La sustentabilidad ambiental, sin la económica y lo social, no se sostiene

Gustavo Oliverio

Asesor y coordinador de ProyectosFundación Producir Conservando

En 1991 cuando la Fundación Producir Conservando iniciaba sus actividades, la discusión y uno de los objetivos de trabajo que se propusieron, estuvieron ligados a la factibilidad técnica de intensificar sustentablemente la agricultura en Argentina. La tradicional rotación con pasturas y agricultura daba lugar a un aumento de los años agrícolas en función de la mayor rentabilidad de ésta última y la incógnita era ver qué ocurría con la pata ambiental de la sustentabilidad.

Tomando los datos oficiales del año 1991 y los de la última campaña cerrada 2019/2020, Argentina pasó de sembrar 20,2 millones de hectáreas a 41,4 millones de hectáreas y la producción pasó de 41,4 a 136,2 millones de toneladas. En casi 30 años, Argentina multiplicó por 3,29 su producción de granos.

Sin dudas, los cultivos de maíz y soja son los que mayor crecimiento tuvieron tanto en área sembrada como en producción. La suma de ambos cultivos en 1991 eran 7,7 millones de hectáreas sembradas y 22 millones de toneladas de producción y en 2019/2020 se sembraron casi 24 millones de hectáreas y la producción sumó 103 millones de toneladas. Para el caso del trigo en igual período creció un 37% en área sembrada y un 92% en producción.

Este fenomenal crecimiento de los últimos casi 30 años es dispar si lo desagregamos por décadas. Si tomamos la última 2010/2019, vemos un ligero estancamiento en el área sembrada total, que se mueve entre 35 y 37 millones de hectáreas y la producción entre 90 y 136 millones de toneladas (promedio de la década 113 millones de toneladas y 127 millones de toneladas promedio de los últimos 3 años).

Un importante cambio se registró en las tendencias de los últimos años dado que el área sembrada de cereales se incrementó frente a la de los oleaginosos y ello, sin duda, es muy favorable mirando la sustentabilidad ambiental del sistema productivo.

Ocurre algo similar en cuanto al estancamiento de la producción con la carne bovina y producción de leche en Argentina. El crecimiento acumulado para ambos productos en los últimos 18 años (2000 a 2018 ) es solo del 8 al 10%. En leche, para el período estamos estancados entre 10.000 y 11.000 millones de litros y en carne bovina equivalente res con hueso entre 2.7 y 2,9 millones de toneladas.

Es importante ver la brecha productiva que existe entre los actuales niveles de producción y los que desde la Fundación Producir Conservando se proyectaran como potenciales productivos, en trabajos publicados en distintas fechas, para el 2020.

La producción granaria debería estar en niveles promedio de 142-145 millones de toneladas, la producción de carne bovina entre 3,5 y 3,8 millones de toneladas equivalente res con hueso y en lácteos deberíamos estar cerca de los 15.000 millones de litros.

Tomando en cuenta solo la producción agrícola, el alcanzar 145 millones de toneladas generaría a los valores actuales 43.000 millones de dólares de ingresos por exportaciones frente a los casi 37.000 millones que ingresarán esta campaña y el ingreso fiscal por derechos de exportaciones alcanzaría el récord desde su reimplantación en 2001, de US$10.000 millones anuales.

Desde el punto de vista ambiental es muy difícil sacar conclusiones sobre el impacto de la agricultura actual. Está claro que en 1991 se iniciaba la difusión de la siembra directa como sistema de labranza y comenzaba a utilizarse en mayor proporción la fertilización fosforada y nitrogenada básicamente en trigo y algo en maíz.

Por estos días la siembra directa ocupa entre el 80 y 85 % del área total sembrada, por lo que los fenómenos de erosión hídrica y eólica han disminuido sensiblemente respecto a los 90. La reposición de nutrientes en los sistemas productivos ha mejorado en los últimos años, pero continúa siendo del orden del 55 al 60% en promedio para nitrógeno y fósforo, por lo que queda mucho camino por recorrer.

Datos obtenidos en Venado Tuerto y Trenque Lauquen en dos campos, vinculados a la Fundación Producir Conservando, que utilizan un buen nivel de tecnología y rotación de cultivos, muestran claramente como en los últimos 30 años mejoraron notablemente la eficiencia del uso del agua de lluvia para producir granos (entre un 35 y un 180% según sea el cultivo por hectárea o por tonelada producida).

La reducción de labranzas, llegando a siembra directa hoy en el 100% de la superficie agrícola de los dos campos, permitió por la reducción del consumo de combustibles fósiles una disminución de las emisiones de CO2 del 35 al 85% según la zona y según sea por hectárea o por tonelada producida. En ambas zonas los niveles de carbono o materia orgánica del suelo se mantienen en los valores iniciales y en los dos casos es necesaria la aplicación de niveles más elevados de fósforo en los cultivos que integran la rotación para alcanzar los niveles iniciales, fundamentalmente en Trenque Lauquen.

Sin dudas, los datos comentados anteriormente muestran en términos generales que fue factible intensificar la agricultura en las dos zonas sustentablemente desde el punto de vista ambiental.

También queda claro que, desde el punto de vista económico y social, en las dos zonas productivas y el en país en general, el fenomenal crecimiento productivo de estos últimos 30 años comentado al inicio, no ha generado los beneficios esperados en lo económico y social, que son estas otras patas centrales de la sustentabilidad.
 

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