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Los trabajadores de la cuarentena

Quienes quedaron por fuera del aislamiento están entre la incertidumbre de la exposición, suba de precios y caída de ventas.
Domingo, 05 de abril de 2020 02:16

Mientras la mayoría de la población está en sus casas en cuarentena o bajo el aislamiento social preventivo y obligatorio, para algunos, el “teletrabajo” no es una posibilidad: los que quedaron exceptuados del aislamiento por ser considerados “trabajadores esenciales”. 

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Mientras la mayoría de la población está en sus casas en cuarentena o bajo el aislamiento social preventivo y obligatorio, para algunos, el “teletrabajo” no es una posibilidad: los que quedaron exceptuados del aislamiento por ser considerados “trabajadores esenciales”. 

Lo que hasta ayer era un trabajo cotidiano, en medio de una pandemia por el COVID-19 que azota al mundo entero, impensadamente, esas labores se volvieron “trabajo de héroes”: los que sostienen el confinamiento social de la población. “Me saco toda la ropa a la entrada, me ducho y ahí recién saludo a mis hijos”, cuenta un chofer a bordo de una de las pocas unidades de Saeta que da vueltas por la ciudad. “Mi familia me dice que tenga cuidado”, relata bajo su máscara de plástico un trabajador de una estación de servicio. 

Los que quedaron allá afuera, conviven con el riesgo al contagio, el aumento de precios y caídas en las ventas. Aseguran que las ventas bajaron a la mitad, y en el peor de los casos, a menos del 80 por ciento.

EDUARDO MARTÍN - TIENDA NATURISTA

“Muchos buscan nutrirse”

Hace seis años que Eduardo tiene “Almazen”, una de las primeras tiendas naturistas del macrocentro. 
Luego de vender “como en las fiestas o más”, durante la semana que se difundió el primer aislamiento social preventivo y obligatorio que duraba hasta el 31 de marzo, sus ventas “bajaron”, comentó el comerciante. Aunque, resaltó, esa disminución, a diferencia de lo que registran los demás comercios, es leve, “del 10 o 20% mas o menos”, calculó. Rodeado de un local de sanitarios, un gimnasio, un cafetería, su negocio y el supermercado de la esquina, son los únicos de la cuadra abiertos.

“Viene alguna que otra cara nueva, pero la mayoría son los mismos clientes que consiguen aquí cosas que no se encuentran en todos lados”, advirtió Eduardo mientras se rociaba las manos con un spray luego de tocar dinero. Cuenta que también lo usa cuando agarra las tarjetas, tira donde más anda la gente y en el mostrador. Allí guarda dos envases con mezclas que él mismo preparó “uno tiene alcohol con agua y el otro lavandina con agua”.

Sus clientes, por motus propio, guardan la distancia social recomendada. “Entonces no hizo falta poner un cartel como pensaba, entra uno y sale el otro”, señaló. Muchos buscan alimentos que refuercen el sistema inmunológico. “Propóleo, jalea real, diente de león, arándanos”, enumeró el comerciante mientras atendía a un cliente que llegó desde San Lorenzo: “Esto no lo consigo allá”, contó el hombre que al mismo tiempo resaltó “tengo permisos, se los mostré a los controles”.

Constanza Muñoz-  COMERCIANTE POLLERÍA

“Vinimos para cubrir los costos”

Constanza Muñoz y su marido abrieron recién esta semana el almacén y pollería que tienen en la esquina de la avenida Sarmiento y Alsina. La pareja de comerciantes aprovecha estos días para ver si pueden recuperar algo de las jornadas perdidas, “al menos para cubrir los costos básicos”, indicó la mujer. 

El negocio comenzó a funcionar a fines de octubre, por lo que no llevan mucho tiempo en el rubro. Además, en los últimos días tuvieron que resguardarse bajo cuarentena obligatoria por haber llegado desde un país considerado zona de riesgo. “La gente está viniendo de a poco a comprar. Algunos guardan la distancia, otros no y se amontonan en la escalera”, indicó Constanza desde atrás de las rejas. El negocio permanece abierto, pero con las puertas cerradas.

