Historias de esperanza, fe y gratitud que no pudo apagar la pandemia

Surgida de una catástrofe natural, la fe y devoción que los salteños sienten por el Señor y la Virgen del Milagro se vio fortalecida este año en el contexto de la pandemia por la COVID-19.
Sin poder peregrinar ni hacer la procesión, los devotos encontraron la manera de expresar su fe y gratitud de distintas maneras.
Son los casos de María del Valle Aballay, quien tiene en su casa una imagen del Señor del Milagro que data de 1925, de Mónica y Rodrigo, quienes caminaron por la ciudad movidos por la devoción, o Gabriela Tarifa que compartió su fe profunda con los vecinos.

Una imagen de 95 años

María del Valle Aballay es de Catamarca pero vive en Campo Quijano desde 1953. En diálogo con El Tribuno recordó que cuando llegaron a la casa donde aún permanecen la imagen del Cristo del Milagro ya estaba ahí: “Era de los anteriores dueños que murieron y se la dejaron a mi madre”, recordó. 
María del Valle es también devota de la Virgen del Valle, de Catamarca: “Con la Virgen del Milagro son muy parecidas y muy milagrosas las dos, lo mismo que el Señor”, afirmó y contó que “todos los años hacemos la novena del Milagro y de la Virgen del Valle, aunque hace tiempo yo la hago desde mi casa porque me enfermé y me cuesta hacer la procesión”.
Este año, María del Valle sacó la imagen del Señor del Milagro a la entrada de su casa para que sus vecinos la puedan saludar cuando pasaran. “Lamentablemente no se puede peregrinar, así que tratamos de rendir honores de otras maneras”, dijo.
Además, aseguró que “es muy emocionante estar en presencia de las imágenes, tanto que no se pueden contener las lágrimas de la emoción”.

  Mónica y Ramiro hicieron una peregrinación simbólica desde su casa al centro de la ciudad.

Milagros en la salud

Mónica y Ramiro son una pareja de la zona norte de la capital salteña. “El año pasado compramos una imagen cada uno y se la regalamos al otro, porque tienen que ser un regalo”, contó Ramiro al principio de la charla con este diario.
Reveló también que su esposa peregrina desde hace 10 años desde San Antonio de los Cobres y que, para él, este iba a ser su tercer año. 
Mónica comenzó por una promesa que hizo por su padre, quien padecía cáncer, mientras que Ramiro era diabético e, inexplicablemente, para su médica, un día se curó. “Hice la peregrinación como agradecimiento porque la diabetes no se cura y yo considero que volví a nacer”, afirmó.
Por su parte, Mónica relató que “empecé a peregrinar hace 10 años por una necesidad de estar cerca de Dios, porque necesitaba hablar con él. Después de un tiempo sentía que pedía mucho y entregaba poco, así que empecé a alargar mis peregrinaciones; al principio venía desde Cerrillos y cada año comencé a venir desde más lejos hasta que llegué a San Antonio, que es la peregrinación más hermosa”.
La mujer contó que también pidió en un momento por un sobrino, que tenía seis años y una enfermedad grave: “Hoy está muy bien y hace vida normal, al igual que mi padre, que venció un cáncer con la ayuda de los patronos”.
“Es infinito mi amor hacia Dios”, aseguró y deseó que “ojalá esto pudiera ser contagioso para que todos puedan sentir la fe y el amor, y así el mundo cambiaría. Es algo mágico e inexplicable”.
Ayer, Mónica y Rodrigo hicieron una peregrinación simbólica con sus imágenes desde Ciudad del Milagro hasta el centro de la ciudad.

  Gabriela Tarifa comparte sus imágenes con los vecinos de barrio El Huaico.

De casa en casa

Gabriela Tarifa vive en barrio El Huaico y tiene a sus imágenes en el jardín delantero de su casa. “Las tenemos hace siete años y mi esposo peregrina con ellas desde San Antonio de los Cobres y en una oportunidad vino desde Tolar Grande”, relató a El Tribuno.
Su historia de fe con los patronos empezó cuando le diagnosticaron un tumor y, tras pedirles que la protejan, los médicos descubrieron que era algo benigno cuando la operaron para extirpárselo. “Ese año mi marido peregrinó por primera vez para agradecerles y al mismo tiempo salimos adjudicados en la casa en la donde hoy vivimos”, comentó.
Pero, además, la presencia de las imágenes en su casa fue motivo de encuentro y unión con sus vecinos: “Un día una vecina vio que teníamos las imágenes y nos pidió permiso para llevarlas a su casa para rezarles. Después de eso las imágenes empezaron a recorrer varias casas en el barrio e incluso están presentes en algunas misas”, indicó Gabriela.
 

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