Clamor de padres para que no les quiten a sus hijas

Por lo que pasa la familia Chocobar es un claro ejemplo de la pobreza crónica que existe en Salta y el país.

Con un nivel educativo bajo y apenas para comer, están intimados por la Justicia porque no pueden mantener la crianza de sus hijos.

Él apenas gana unos pesos al día, su mujer estaba en un tratamiento de adicciones que abandonó y la Justicia les está quitando sus hijos porque corren riesgo de salud.

Su historia fue reflejada por El Tribuno el viernes 22 de octubre con los testimonios de Daniel Chocobar y su mujer Vanesa Rueda.

Los Chocobar viven en el barrio San José de Rosario de Lerma. En varias oportunidades el Juzgado en lo Civil y Familia de Primera Instancia envió a hacer ambientales al hogar donde solo conviven Daniel, su mujer Vanesa y las dos pequeñas niñas. La familia clama por ayuda para que sus hijos no sean arrebatados por una decisión judicial.

La situación vulnerable del matrimonio, acarreada de hace años con pequeños hijos dados en adopción, y otro puesto en un instituto de menores por tener antecedentes de abandono por parte de los padres, según reza en los informes judiciales, pesa sobre el matrimonio Chocobar.

La pareja se conoció en Mendoza hace más de 15 años.

"Yo trabajaba en la vid y de ahí tenía pensado pasar a la producción de la manzana en Río Negro. Hacía lo que muchos salteños sin trabajo hacemos. Somos golondrinas en distintas cosechas. En Salta solo un poco de tabaco y luego construcción. No hay nada. Allá lejos conocí a la madre de mis hijos", cuenta Daniel, como parte de su porfiada vida.

De chico con muchas limitaciones en su hogar; ella de la misma forma y peor aún. La madre llegó a prostituirse para sobrevivir. Apareció la droga en su vida. Hasta que conoció a Daniel Chocobar, su actual pareja. "La vida me llevó por el mal camino, nunca tuve oportunidades de trabajo, y tuve la mala decisión de meterme en la droga", cuenta apesadumbrada la mujer.

Tuvieron cinco hijos, el primero murió a las pocas semanas de nacer, allá en Mendoza. Luego vinieron dos chicos varones. Uno de ellos debió ser dado a un pariente porque "no teníamos cómo mantenerlos".

"Lo dimos en adopción legal" justifica Vanesa.

Tiempo después aparecieron denuncias de abandono del otro hijo varón. "Salía a vender a la calle y lo llevaba a mi hijo. Me denunciaron porque no iba a la escuela. Lo alojaron en un instituto del menor. Fue terrible lo de después. Comenzó a drogarse. Ahora anda por ahí en la calle adicto al paco. De eso la Justicia no lo reconoce y nos culpa a nosotros de nuestra pobreza", cuestiona el padre ante la intimación y los primeros requerimientos de la Justicia salteña.

"La Justicia nunca nos explicó por qué mi hijo ahora se droga y se escapa de los internados. Con nosotros estaba bien. Hoy es un chico de la calle a causa de esos institutos. No queremos que pase lo mismo con mis hijas".

Destino, la "Casita Feliz"

La semana pasada la orden requerida por la Secretaría de Niñez y Familia a raíz de varias situaciones que incluyen denuncias por violencia contra el padre, apuntan a que las dos pequeñas hijas restantes del matrimonio serán institucionalizadas en el hogar "Casita Feliz".

Según pudo conocer El Tribuno por fuentes judiciales, hay denuncias también por toxicomanía y riesgo de salud de las niñas.

"No las llevan a controles médicos, lo que fue una de las razones. La escolarización de los hijos (las niñas y el anterior varón adicto) está afectada por las reiteradas faltas a la escuela con informes negativos de la institución hacia los padres, donde incluso se advierte que en varias ocasiones los progenitores no pasaron a retirarlos del establecimiento. La misma escuela mencionó episodios de violencia del padre contra los mismos docentes que en una ocasión llegó a decir que "si no aprenden no importa nada".

Hay denuncias de agresiones a los equipos interdisciplinarios encargados judicialmente de realizar los estudios sociales a la familia.

Lo cierto es que los Chocobar deberán demostrar mejoras en su conducta como padres, según reclama la Justicia. Daniel trabajó en todo lo que pudo encontrar.

Él pasó por miserias y abandono. La madre de los chicos, en peores condiciones. También estuvo en un internado porque sus padres no podían alimentarla. Pareciera que la historia se repite para toda la familia.

 

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