En su caso, los proveedores sí están asistiendo las demandas, pero “hay que ver cómo van las ventas”, indicó cauta. 

Tanto ella como su marido pueden circular con los permisos por ser comercializadores de alimentos. Aunque contó que si bien pudieron acceder a la declaración sin mayores problemas y podían remitírselo al empleado, “él no está viniendo porque no tiene en qué venir y vive lejos, así que nosotros atendemos”, señaló. 

La mujer es la encargada de cobrar mientras su marido se dedica a la producción de la pollería. “Me lavo las manos todo el tiempo”, indicó.

Leidy Medrano - VERDULERA

“Vendo la mitad”

En los días de lluvia los clientes de la verdulería y almacén de Leidy se amontonan bajo el toldo buscando refugio. Mientras que ella y su empleada, con sus barbijos puestos, cercan la entrada al almacén. “No dejo que entren y toquen las cosas, los atendemos aquí, en la puerta”, indicó Leidy, quien tiene su negocio en el macrocentro desde hace casi un año. 

Los productos que más se venden por estos días son los considerados de primera necesidad, “azúcar, arroz, verduras”, repasó la comerciante. Dentro de las verduras, contó que lo que más “sale son la papas”. Mientras que por otro lado, otros artículos comenzaron a salir menos: “como el sándwich o la gaseosa, esas cosas más pequeñas”, advirtió al mismo tiempo que se quejó del aumento de precios de sus proveedores.

“Se ve menos clientes, vendo la mitad”, agregó la mujer. Aunque, también indicó que la baja pueda deberse a la limitación de horario de atención al público. “La policía me dijo que podía abrir solo hasta las 15”, señaló. Antes, su negocio funcionaba hasta “al menos, las 20”. Esas menos horas de trabajo, es al mismo tiempo, menos trabajo para su empleada. Los horarios de atención son impares en los diferentes comercios de la zona. 

“Me lavo con alcohol en gel y limpio todo con lavandina”, indicó la mujer.

Entre sus clientes se veía a muy pocos utilizando barbijos y guardando la distancia social obligatoria de un metro que recomiendan los especialistas para evitar el contagio. 

Marcio Romero - PLAYERO

“Vendemos un 80% menos”

En la estación de servicio Axion, que se encuentra apenas inicia la avenida Bolivia, los y las playeras trabajan con unas curiosas máscaras al estilo de las que utilizan los soldadores. “Nos dieron primero guantes y barbijos y ahora nos trajeron estás máscaras”, mostró el encargado Marcio Romero mientras se levantaba el frente plástico.

A raíz de la abrupta caída de las ventas, los alrededor de 17 playeros y playeras se turnan para ir a trabajar. “Un día vienen unos, otro día otros, las ventas cayeron un 80 por ciento más o menos”, resaltó Marcio, quien trabaja allí desde hace cuatro años. El turno que era atendido por seis personas, ahora es atendido por la mitad. Si bien las horas no trabajadas tendrán que ser luego reprogramadas para su posterior devolución, este panorama “hace que uno tema por su fuente laboral”, indicó el trabajador.

Sin saber cómo serán sus próximos horarios por falta de transporte público, los trabajadores que viven lejos se organizan para ser buscados por algún compañero que lo acerque hasta la estación de servicio. 

“Las familias nos dicen que tengamos cuidado. Te da miedo porque ves a alguien que tiene barbijo y pensás que está enfermo. Aquí viene mucha gente y no sabés con quién te vas a cruzar. Yo le pido a los chicos que no se acerquen mucho”, contó el encargado.

