“Me dejaron sin nada. Me sacaron todo lo que me quedaba. Mi bebé nació el 9 de mayo y por la pandemia no la pudo ver. Mi hermano me decía: ¿Cuándo podré conocer a mi sobrino? Y eso me lo arrebataron, mi hijo nunca va a conocer a su tío”, dice Roxana Figueroa (40), la hermana de Mariano, asesinado en un robo en Hurlingham.

Fue alrededor de las 6 de la mañana que la víctima, empleado de la Regional Oeste de la AFIP, salió a comprar cigarrillos en su bicimoto. En el hogar sólo estaba despierto su hijo adolescente, de 17 años, que lo escuchó salir. Cuando volvió, empezó la pesadilla.

Mariano, fanático de Boca, estaba a unas tres cuadras y media de su casa cuando alguien se acercó y le arrebató la mochila, la billetera, el celular, la bicicleta eléctrica y hasta el casco.

Para hacerlo, lo apuñalaron en el abdomen y escaparon. Mariano tenía 38 años y dos hijos, la menor de 10 años. Las manchas de sangre marcaron su recorrido. Primero quiso pedir ayuda en una vivienda del barrio pero no consiguió ayuda. Después siguió caminando, como pudo, hasta golpear la puerta de su domicilio.

  
Gladys, su esposa, se despertó. Le llamó la atención que no abriera usando su llave y que no estuviera con su bicimoto. “Me robaron”, llegó a decir casi sin aire. Allí se desplomó y entonces llamaron a la Policía.

“La ambulancia tardó media hora en llegar. Les pedían a ellos que presionaran la herida, se murió en sus brazos. Es muy doloroso lo que pasaron. Se sienten muchas cosas contradictorias. Estamos destrozados. Yo perdí a mi papá en 2009, a mi mamá de leucemia en 2015 y ahora me quedé sin mi hermano. Era todo lo que me quedaba y ahora no lo tengo más”, se lamentó Roxana en diálogo con Clarín.

Los sospechosos, que serían tío y sobrino, quedaron registrados en una cámara de seguridad y horas después fueron localizados circulando en el vehículo robado por la calle Solís en el límite del Arroyo Morón. Hubo una persecución y la policía los atrapó en una casa donde buscaron refugio.

Fue en la comisaría 1° de Hurlingham que los testigos declararon que estas dos personas estaban en el festejo de cumpleaños y que “habían escapado de la casa cuando ingresaron los policías, al saltar por los techos de las viviendas linderas”. Poco antes, habían salido a comprar algo para tomar pero al regresar “dijeron que habían bardeado y contaban dinero en efectivo” , relataron. Eran vecinos del barrio que vivían a pocas cuadras de la escena del crimen.

Tras las detenciones, la mujer afirmó: “Encima tenemos que decir que tuvimos suerte. Porque la Policía y la fiscalía actuaron rapidísimo y tuvimos buenos resultados. Ahora lo que yo quiero es confiar en la Justicia y que no los larguen, porque no pueden destrozar a otra familia como destrozaron la nuestra”. 

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