“Nuestro plan de acción humanitaria en el norte provincial tiene como eje central el agua”

Abel Martínez es el director nacional de Respuesta a Emergencias y Desastres de Cruz Roja Argentina y trabaja en el campamento instalado en el norte provincial, por el que pasaron más de 400 voluntarios/as con el objetivo de brindar respuesta a más de 38 comunidades originarias wichis, chorotes y tobas. 

Su instalación tuvo lugar luego de que el 29 de enero Salta declarara la emergencia sociosanitaria para los departamentos de Rivadavia, San Martín y Orán, por la muerte de ocho niños y la hospitalización de más de 30 menores con diagnósticos de desnutrición. 

En diálogo con El Tribuno, Martínez brindó detalles del trabajo que realizan.

¿Cómo comenzó este plan humanitario?

En febrero fuimos convocados por el Gobierno provincial y nos dirigimos a realizar una misión conjunta junto con la ONU, la Unión Europea y otras agencias humanitarias, de evaluación de los municipios afectados por la declaración de la emergencia sociosanitaria en Salta. Hicimos un relevamiento detectando las problemáticas, obviamente también analizando la razón misma de la declaración de la emergencia a raíz del fallecimiento de niños por desnutrición. Cada agencia desde su expertiz fue trabajando y haciendo sus propuestas. De ahí es que surge el plan de acción humanitaria de Salta por parte de Cruz Roja Argentina, cuyo enfoque o eje central tiene que ver con el agua. 

¿Qué implica el trabajo con el agua?

Trabajamos en diferentes aspectos o niveles. Por un lado, la potabilización o producción con el aporte de una planta potabilizadora que vino de la Cruz Roja Española. Estamos produciendo hasta 60.000 litros por día de agua potable que vamos distribuyendo en la comunidades en las que estamos, pero además de eso una de las principales y primeras acciones que concretamos fue la de instalar un campamento humanitario, el primero en la historia de Cruz Roja Argentina, en los 140 años que tiene.

¿Cómo funciona el campamento?

Todo nuestro accionar se realiza desde allí. Funciona a través del trabajo de voluntarias y voluntarios. Más de 400 han venido de todas partes del país. Estamos trabajando hoy con unas 38 a 40 comunidades en la zona de Santa Victoria Este, específicamente en la localidad de Santa María. Ahí, en el centro de las comunidades, tenemos nuestro campamento por lo cual estamos completamente insertos. Tuvimos una primera gran etapa desde marzo hasta fines de julio, en la cual hicimos distribución de ayuda humanitaria, talleres de alimentación saludable, tratamiento del agua, primeros auxilios, enfermedades vectoriales. Repartimos 1.000 filtros de agua familiares y 14 comunitarios en escuelas, centros de salud y hospitales. Entregamos más de 4.000 polvos potabilizadores siempre con nuestra estrategia de ir acompañando a las comunidades en ir mejorando su calidad de vida y su acceso a la salud. En el campamento funciona un puesto de primeros auxilios, al cual la gente también viene a tratarse por algún problema o dolencia y atendemos a muchos niños. Se brindó asistencia médica a más de 600 personas y se entregaron 872 kits de higiene personal. 

¿Que otras problemáticas detectaron?

Hay una gran falta de acceso a la salud y justamente para tratar temas que son coyunturales del consumo o no consumo de agua. Había muchos problemas de deshidrataciones severas y de nutrición o de diarreas, gastroenteritis y que tenían que ver a veces con la manipulación de alimentos.

¿Cuál es el balance de esta primera etapa?

Es positivo por varios factores. El primero es que el campamento y las acciones se pudieron mantener mas allá de todos los desafíos que nos trae la pandemia. Cuando surgió el aislamiento, los cortes en el transporte, controles y demás para nosotros no era una opción irnos. Sabíamos que teníamos que continuar nuestra labor. Además, uno de los logros tiene que ver con que hoy la gente puede acceder al agua potable y sabe cómo cuidarla, almacenarla y utilizarla de manera adecuada. En la primera etapa, hicimos toda la distribución, acompañamiento y capacitación de las personas para que puedan tratar y acumular el agua. Ahora, en esta segunda etapa vamos a concentrarnos más en la distribución del acceso a la misma y en seguir reforzando el acceso a la salud con el puesto de primeros auxilios.

¿El agua está contaminada?

El agua no está contaminada, lo que sucede a veces es que hay algunas fuentes de agua a las que les faltaría algún tratamiento, por ejemplo, la cloración que se hace en una red domiciliaria. 

¿Hay falta de acceso a alimentos?

Sí, es una problemática por las distancias, los caminos. A veces, una leve llovizna puede incomunicar a una comunidad por uno o dos días, lo cual supone un desafío grande. Con la pandemia misma también es complicado acceder a los alimentos. En julio pasado hemos reforzado la alimentación con la entrega de kits alimentarios.

¿Qué hicieron para continuar su labor en un escenario tan difícil por la COVID-19?

Nos readaptamos. Tuvimos que reorganizarnos, implementar estrategias, actividades e ir acompañando a la comunidad en este nuevo proceso de afrontar una pandemia con todas las incertidumbres que genera. Trabajamos con los protocolos y lineamientos no solo internos de Cruz Roja Argentina, sino con el Gobierno de la Provincia para mitigar todo lo que tenga que ver con la transmisión. 

¿Cómo fue ese cambio de actividades?

Al principio fue un desafío interno para nosotros. Tuvimos que rediseñar actividades. Por ejemplo, las capacitaciones para que la comunidad se empodere estaban destinadas a 30 personas y, en este contexto de COVID-19, tuvimos que pasar a los microtalleres de 4 o 5 personas con todos los recaudos de distanciamiento, al aire libre, el barbijo y aplicar en nuestros protocolos la descontaminación de los vehículos cuando volvíamos de terreno y la de los voluntarios. También todas las comunidades tenían muchas preocupaciones de como afrontar una transmisión comunitaria entonces fuimos a las radios locales para pasar indicaciones y desmitificar algunas cuestiones.

¿Se han registrado casos de coronavirus?

Hasta el momento, no hemos tenido registro de casos en las comunidades con las que trabajamos.

¿Qué respuesta observaron por parte de las comunidades a las medidas de prevención?

La verdad que estamos muy sorprendidos para bien y alegres de que tiene un gran nivel de implementación de las distancias, la higienización, el no agruparse. Esto habla de su gran responsabilidad y ganas de cuidarse entre ellos.

¿Qué falta aún?

Consideramos que hay que seguir trabajando con el acceso al agua. Tal vez plantear algunas estrategias de red de agua domiciliaria. Ahora están comenzando a terminar las obras de algunos pozos lo cual va a suponer un alivio en muchas comunidades que no tienen acceso. Creemos que es muy importante trabajar en reforzar el acceso a la salud, el acompañamiento a las personas porque hay muchas ganas y muy buena predisposición de las comunidades en buscar mejoras. Nosotros siempre tratamos de que ellas sean las protagonistas de sus soluciones.

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