Coronavirus: el chiste de Bolsonaro después del récord de muertes en Brasil

Ayer Brasil anunció más de mil muertes por coronavirus en un día y el presidente Jair Bolsonaro se rió. No de eso pero rió. En medio de la crisis sanitaria en el país, el más golpeado de la región, el tercero más afectado del mundo, brindó una entrevista a través de Instagram, hizo un chiste y lanzó una carcajada.

"El que es de derecha toma cloroquina, el que es de izquierda toma Tubaína", dijo, en referencia a una marca de gaseosas del interior del estado de San Pablo, entre risas, al sitio web Blog de Magno. Su declaración ocurrió anoche, cuando anunció que el Ministerio de Salud cambiará hoy su protocolo para el uso de cloroquina, hasta ahora un remedio para lupus y malaria, a pacientes en el nivel inicial del contagio del coronavirus, aunque todavía no esté confirmada su efectividad y tendría contraindicaciones.

"La va a tomar el que quiera tomar cloroquina; nadie será obligado a tomar cloroquina, se le dará libertad al paciente para que pueda usar el remedio en caso de que se juzgue necesario", dijo el presidente también en medio de los rumores que apuntan que este protocolo fue la razón por la cual el jueves pasado renunció a su cargo el oncólogo Nelson Teich, entonces ministro de Salud, hoy reemplazado por el general Eduardo Pazuello.

En su discurso, al referirse a este tratamiento, pese a que la comunidad científica y médica determinó que no es una solución para el Covid-19 ya que tiene efectos colaterales, el mandatario ultraderechista hizo un comentario sobre el gobernador del estado de Pernambuco, Paulo Cámara, quien se contagió y es del opositor Partido Socialista Brasileño: "Yo en lugar del gobernador tomaría".

Bolsonaro también indicó sobre las contraindicaciones: "¿Quién sabe, verdad? Puede que sea un placebo, que no sirvió de nada, pero también puede que dentro de dos años digan que realmente funcionó". Así, sin identificarlo, le contestó al primer ministro de Salud que renunció por la crisis de coronavirus, Luiz Henrique Mandetta, quien alertó hace unos días en una entrevista del riesgo que suponía tratar a los enfermos con esta medicación.

Mandetta explicó que, tras utilizarlo en "pacientes graves que estaban en los hospitales", los estudios desvelaron que el 33 por ciento de ellos tuvieron que suspender el tratamiento "porque provocó arritmias que podrían llevar a una parada respiratoria".

Polémico como suele ser, estas declaraciones del brasileño tuvieron lugar horas después de que el país superara por primera vez desde que estalló la crisis el millar de víctimas mortales en un sólo día, 1179, lo que llevó la cifra global hasta los 17.971 decesos. Además Brasil registró ayer 17.408 nuevos casos, lo que supone un total de 271.628. Se produjeron asimismo horas después de que se reuniera con dirigentes del club Flamengo para intentar reiniciar el fútbol y sin ningún tipo de medida preventiva para evitar contagios. Sin tapabocas, sin distancia social.

Ya en marzo Bolsonaro había mostrado su línea respecto de la pandemia. En una visita a Estados Unidos, cuando el virus ya afectaba a Europa, lo llamó gripecita y le restó importancia. Cuando los casos comenzaron a registrarse en América Latina y los gobiernos de la región imponían el aislamiento, salió enojadísimo a criticar la decisión porque a su entender lo más importante es la economía. Incluso, pronunció frases irrisorias como que los brasileños no se contagian de nada porque pueden nadar en alcantarillas y salir inmunes.

También abrió un frente de disputa a nivel nacional. Criticó a cada uno de los gobernadores que decretaron el cierre de fábricas y el aislamiento y dijo, entre mucho más, que no va a ser el coronavirus el que mate al pueblo sino el hambre.

La Nación

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