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“Considero que en este momento, Cafayate es la segunda ciudad en enoturismo en Argentina” 

Entrevista al arquitecto Mario Yanzón, ofundador del estudio Bormida & Yanzón.
Miércoles, 03 de noviembre de 2021 01:28

El arquitecto Mario Yanzón es especialista en bodegas vitivinícolas. Es cofundador del estudio Bormida & Yanzón y reconocido como uno de los principales referentes mundiales en la arquitectura del vino. Fundó en 1972 su estudio con sede en Mendoza, y ha realizado, entre 1988 y la actualidad, 13 bodegas nuevas, 14 intervenciones en bodegas existentes y 9 proyectos, que incluyen arquitectura y paisaje. Se ha especializado en bodegas vitivinícolas, arquitectura agroindustrial y hotelera, con obras y consultorías en Argentina, Chile, Uruguay, Panamá, Ecuador, Brasil, Francia, Portugal, Bolivia y Rusia. Las bodegas realizadas por el estudio Bormida & Yanzón se inscriben en el marco del contextualismo moderno y se caracterizan por sus particulares relaciones con el paisaje del lugar.

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El arquitecto Mario Yanzón es especialista en bodegas vitivinícolas. Es cofundador del estudio Bormida & Yanzón y reconocido como uno de los principales referentes mundiales en la arquitectura del vino. Fundó en 1972 su estudio con sede en Mendoza, y ha realizado, entre 1988 y la actualidad, 13 bodegas nuevas, 14 intervenciones en bodegas existentes y 9 proyectos, que incluyen arquitectura y paisaje. Se ha especializado en bodegas vitivinícolas, arquitectura agroindustrial y hotelera, con obras y consultorías en Argentina, Chile, Uruguay, Panamá, Ecuador, Brasil, Francia, Portugal, Bolivia y Rusia. Las bodegas realizadas por el estudio Bormida & Yanzón se inscriben en el marco del contextualismo moderno y se caracterizan por sus particulares relaciones con el paisaje del lugar.

En diálogo con El Tribuno, Mario Yanzón destacó que Cafayate se ubica como la segunda ciudad turística en enoturismo en Argentina, detrás de Mendoza. “El vino en Cafayate es el generador de una multitud de turistas que veo todas las noches alrededor de la plaza”, cuenta el especialista.

Va a participar del ciclo “Hablemos de lo que viene: Desarrollos Urbanos” y el nombre de su exposición es “El vino, arquitectura, turismo y urbanismo”. Me gustaría que me cuente como se conectan esos cuatro temas...

El vino es la base de la charla, es lo que genera toda la charla. Me he dado cuenta, a través del tiempo, que se han generado muchísimas actividades que tienen que ver con esta bebida, que es ancestral, que ha movido muchísima gente, que ha tenido que ver con muchísimas culturas que hace 8.000 años eran predominantes en el mundo. El vino es un generador de grandes culturas que siempre se han mantenido en la búsqueda del mejor vino. Además, el turismo, que se llama el enoturismo, ha generado que se muevan multitudes alrededor del mundo, donde se han creado las capitales del vino en el planeta, en la cual Mendoza es una de ellas, que es en donde estoy trabajando en la actualidad. Ahora estoy en Cafayate, viendo esta pequeña ciudad que está movilizando una cantidad de turismo que realmente es impresionante y de las cual considero que en este momento Cafayate es la segunda ciudad en enoturismo en Argentina. El vino, en Cafayate es el generador de una multitud de turistas que yo veo todas las noches al rededor de la plaza. El vino como arquitectura es una tema que vamos a tratar el día de la conferencia, sobre todas las obras de arquitectura que he hecho desde hace 40 años.

¿Cómo se ensambla la arquitectura del vino, que debe tener un lugar preponderante sobre todo en la región, para que se desarrolle un proyecto?

El viñedo, el paisaje fundamentalmente y todo lo que significa el cultivo de la vid genera la construcción y el diseño de la arquitectura para recibir este producto tan noble que es la uva. Entonces, la uva que llega a una bodega y ahí se elabora, se procesa, se fermenta, se conserva en distintos envases. La bodega es el primer envase que se muestra, entonces esta arquitectura ha ido modificándose en distintos tiempos y actualmente forma parte de la comercialización, de la cultura del lugar, del paisaje. Entonces, la arquitectura es el reflejo de todo eso. El reflejo de la elaboración, del enólogo, del propietario, del cuidado de la vid.

Eso es clave porque las bodegas han cobrado una importancia vital y se construyen complejos turísticos dentro de las bodegas. ¿Eso forma parte de su trabajo de poder ligar el turismo con una actividad industrial?

