Con reiterados aplausos, al grito de “justicia” y llantos, una gran cantidad de familiares, amigos y vecinos de Rosario de la Frontera, en la tarde de ayer, le dieron el último adiós a Santino Subelza, el niño que fue víctima de un brutal crimen, en Puerto Deseado, Santa Cruz, en un hecho aberrante en el que su madre fue abusada.

 

Los restos del pequeño llegaron en avión a la capital salteña y desde allí fueron trasladados en un vehículo fúnebre, que fue seguido por una caravana, hasta la Ciudad Termal.


Los vecinos de Metán también quisieron expresar su solidaridad y el apoyo a la familia Subelza y se concentraron a un costado de la ruta nacional 9/34, para expresar el hondo pesar que provocó el suceso que conmociona al país.
Pasadas las 14, las sirenas anunciaban la llegada del cuerpo del niño, en una caravana que fue encabezada por bicipolicías, efectivos motorizados y una autobomba.
Una multitud se concentró en la céntrica parroquia Nuestra Señora del Rosario. Vecinos llegaban con flores y muchos rompieron en llanto por el violento desenlace que tuvo la vida del niño, quien había ido junto a su madre a visitar a uno de sus hermanos al sur.

Hubo un amplio operativo policial y de Gendarmería Nacional. María Mercedes Alcoba, la madre del pequeño, descendió con dificultad de uno de los vehículos de Gendarmería, sufrió varias descompensaciones durante la misa, en la que recibió oxígeno. Estuvo acompañada por su esposo Celso Subelza y sus hijos David, quien reside y trabaja en Puerto Deseado, Franco y Daniela.
Antes de ingresar a la parroquia Celso agradeció el apoyo a su familia.

Franco Subelza trabaja en Gendarmería Nacional. El joven salió de la iglesia, visiblemente afectado y con lágrimas en los ojos, y se fue a cambiar. Se colocó el uniforme verde de la fuerza para despedir a su hermanito, mientras era acompañado por su novia y gendarmes que no se separaban de su lado.

“Ante esta muerte podemos sentir que nuestras esperanzas e ilusiones fracasaron, a pesar de sentirnos así, los invito en esta eucaristía a encomendarnos en la mano de Dios”, dijo el sacerdote José Manuel Jiménez, luego de que el féretro fuera colocado cerca del altar y los vecinos colmaran la parroquia Nuestra Señora del Rosario. Muchos, incluso, quedaron afuera y acompañaron desde ese lugar a la familia Subelza. La despedida se dio en un momento especial para la Iglesia Católica con el inicio de la Cuaresma, en el Miércoles de Cenizas. “En este día especial abramos nuestro corazón a Dios, que implora vida, que es amor y misericordia. El dolor ha sacudido a Rosario de la Frontera y a nuestra Argentina con esta partida tan inesperada, dolorosa y trágica de Santino. A Celso y María los acompañamos con nuestra presencia y con cariño, ante un hecho de tanto sufrimiento por una vida que recién comenzaba a vivir y se vio truncada de golpe”, expresó el sacerdote, mientras muchos rompían en llanto en el histórico templo rosarino fundado en 1784.

Por otra parte, el sacerdote dijo a El Tribuno que está muy dolido por el crimen de Santino, y comentó que el niño concurría al Centro de Primera Infancia que está a cargo de su parroquia.
“Los rosarinos y el resto de los argentinos tenemos que ser testigos de la vida y no de los que atentan contra ella”, dijo el padre Jiménez en una entrevista con este medio.
Lamentó los aberrantes sucesos y el momento que está viviendo la familia Subelza, e invitó a la comunidad a unirse en oración por ellos. “Ante una situación así a la única respuesta la podemos encontrar en Dios”, destacó.

 

La despedida
Luego los vecinos rosarinos hicieron filas en el interior del templo para despedir a Santino y tocar el féretro sobre el que iban dejando flores, en escenas conmovedoras. Entre ellos se encontraba el intendente de la localidad, Gustavo Solís, entre otras autoridades, que fueron a expresar sus condolencias a la familia.


Luego los restos del niño fueron sacados de la parroquia y colocados nuevamente en el vehículo fúnebre. Una multitudinaria caravana de autos y motos acompañó al cortejo hasta la rotonda de acceso a Rosario de la Frontera.
Finalmente fueron trasladados a un cementerio de la localidad de Choromoro, en Tucumán, lugar elegido por los Subelza, donde también están sepultados otros familiares.

Los Subelza son oriundos de Santa Victoria Oeste, pero desde hace décadas viven en Rosario de la Frontera. Celso es carpintero, al igual que su hermano Eustaquio; y reside con su familia en el barrio Avellaneda de la Ciudad Termal. 
 

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