“Para San Martín y Güemes, un gobierno nacional era esencial para la independencia” 

En este segundo centenario de la muerte de Güemes resulta interesante analizar cómo veían a su país, su tiempo y la vida política aquellas figuras. ¿Cómo concebían el proyecto de nación de San Martín y Güemes?
Esta claro el compromiso de ambos con la independencia, que es rotundo. Y ese compromiso se nota en el respaldo de los dos, que eran gobernadores de sus provincias, al gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Y no están a favor de tendencias federales de ese momento. San Martín y Güemes están convencidos de que el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata debe estar radicado en Buenos Aires. Ambos, y también Bernabé Aráoz, habían jurado la Constitución de 1819, centralista y aristocrática. 

¿Serían unitarios?
El de ellos no es el concepto de unitarismo que se manifiesta de 1860. Es un concepto de unidad, de régimen, de gobernabilidad que acompaña al de independencia. No es recomendable traspolar la idea de Estado unitario posterior, a la idea de unidad que prevalecía en aquellos tiempos fundacionales.

Pero, ¿hay un choque con el centralismo porteño?
El centralismo porteño es un fenómeno posterior. Los problemas de ese momento tuvieron características específicas. Está clara la disputa de Güemes con José Rondeau y los reclamos por recursos. Buenos Aires es la antigua capital virreinal y sede del gobierno revolucionario. Las rivalidades existen y ponen en evidencia el problema de quién financia la guerra. La financiación de los cuerpos armados es un tema clave, pero es importante tener en cuenta que el gobierno de Buenos Aires tenía varios frentes. Montevideo se mantiene fiel a España hasta 1814 cuando se produce la campaña liderada por Carlos María de Alvear, que incorpora a Montevideo a las Provincias Unidas, y que, en simultáneo, se produce el levantamiento en armas de Artigas contra Buenos Aires. El otro frente está en el norte, donde se registran varios fracasos. Allí Güemes se erige como figura relevante para sostener los esfuerzos de la independencia, impedir el avance realista sobre Salta y Jujuy y, después de 1815 y 1816, cuando se prioriza la campaña militar a Chile. A partir de 1818 se agrega la guerra contra los federalistas, Estanislao López, Pancho Ramírez y José Artigas. 

¿Las visiones de Güemes y Artigas no eran iguales?
No, para nada. Artigas presionaba a Buenos Aires para que aceptara un gobierno confederal de pueblos. Una idea diferente a la propuesta de Estanislao López, que es un sistema federativo. El sistema confederal suponía la formación de un gobierno central sin subordinación de los poderes locales; en cambio una federación supone que las unidades políticas menores se someten a un gobierno central. 

Existe un estereotipo de los caudillos federales. Martín Güemes ¿es más que un caudillo? 
“Caudillo” es un término muy antiguo, que significa “líder”. Sarmiento los asocia con “barbarie”, contrapuesto a “civilización”. Un caudillo, como líder, no tiene necesariamente que ser arbitrario o elusivo a las normas. Algunos liderazgos del siglo de XIX combinan visión y manejo político, con adhesión popular. La independencia dispara un proceso de politización muy fuerte. El Río de la Plata ya había tenido experiencias muy importantes que marcan una nueva era. Las invasiones inglesas, a comienzos del siglo XIX, son trascendentes y allí Güemes tiene un protagonismo decisivo. Se trata de una personalidad política que ha vivido y tomado experiencia en un territorio mucho más amplio que la Patria chica. Después de 1812, él adquiere un perfil distinto en el marco de la jurisdicción salto - jujeña, y tiene que ver esto con la posición ecléctica de las elites salteñas ante la revolución. Los vínculos de esos sectores con las provincias altoperuanas, familiares o de negocios, los hacen bascular entre la revolución y la lealtad a España. Tengamos en cuenta que la Constitución de Cádiz (1812) se juró en Salta, cosa que en otras jurisdicciones del Río de la Plata no ocurrió. Hay entonces una fuerte conflictividad, que Güemes capitaliza de una forma muy interesante a partir de las formaciones gauchas que se iban generando en la región como reacción contra los españoles y los abusos de sus soldados, y que terminan organizándose militarmente. El liderazgo de Güemes lo muestra como un militar popular, y así se enfrentaba, sobre esas bases de poder, con sus antagonistas, sea Rondeau y los funcionarios y militares de Buenos Aires, o con las élites salteñas.

