Una de las pocas ventajas que Salta, como del resto de la región, tiene respecto de la pandemia es que fuimos preavisados de la irrupción del virus. En el Hemisferio Norte, según se sabe, faltó tiempo para que los científicos desarrollaran elementos defensivos (vacunas, medicamentos, test). Faltó tiempo también para que el robusto sistema público/ privado de salud adecuara y dimensionara la infraestructura (camas, respiradores, capacitación de médicos y paramédicos, elementos de protección personal). Muchos gobiernos de esta parte del mundo, a su vez, vacilaron a la hora de definir el aislamiento de la población y su intensidad.

Algún día se sabrá cuántas de las miles de muertes atribuidas al virus en Europa o en Asia han sido en realidad causadas por el desbordamiento de hospitales o por la desorientación.

Imaginemos por un momento que la onda expansiva de la pandemia hubiera llegado a Salta en febrero o a comienzos de marzo cuando, según palabras oficiales, contábamos con tres (3) camas en el hospital San Bernardo preparadas para atender los casos más graves. Cuando, como es notorio, no había un protocolo que guiara la intervención de los médicos, o nuestro stock de respiradores era harto insuficiente para este enorme desafío.

Lo más probable hubiera sido un saldo de muertes mayor al que registran países como España o Italia.

Algunos avances locales

"Desde mediados de enero hasta finales de marzo han pasado muchas cosas positivas en Salta, aunque no todas luzcan ante la preocupada ciudadanía: Se multiplicó la cantidad de camas; mejoraron los protocolos de intervención; está aumentando -lentamente- el equipamiento estratégico (respiradores y medicamentos recomendados); se realizaron esfuerzos por articular la oferta sanitaria pública con la privada; el despliegue en el interior de la provincia avanza -por ejemplo en Tartagal, aunque falta todavía mucho por hacer-. Muchas salitas, la de Vaqueros entre ellas, han comenzado a vacunar a domicilio y están ahora dotadas de las vacunas existentes (gripe, neumococo)".

Desde otro ángulo, organizaciones públicas y privadas (Ejercito, Universidades, vecinos) procuran cubrir nuestro déficit en materia de barbijos, alcohol en gel y material de protección del personal de salud. Desconocemos, por ejemplo, como evalúan nuestras autoridades provinciales lo que están diciendo analistas como T. Friedman o científicos como el francés Diddier Raoult.

Para encarar las urgentes respuestas que hay que dar a nivel local, es posible distinguir tres escenarios:

a) La parálisis total de la producción y los servicios por mor del virus (lo que equivaldría a un suicidio colectivo, a guerras tribales y saqueos);

b) la parálisis temporaria que deja activos a los servicios esenciales y la producción de artículos de necesidad vital (es la acertada línea del Gobierno de la Nación); y

c) el lento y programado retorno a una desconocida Nueva Normalidad (nunca idéntica a la pasada).

Al momento de moverse en uno u otro escenario Salta, a mi modo de ver, tiene algunos problemas. El primero, es que hay sectores del Gobierno que sostienen la conveniencia de la parálisis total, aun apelando a métodos poco participativos.

Esta suerte de opción estratégica conduce al segundo problema: la tendencia de las autoridades a desentenderse del mantenimiento de la producción y del comercio esencial y, por ende, de los trabajadores y empleadores que sostienen este tipo de actividades. Se desentienden, o se explican muy mal. Proliferan visiones provincianas, y por lo tanto cortas, junto a sesgos autoritarios.

El Gobierno de Salta y los intendentes deben comenzar a preocuparse por la producción y el comercio. ¿Por cuál producción y por cuál comercio? Por el que atañe a bienes y servicios vitales y esenciales. Y derrumbar las barreras que el mismo gobierno está creando. Y, por último, el gobierno debería prepararse y alentar a la sociedad civil para que haga su parte, para cuando proceda entrar en la tercera etapa.

Todo esto, por supuesto, no es más que una opinión iletrada. Pero podría integrar la agenda del no nato -pero imprescindible- Comité Científico Provincial.

 

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