Eso es fundamental. En este momento, en Mendoza ya no se hace una bodega sino se considera la parte turística, la parte de la relación que puede haber con la gastronomía, que es muy importante. En donde se hacen esfuerzos muy importantes e interesantes, donde cada uno quiere destacarse en este tipo de actividad. Además, la riqueza que te da el tener una experiencia especial en cada bodega. Además, moviliza una serie de actividades turísticas entre las distintas bodegas.

¿Hubo un replanteo dentro del enoturismo por la pandemia?

Con la hotelería y turismo hubo una modificación. Hubo una desgracia con el tema de la pandemia y se está revirtiendo en algo muy positivo que es que el argentino está recorriendo el país. Antes de la pandemia en Mendoza se recibían dos millones de turistas al año, prácticamente la misma población de la provincia. Entonces, era gente de todos lados del mundo. Pero con el tema de la pandemia se frenó todo aunque ahora se está retomando por suerte el ritmo, pero todavía con una gran afluencia de turismo interno. El argentino ha empezado a recorrer el país, a conocer lo que tiene y es muy valioso lo que está haciendo. Ha progresado todo nuevamente y se está moviendo todo nuevamente y los hoteles están en un 90% de ocupación con argentinos.

Recién dijo que Cafayate es la segunda ciudad de enoturismo ¿Qué proyección ve en esa localidad salteña?

Creo que Cafayate está un poco sorprendida en cuanto a todo lo que significa avances edilicios. El pueblo y el gobierno todavía no se han dado cuenta del potencial que tienen. 

¿Por qué?

Porque es un momento de un progreso y de una estampida turística y puede ser muy peligroso para que lleguen inversores y rompan un poco la calidad de vida de los pobladores. Yo voy a hablar sobre esto en la conferencia el día jueves porque estoy notando que puede arruinarse todo este magnífico territorio, que es precioso y muy lindo.

¿Qué se debería hacer? ¿Quizás avanzar en un plan de urbanización para que no sea descontrolada?

Todo pueblo tiene un crecimiento normal de su población. Entonces, este crecimiento poblacional no puede ser indiscriminadamente, para cualquier parte. Tiene que haber una regulación urbana, una regulación municipal y estatal en donde se vayan organizando. Entonces, hay que regularizar y hay que ver para dónde va a crecer Cafayate y de esa manera ir armando algo armónico, coherente con lo que significa la vitivinicultura y el desarrollo de los pueblos.

Eso pasó en la ciudad de Salta que tuvo un crecimiento exponencial y se crearon urbanizaciones en lugares que no tendrían que estar permitidos...

Claro, tiene que haber planes regionales. En Mendoza por ejemplo, la cadena Hyatt dijo: donde hay vino, voy a estar. Entonces, te das cuenta que el vino es generador de ese crecimiento y ese desarrollo por el que la gente tiene dónde trabajar, la gente se tiene que ir apoderando de la cultura para mantener los viñedos, que es la base de un buen vino. Todo ese tipo de cosas se van encadenando en crear un lugar. La suerte que tenemos en Argentina es que ya no tomás vino argentino, sino mendocino o salteño. Eso es muy importante, tener dos regiones que en este momento son formadores de opinión en el mundo.

Usted ha trabajado en distintos países de la región y de Europa ¿Todos los vinos tienen su particularidad que los hace únicos?

Por supuesto, cada lugar tiene su particularidad, pero el resultado tiene que ser el vino y de ahí no te muevas. No hay vinos con gusto a otra cosa. Los vinos son muy particulares de acuerdo a la región, que sería el terroir, que no es la tierra, sino que es la relación que existe entre el clima, la tierra y la cultura del cuidado y del lugar. Esas son las tres patas del terroir. Entonces, siempre es diferente. El vino cafayateño tiene que ser diferente al mendocino porque el terroir es diferente y se cría de una manera diferente. Todos los lugares del mundo que hacen vino, tienen que ser diferentes. 

Una última pregunta personal ¿Le gustan los vinos cafayateños, de los cuales todos los salteños estamos muy orgullosos?

Sí, la verdad que son sorprendentes, muy buenos vinos. Ahora estoy haciendo cosas acá y me tiene totalmente sorprendido, son riquísimos. Nada que ver con los vinos de Mendoza, se podrán parecer o no, serán más aromáticos pero de todas maneras son vinos muy ricos.

¿Que no sean parecidos a los mendocinos es algo bueno? ¿Quiere decir que los vinos salteños tienen su sello para ser únicos?

Por supuesto, eso es lo que los hace especial a los vinos. Cada región larga un vino que es propio de su lugar, es lo que lo enriquece al vino en el mundo, que ha venido siendo diferente desde que nació. 
 

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