Llegaron los Reyes Magos, unos misteriosos personajes

“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ‘¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle’”. En el capítulo 2, versículos 1 al 12 del Evangelio según San Mateo, cabe uno de los tantos interrogantes que no nos ha abandonado en más de dos milenios. Aunque constituyan un arcano en sí mismo, los tres personajes reviven cada 6 de Enero en las ilusiones de los infantes, a quienes hoy la ansiedad los habrá empujado de la cama más temprano que de costumbre. “Changos y chinitas duérmanse/ que ya Melchor, Gaspar y Baltasar/ todos los regalos dejarán/ para jugar mañana al despertar” versaron Félix Luna y Ariel Ramírez en su popular villancico. Y aunque nunca dejarán de ser del todo inaccesibles a la razón y objetos de fe, la Iglesia católica recogió su tradición hasta nuestros días. 
De acuerdo con el sitio ACI Prensa.com, para el Dr. Klaus Hardering, historiador de Arte, la leyenda de los Reyes Magos se remonta a antes del siglo XIV y ha quedado plasmada en antiguas obras de arte. Por ejemplo, en la obra “La cancela de los Reyes Magos” -que se conserva en la catedral de Colonia (Alemania)-, en la que quedaron plasmados episodios de la vida de “sabios de Oriente”. “Las dos primeras escenas ilustran dos acontecimientos que se describen en la Biblia: la visión de la estrella y la adoración de los Reyes Magos. Las que se muestran a continuación: la consagración obispal de los Reyes Magos por el apóstol Tomás y su sepultura, en cambio, han sido tomadas de las leyendas que surgieron en torno de estos con anterioridad a 1340 en Colonia”, cita ACI Prensa a Hardering.
Mientras que en las tres últimas escenas de “La cancela...” se exponen las diferentes estaciones que las reliquias de los personajes recorrieron en un largo viaje hasta Colonia, vía Constantinopla y Milán.
“La antigua tradición asegura que, tras la muerte de Cristo, Santo Tomás viajó al Oriente, encontró a los Magos, los bautizó y los ordenó obispos. Los tres eventualmente morirían martirizados. Santa Helena, madre del emperador Constantino, encontró las reliquias de los Reyes Magos a inicios del siglo IV y las llevó a Constantinopla, actual Estambul (Turquía). Tres siglos más tarde, San Eustorgio, obispo de Milán (Italia), viajó a Constantinopla para que el emperador aceptara su nombramiento episcopal y recibió como regalo las reliquias de los Reyes Magos”, precisan en ACI Prensa.
Por último, consignan que en 1161, el emperador Federico I de Hohenstaufen, conocido como Barbarroja, asedió Milán y amenazó de muerte a su alcalde. El arzobispo de Colonia y canciller del emperador, Rainald von Dassel, negoció las reliquias, custodiadas en un convento, por la vida del gobernante local.
Así fue como estos objetos fueron llevados a Colonia, donde se encuentran hasta hoy. Por otra parte, el padre Dante Bernacki, vicario general de la Arquidiócesis de Salta, refirió, con una mirada actualizada que los Magos de Oriente “son  quienes siguiendo la estrella llegan a Belén a adorar al Niño. Su esfuerzo real nos dice todo el amor que contienen sus corazones, que saben buscar a Dios. Llegados a la gruta, encuentran a José y María. Ella tiene al Niño en su regazo. ¡Cuál no sería la sorpresa cuando ven llegar estos personajes! María, humildemente deja que lo adoren. De sus alforjas sacan y ofrecen tres dones. Oro, porque este niño es rey, el esperado de Israel. Incienso, porque este niño es también Dios, el Hijo de Dios encarnado. Mirra, que se utilizaba para embalsamar a los muertos, porque este niño es hombre y como tal, mortal”. Luego agregó que “estos magos son orientales y paganos, signo de que la misericordia divina ofrece la salvación no solo a un pueblo o una raza, sino a toda la humanidad”.

Otra persepectiva

El músico venezolano, conferencista internacional y especialista en Metafísica Rubén Cedeño, discípulo de Méndez, refiere en su libro “El Espíritu de la Navidad” que los Reyes Magos fueron los maestros ascendidos El Morya, Melchor, que venía de la India o el Tíbet; Koot Homi, de Etiopía; y Djwal Khul, Gaspar, proveniente de Mesopotamia, al sur de Persia. Según Cedeño, “ellos representaban los cuerpos físico, emocional y mental. Eran inicialmente nueve, pero ante los horrores del desierto, algunos se volvieron y no siguieron en la caravana que un fiero guía conducía. El cuarto Rey Mago, Artabán, tiene una historia fantástica que merece un capítulo aparte”. Justamente la posta de Artabán toman las personas solidarias que juntan juguetes, ropa y calzado para que los niños de hogares de pocos recursos económicos mantengan la ilusión. Tal es el caso de la caravana de Noelia Esper, que partió la madrugada del 5 en tres camionetas “al tope” para sembrar sonrisas en 700 niños de Nazareno. O el equipo de Juventud de la Municipalidad, que hasta ayer estuvo recibiendo donaciones en el balneario Carlos Xamena, para llevarlas a comedores y merenderos que forman parte del Plan Unidos por el Día de Reyes.

Refiere la leyenda que Artabán, el rey mago, había planeado reunirse con Melchor, Gaspar y Baltasar en Borsippa, una antigua ciudad de Mesopotamia, desde donde iniciarían el viaje que los llevaría hasta Belén para adorar al Mesías. El cuarto rey mago llevaba consigo un tesoro invaluable de piedras preciosas para ofrecer a Jesús, pero durante el trayecto encontró a un anciano enfermo, cansado y sin dinero. Se vio envuelto en un dilema: ¿debía ayudar a este hombre o continuar su camino? Sabiendo que sus colegas no lo esperarían por lo urgente del caso, pero obedeciendo a su corazón, decidió auxiliar al hombre. Cuando llegó a Belén Jesús ya había nacido y José y María iban rumbo a Egipto, escapando de la matanza ordenada por Herodes. Artabán se juró a sí mismo cumplir con su misión y fue rastreando las huellas de la sagrada familia. Sin embargo, por donde quiera que pasara la gente pedía su auxilio y él los ayudaba obsequiando las piedras preciosas que portaba. Treinta y tres años después un viejo y enfermo Artabán llegó hasta el monte Gólgota, en torno del cual se agolpaba la gente para ver la crucifixión de un hombre que, decían, era el Mesías. Artabán no tenía duda de que aquel hombre era a quien había estado buscando durante todos aquellos años.

Con un rubí en su bolsa y dispuesto a entregar la joya, el rey mago encaminó sus pasos hacia el monte; pero justo frente a él apareció una mujer que era llevada a la fuerza para ser vendida como esclava en pago por las deudas de su padre. Artabán la liberó a cambio de la última piedra que le quedaba de su vasto tesoro. Agotado, se sentó junto al pórtico de una añeja casa. En aquel momento, la tierra tembló de forma brusca anunciando la muerte de Jesús en la cruz. Pronunciando sus últimas palabras, el cuarto rey imploró perdón por no haber cumplido con su misión de adorar al Mesías. Pero escuchó la voz de Jesús con fuerza: "Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y me liberaste". Artabán preguntó: "¿Cuándo hice esas cosas?". Y al dar el último estertor, la voz de Jesús le dijo: "Todo lo que hiciste por los demás lo has hecho por mí, por eso hoy estarás conmigo en el reino de los cielos". Y de eso se trata ser el cuarto rey mago.

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