La cuarentena es más dura en  la Puna salteña: soledad y  silencio extremo

El aislamiento en medio de la soledad de los cerros acapara con una enorme tristeza a muchos lugareños de la precordillera. En estos tiempos de cuarentena por el coronavirus están desamparados sin que casi nadie sepa de sus vidas. El transcurrir de un día para la abuela Dominga de 80 años, en el paraje La Encrucijada a unos 140 kilómetros de la capital salteña, es sinónimo de soledad y con apenas el sustento básico.

La incomunicación es absoluta, no hay transporte, no hay compañía de nadie. Mientras las poblaciones de las ciudades se abastecen de compañía familiar y la comunicación en este aislamiento social, en medio de los cerros, el silencio machaca los huesos y el espíritu. Allí el llanto de Dominga Copa, parte ese silencio inconmensurable.

"Estaba tirada en su cama, con mucho dolor, lloraba sola, sin nadie que la asista. Ella nos dijo que se había caído y perdió el conocimiento. Que nadie la iba a ver, hace días ella, y otra gente, en estos lugares están pasando momentos de soledad y sin mercadería para subsistir. La cuarentena impide el transporte por la ruta nacional 51 y escasea el combustible. Todo es menos, la mayoría de los lugareños es gente de edad avanzada", relató a El Tribuno Ramón Gómez, quien motoriza la Fundación Niños de San Juan.

Junto a su familia altruista, a pesar de la cuarentena obligatoria, Gómez recorre cada paraje de la precordillera compartida entre Campo Quijano y San Antonio de los Cobres. Estos parajes corren paralelos a la ruta internacional. Otros, la única manera de comunicarse, es adentrarse por los sinuosos desvíos camineros de esta geografía salteña.

"Llevamos bolsones con alimentos a personas mayores que viven solas y a varias familias de Santa Rosa de Tastíl, La Quesera, Carrera Muerta, Las Cuevas y La Encrucijada. En estos sitios, muchos lugareños nos manifestaron la preocupación por esta pandemia que provoca que no tengan medios de abastecerse en lo más básico para sustituir, al estar suspendidos el transporte, la mayoría quedaron aisladas, incomunicadas y desabastecidas en muchas cosas".

A 40 kilómetros de San Antonio de los Cobres, encontraron a Inocencia de 75 años. "Estaba sentada en su cocina triste y llorando, preguntando varias veces, si es cierto que la ruta estaba cerrada, ¿que no dejan pasar a nadie? ¿Por qué mis hijos no vienen a verme? Nos preguntaba. Le prometimos a la abuela traer noticias de su familia, y a la familia le pediremos que haga todo lo posible por venir a verla, explicar la situación a las autoridades y que lo dejen pasar".

Cuenta Ramón Gómez a El Tribuno: "Lo que más están necesitando en la mayoría de los casos son alimentos no perecederos, leche, verduras y pañales para los bebés. Nosotros seguiremos recorriendo la zona acercando y brindando la ayuda que podamos, no es fácil la situación que vivimos en estos tiempos, más para estas familias alejadas de todo y si bien algunos tienen motocicletas en estos lugares, hoy no se consigue nafta".

A través de la Fundación Niños de San Juan sigue trabajando a destajo por esta zona precordillerana. El viento frío presagia que se avecinan tiempos helados. Esa es la otra complicación para las familias. Sin abastecimiento de mercaderías se complica el panorama. Aún sabiendo que las pocas escuelas de la zona están cerradas, sin poder recibir el alimento de los comedores escolares.

"No hay clases en toda la quebrada, la primera semana se dio el módulo alimentario y después un pequeño bolso de mercadería, y ahora nada. La gente necesita de ayuda, la cuarentena no puedo dejar aún más aislados a estas familias". Más información y como ayudar en: 3876842748 / 3876329079 / 3875114369; fun dacionlosninosdesanjuan@ya hoo.com.ar.

 

 

 

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