Más tenistas famosos fueron maltratados por sus padres

Los dichos del extenista Guillermo Pérez Roldán sobre la violencia y las estafas a las que lo sometió su padre Raúl desempolvaron viejas historias que con el tiempo se fueron olvidando y que tiene al tenis como la disciplina central de estos graves conflictos familiares. 

Por detrás del caso que se descubrió hace pocos días surgen otros de tenistas muy reconocidos internacionalmente que sufrieron iguales atrocidades y que la periodista Marisa Pontieri detalló en una extensa crónica en TyC Sports, que se comparte a continuación:

Arantxa Sánchez Vicario
La extenista española fue una de las grandes rivales que tuvo Gabriela Sabatini y número uno del mundo en 1995. Sus padres le aconsejaron fijar residencia en Andorra para evadir impuestos y un fallo de la Justicia la hizo ponerse al día y quedar en la ruina. En 2012 contó en su biografía cómo también despilfarraron su dinero y el destrato paternal que padeció: “Mi madre fue mi sombra fiel en todos los torneos hasta que cumplí los 20 años, es una mujer de carácter fuerte y para ella la disciplina y la victoria pasaban por delante de cualquier otra consideración, cuando tal vez lo que yo hubiera precisado eran unas palabras de cariño”. Y acusó a su familia de limitarle sus relaciones personales haciéndole creer que solo se daban por interés, por lo que casarse fue como una rebelión contra ellos. Tiempo después, Arantxa llegó a demandar a sus padres, pero perdió en la Justicia.

Jelena Dokic
Fue una tenista australiana célebre en los 2000, que llegó a ser 4 del mundo. Reveló en su biografía el sufrimiento a la que la sometió su padre: “Me golpeaba realmente fuerte, desde el primer día que jugué al tenis, continuó y se salió de control”. Relató además cruentos episodios de escupitajos en la cara, tirones de pelos y orejas y que le impedía dormir en el hotel si perdía, como sucedió en Wimbledon 1999, cuando debió esconderse para evitar una golpiza. Los detalles de las palizas resultan escalofriantes: “El golpe en la cabeza me hizo caer, y mientras estaba tendida en el suelo comenzó a patearme”. La depresión en la que vivía Dokic la llevó a un temprano retiro a los 31 años en 2014 tras una lesión, admitió luego haber pensado en quitarse la vida y su malestar se trasladó a su físico, al sufrir un importante sobrepeso del que luego se recuperaría. Hoy, dice “mirar hacia adelante” tras “30 años rodeada de dolor”, mientras que la relación con su progenitor es nula.

Andre Agassi
El estadounidense, número uno del tenis de los noventa, se sintió agobiado por la obsesión de su padre. Debió soportar entrenamientos extremos, que lo drogara con metanfetaminas antes de jugar siendo un niño y lo sometiera a insoportables presiones psicológicas en pos de su éxito deportivo. En su confesión autobiográfica expresó su odio al tenis hasta los 27 años, cuando entendió que se trataba de una oportunidad para ayudar a otros. Resiliente, Andre dejó atrás los rencores hacia su padre, pero es lapidario a la hora de definir su carrera en la disciplina: “Yo no quería ser una gloria del tenis. Ese era el sueño de él. Y así llegué a estar tan desconectado de mi propia vida que llegué a ser el número uno en el mundo odiando lo que hacía. Por eso me alegré el día que dije adiós a la competición”.

Steffi Graf
La gran campeona alemana, casada con Agassi, tiene con él un gran punto en común respecto a los destratos paternales. Si bien nunca ahondó en si las obsesiones de su padre por entrenarla desde pequeña derivaron en malos tratos, la administración de sus ganancias en el deporte terminó por separarlos: fue preso por evadir al fisco alemán en 21 millones de euros, lo que generó un escándalo y el alejamiento de Steffi, hasta la reconciliación previa a la muerte de Peter en 2013.

Jennifer Capriati
Estadounidense que también llegó a la cima del ranking en los noventa, entrenada desde pequeña por su padre, quien le prohibió toda clase de vida social y repitió la fórmula de someterla a prácticas inhumanas. Las consecuencias fueron lapidarias: cayó en el consumo de drogas, tuvo detenciones por robo y tenencia de estupefacientes y confesó padecer ideas suicidas. Junto con un programa de rehabilitación, debió distanciarse de su progenitor para lograr finalmente el éxito deportivo. Igual, tuvo recaídas posteriores. Y su propia madre supo hacer un mea culpa por los infortunios de Jennifer: “Pasó de ser una chica feliz a una triste y temerosa, y como madre me siento plenamente culpable y avergonzada por el rol que jugué en eso. El dinero, los reconocimientos, el orgullo... te ves atrapado en eso y no estás pensando en lo que se pierde tu hija y si eso es lo mejor para ella”.

Mary Pierce
Fue otra campeona francesa sometida por su padre a maltratos físicos y psicológicos, incluso delante del público en los torneos: la increpaba desde el medio de la tribuna, le arrojaba objetos cuando salía tras perder un partido y llegó a volarle los lentes de un cachetazo. Cuando agredió a un espectador en Roland Garros, la WTA lo expulsó del circuito por cinco años y ella debió contratar seguridad privada para que no se le acercara. Como moneda común, también hubo desacuerdos económicos: él la demandó por romper un contrato en el que le había prometido un cuarto de sus ganancias. Luego hubo reconciliación familiar.

Martina Navratilova
La multicampeona checa también la pasó mal con su padrastro, quien la introdujo en el tenis cuando se enteró de su homosexualidad, que él consideraba una enfermedad. Se le atribuye incluso la frase “prefiero que mi hija sea prostituta antes que lesbiana” aunque, lejos de destrozar su moral, Martina salió adelante, emigró a Estados Unidos (en su país temía porque la enviaran a asilos para gays) y llegó a la cima convirtiéndose en un símbolo de lucha. “Salir del armario me hizo mejor jugadora”, consideró años después. Navratilova ostenta el récord de tener 167 títulos individuales y 18 Grand Slams.
 

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