¿Qué significaban Salta, Tucumán, Jujuy y el alto Perú en ese momento?
Una región con muchos vínculos, que atraviesa transformaciones muy importantes, que van a gravitar en lo que después serían naciones constituidas. Pero las fronteras no están definidas todavía en 1821. Ese contexto dimesiona la importancia de Güemes. En estas circunstancias era imperioso un cambio de estatus: de la rebeldía y la insurgencia contra el rey Fernando había que pasar a ser una nación que se presentara con el derecho de existir ante las otras naciones, y que por eso hace la guerra.

¿Comparten Güemes, San Mar tín y Bolívar una idea de una nación americana? 
De lo que pensaba Güemes, no conozco documentos que lo revelen. Lo que está claro es que San Martín y Bolívar tienen en su cabeza la idea de una América libre; aspiran a refundar la vieja unidad imperial a través de territorios y comunidades independientes; con un vínculo entre ellos. En la proclama que San Martín dirige a los peruanos en 1818 (y que está también expresado en la Constitución de Chile, de ese año) manifiesta que se siente “instrumento accidental de la justicia y agente del destino” y ratifica su compromiso con la independencia y la pretensión de refundar la unión americana mediante un congreso y una constitución política de alianza perpetua. Tenían en cuenta diversos modelos, no solo el de los Estados Unidos, que era incipiente. José de San Martín pensaba en la confederación alemana unificada por Napoleón entre 1804 y 1810.

 Beatriz Bragoni es especialista en historia política y social del siglo XIX argentino y latinoamericano. Estudió en la Universidad Nacional de Cuyo y se doctoró en la UBA. Es académica de número de la Academia Nacional de la Historia. Es autora de “San Martín. Una biografía política del Libertador” (Edhasa -2019).  La historiadora analizó con El Tribuno la dimensión nacional de Martín Miguel de Güemes y la visión que el jefe salteño compartía con José de San Martín acerca del proyecto de Nación. También describe las características sociales y los conceptos de federalismo, unitarismo y Nación que prevalecían en esa transición desde la época virreinal a la nueva era, de naciones independientes.
 

 

 

¿Qué nos dividió? 
Las piezas se iban ensamblando y la unidad latinoamericana enfrentaba obstáculos que quedaban en evidencia. Confluían diversos factores, entre ellos, los intereses de las dirigencias políticas e intelectuales de cada estado y los intereses económicos, que también inciden. Las independencias rompieron el vínculo colonial; algunos imaginaron la América del Sur como una sola unidad política, pero fue una ilusión. La fragmentación puso de manifiesto el peso que tenían las unidades jurisdiccionales previas (virreinatos, capitanías y audiencias). El virreinato del Río de la Plata, por cierto, demostró ser muy joven (había sido creado el 1776) y produjo cuatro naciones distintas.

¿Cuál es el concepto de Nación y de federalismo en el tiempo de la Independencia?
El concepto de autonomía es muy posterior a la independencia. Aparece mucho más tarde y recién alcanza rango constitucional con la reforma de 1994. Las citas documentadas del siglo XIX hablan de soberanía provincial, siempre asociada a la idea de un gobierno federal. Pero no se trata de un juego de palabras. Surge como expresión de reclamo de las provincias a sus dirigentes para que defiendan los intereses locales y también por asegurar una distribución equitativa de los impuestos, es decir, de la renta por parte del gobierno nacional.

En la actualidad, las asimetrías entre las regiones son dramáticas. Las diferencias entre el centro y el norte del país son abismales...
Claramente. Pero no hay ninguna provincia que esté libre del drama del crecimiento de la pobreza. Buenos Aires, tampoco. Las desigualdades son muy pronunciadas en todo el territorio y se agudizaron en los últimos cuarenta años. Es evidente que el sistema federal, tal como está funcionando, no contribuye a la democracia, el desarrollo ni la calidad de vida. Muchos expertos ponen hoy de manifiesto la necesidad de consensuar el nuevo pacto fiscal que está pendiente desde 1994. Una asignatura pendiente desde la última reforma, hace casi 27 años. Sin una reforma fiscal será muy difícil resolver estos problemas y contar con las herramientas necesarias para abordar la pobreza en todo el territorio. Y, ciertamente, hoy por hoy es mucho más difícil pensar la Argentina que un año atrás.
 

 

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