km, cuadrados).

La superficie habilitada para la actividad agropecuaria es de 206.000 ha. (8%). En la Banda Norte, apenas están habilitadas 45.000 ha. (2,6%).

Este tema es crítico. Rogelio Nerón, así como otros dirigentes indígenas apoyan la posibilidad de un desarrollo de producciones familiares, planteado como punto de partida insoslayable por el ministro Miguel Arroyo.

Esa misma posición es la que adoptaron agentes sociales. Teresa Cornejo es la presidenta de los centros Conín con base en la esquina de Entre Ríos y Junín y en el barrio Solidaridad, de Salta capital, con acciones en Morillo y La Unión, citaba a un pastor evangélico quien sostiene que la estrategia debe ser "yo trabajo y tú miras; luego, yo trabajo y tú ayudas; el tercer paso, tu trabajas y yo ayudo, y finalmente, tu trabajas y yo miro".

Es una aplicación chaqueña de aquel proverbio chino: "si al hambriento le das pescado, comerá un día; si le enseñas a pescar, comerá toda la vida".

El hambre inadmisible

Por cierto, es inconcebible que en Rivadavia haya niños que se mueren desnutridos. Porque además de los animales silvestres y los frutos del monte, hay posibilidad concreta de crear las condiciones para criar gallinas y cabras y de tener huertas.

Esa posición no es compartida por todos. Según La Nación, la asociación Tepeyac, vinculada a la diócesis de Orán, atribuye la crisis al "avance de la frontera agrícola y a las industrias extractivistas". Los mapas parecen desestimar la hipótesis.

Otra asociación, Lhaka Honhat, considera que ya no son accesibles la algarroba y los animales silvestres, que constituirían la dieta de los wichi. Allí cabe preguntarse sobre las verdaderas razones - no ideológicas - de que se haya reducido la flora y la fauna. Al fin y al cabo, la historia de todos los pueblos del mundo supone infinidad de adaptaciones a nuevas realidades.

Y esas nuevas realidades deberán estar presentes en la agenda de la provincia para sacar adelante a una región ubicada sobre un acuífero formidable, en la frontera con dos países, habitada por salteños, y con posibilidades únicas de producción de ganado, cereales, oleaginosas, frutales y madera. Y, también, de recuperar cientos de miles de hectáreas para reforestación con flora nativa como contribución al ambiente de todos.

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