Mientras, los y las playeras intentan guardar la distancia recomendada y se desinfectan las manos con alcohol en gel. También limpian los picos de los expendedores de combustible cada hora con “agua alcohol y lavandina”. El autoservicio permanece abierto, aunque con las sillas sobre las mesas ya que atiende a puertas cerradas y solo vende artículos para llevar. 

Lucas Castillo - CHOFER

El riesgo que siente un chofer

Lucas Castillo conduce una de las pocas unidades de Saeta que circula por la ciudad, o mejor dicho una de las dos que su línea, La Caldera, tiene habilitada por estos días. “La primera unidad sale a las 5.20 de La Caldera y la otra al mismo horario desde el centro”, explicó sobre el recorrido de estos días atípicos. 

“Nunca pensé que ser chofer sería peligroso”, contó sentado desde atrás del plástico transparente que lo protege formando una cabina. Antes de que la empresa dispusiera esta medida, los únicos pasajeros habilitados para usar el transporte público eran agentes de salud, fuerzas de seguridad o empleados de farmacias o comercios de alimentos, quienes ingresaban por la puerta trasera. Con las nuevas medidas, se habilitó la puerta delantera donde el pasajero se encuentra con un dispenser de alcohol en gel. Los primeros asientos de los colectivos están vallados con una cinta de “peligro” para evitar que esos lugares más cercanos al conductor sean ocupados. 

“Mis hijos me dicen que me cuide mucho”, contó Lucas que además de las otras medidas de protección utiliza barbijo y guantes. 

No solo las jornadas de trabajo son atípicas, sino también las llegadas a casa. “Cuando llego me saco toda la ropa y me doy una ducha, y ahí recién saludo a mi familia”, precisó el chofer mientras le mostraba los papeles de control a un inspector, quien también continúa con sus labores. 

Los choferes no solo se limitan a conducir como lo hacían, sino que además se encargan de solicitar los papeles a quienes suben a las unidades. “Algunos de la Policía tienen tarjetas que emitió en un principio Saeta, otros, como los de Aguas del Norte tienen unas tarjetas que le dio la empresa; otros tienen los permisos correspondientes o sino al menos el recibo de sueldo”, explicó Lucas sobre los requisitos que pide. 

Susana Apaza - CARNICERA

“Ahora solo vendo sobaco”

La carnicería que Susana Apaza tiene con su marido hace 15 años en Pueyrredón casi Aniceto Latorre está plastificada. “Puse esto apenas pasó todo”, contó la mujer que asegura que los clientes la felicitan y le piden alcohol en gel que ella amablemente les comparte. “Ellos solos hacen fila guardando distancia”, contó la comerciante que tomó todas las medidas posibles y se proveyó además de guantes de látex y barbijos.

Su negocio atraviesa épocas “raras”. “Mirá el asado, está ahí parado”, señaló mientras indicaba la carne en el mostrador. “En esta zona vendíamos los cortes más caros y ahora vendo los más baratos, como sobaco, y es entendible”, advirtió Susana, quien aseguró que sus ingresos se redujeron a la mitad.

A la par de la caída de las ventas, la mujer advirtió un aumento de precios de los frigoríficos. “Me subieron 10 pesos más por kilo de res”, aseveró. La carnicería trabaja prácticamente medio día, abre a las 19 y cierra a las 20, por lo que su horario central es por la mañana.
Trabajar en bici

Pablo Saravia es empleado de la carnicería y a falta de transporte público llega todos los días en bicicleta desde Limache. “Me robaron la moto en Navidad y comencé a venir en colectivo y ahora tengo que agarrar la bici. Desde hace 20 años que no me subía a una. Me están poniendo a prueba”, bromeó. 

Demora alrededor de 40 minutos para llegar a su lugar de trabajo. “Vengo desde la etapa 13, que es ya al límite con el río, entonces me lleva tiempo llegar”, contó el trabajador. “Somos los únicos que comemos asado en el barrio”, bromeó en referencia a los cortes que quedan por la poca venta.

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