Radiografía de un psicópata

Por Bernardo Stamateas

Te invito a reflexionar en estas líneas sobre la estructura psicopática, tan común en muchas personas por estos días. La psicopatía es una manera de ser. A veces, la asociamos con el asesino serial, con el abusador, con el violento. Sin embargo, existe como estructura de personalidad adaptada a lo cotidiano.
Es por ello que es importante conocerla para reconocerla y saber cómo actuar frente a esta. ¿Cuáles son algunas características propias de la psicopatía? En primer lugar, la “cosificación”. La persona ve al otro como una cosa, como un objeto desprovisto de su deseo, al cual utilizará y dejará (cuando ya no le sirva) como si nada pasara. Por esta razón, el psicópata no posee emocionalidad.
Como resultado, puede abandonar a su pareja, a sus hijos, un trabajo, un proyecto, un sueño, y no sentir culpa por ello. No experimenta en exceso angustia, ni culpa ni miedo, como el resto de las personas ante estas situaciones. En un primer momento, parecería que se trata de una personalidad segura porque no expresa emocionalidad. Sin embargo, lo que lo motiva es el anhelo de poder. Su objetivo es tener poder para controlar a otros o llegar a lugares donde se sienta literalmente “poderoso”. Con ese objetivo, utilizará la mentira, la cual es su medio principal. Puede mentir sobre el pasado o el presente (“Tuve o tengo un negocio extraordinario; podés ganar mucho dinero conmigo”). ¡Incluso miente mirando a los ojos!
Ahora, cuando es descubierto, no se siente mal. Al contrario, piensa: “Voy a seguir mejorando mi técnica para mentir cada vez con más exactitud”. Es un ser humano que no respeta los límites. Si alguien le dice que hay que llegar a las siete, llegará a las ocho. El límite a las “personas normales” les brinda seguridad y libertad. En cambio, el psicópata siente que ha perdido su libertad y que necesita transgredir las normas morales, sociales, etc.
Todos nosotros poseemos una conciencia moral, o un “súper yo”. Una instancia en nuestro psiquismo donde evaluamos: “Esto estuvo bien y esto estuvo mal”. Entonces, cuando hacemos algo bien, nos sentimos contentos; y, cuando hacemos algo mal, nos sentimos culpables. En la estructura psicopática, dicha instancia psíquica no existe y la persona tiene su propio catálogo de lo que considera que está bien y que está mal.
El psicópata pasa del deseo a la acción, sin evaluación previa: “Quiero esto y lo voy a lograr”, se dice. La mayoría de nosotros, cuando queremos algo, evaluamos: “¿Puedo ahora?”. Es decir, que tengo un deseo o un impulso, evalúo y tomo una decisión. En la psicopatía, este componente de evaluación falta. Entonces, la persona salta del deseo a la acción y no puede posponer lo que quiere.
Como mencionamos, carece de emocionalidad profunda (cuando llora, son “lágrimas de cocodrilo”). Nunca hace introspección y tiene bajo nivel de empatía. Es por ello que es muy difícil la posibilidad de cambio. Le preguntaron un día al gran experto mundial en psicopatía: “Doctor, ¿qué hago si me encuentro con un psicópata?”; a lo que él respondió: “Corre”.

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