La identidad no debe demorar

Lionel Scaloni debe saber muy bien que hace rato la Selección argentina dejó de ser objeto de pruebas de laboratorios y de alquimias futbolísticas. Ya pasaron casi tres años de su asunción como entrenador, posfracaso Rusia 2018, y el entrenador santafesino es plenamente consciente de que se acabó su “tiempo de gracia” del cual gozó mucho tiempo, cuando se aplacaban las críticas bajo el argumento de haber sido el segundo Lionel más famoso de la albiceleste, el benefactor e impulsor de un recambio generacional que debía llevar su tiempo, que se presagiaba como mayúsculo y casi de raíz y que no lo fue tal, al conservar hoy en su equipo a futbolistas que ya cumplieron su ciclo y que no les queda más para darle al conjunto argentino (como es el caso de Nicolás Otamendi), y a otros sobrevivientes del llamado “club de amigos” de Lionel Messi, que aún mantienen vigencia, pero que no dejan de ser resistidos por parte de la opinión pública, como Di María o el Kun Agüero.

Mientras muchos sostienen que la benevolencia en los análisis de esta ciclotímica selección que sigue en la búsqueda de su identidad (tal vez la versión ante Colombia haya sido el punto de partida de un recomenzar), lo cierto es que se acabó el tiempo de las pruebas constantes y los tachones. Y en esta Copa ya es hora de que haya una claridad en el concepto y la pretensión. Y si eso ocurre, la gente recordará como simples anécdotas que a Brasil llevó 4 arqueros, un delantero lesionado (Lucas Alario) y que dejó afuera a dos otrora indiscutidos, como Foyth (pagó carísimo su error en el segundo gol colombiano) y Ocampos.

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