Los argentinos somos culturalmente latinos, y como tales incorporamos la fe religiosa a nuestras vidas, pasando a ser la religión parte importante en nuestro devenir social y pauta de nuestra convivencia. Hacemos esfuerzos por creer en los milagros y preferimos líderes mesiánicos antes que estadistas preparados. A Sergio Massa lo pensamos como "el milagro Massa", que nos va a sacar de la zozobra como por arte de magia. No hay milagro a la vista para la desastrosa situación en la que nos encontramos. Creer que se trata de una crisis económico/financiera es una ingenuidad. Estamos sumidos en una decadencia amplia en la que la economía, la cultura y la mismísima conciencia están disolviéndose y erosionado la identidad nacional. Nuestro tejido social se está rompiendo y las consecuencias afloran a diario en la cosa pública y en la vida de los ciudadanos de a pìe, que comenzamos a desconocernos en un clima irascibilidad incontrolable.

Estamos en un barco sin capitán, ha surgido un timonel de emergencia (Massa), pero asumiendo que pudiera trasponer la tormenta, la pregunta sin respuesta es hacia qué puerto vamos. Hay alguien diseñando la traza a un destino cierto. Parecería que no. Y esto es lo preocupante.

Aunque logremos salvar el temporal (coyuntura) hacia donde navegamos.

Ese enorme riesgo exige una convergencia política, gremial, empresaria, académica y popular amplia, generosa, con el bien común como consigna y conducente a un proyecto nacional abarcativo y equitativo que nos permita, además de poner en marcha un potente aparato productivo, reconstruir la sociedad y la nación en todas y cada una de sus instituciones. Será un camino largo.

No es solo un problema económico: ha calado en la cultura de nuestra sociedad.

El número de jóvenes ni-ni es significativo y la desazón envuelve a ese sector. Otros parten en busca de horizontes que no ven aquí. Nuestra fuerza del trabajo esta diezmada por un severo deterioro de la cultura del trabajo, que no se repondrá en corto plazo. El desafío incluye generaciones y un sistema educativo actualmente en una profunda crisis, capaz de dar respuesta desde la primaria. La misión es reconstruir, reimplantar valores diluidos en nuestra sociedad, como la honestidad, la palabra y la solidaridad. La corrupción debe ser extirpada de raíz y para ello la Justicia debe funcionar con eficacia, celeridad, ecuanimidad y el rigor necesario. Si no diseñamos nuestro futuro entre todos, lo que Massa logre será solo una circunstancia y volveremos a la más abyecta de las decadencias.

El proyecto nacional tiene dos aspectos cruciales. Por una parte el camino definido por políticas, planes y proyectos que conduzcan a la nación propuesta .

Por otro las nuevas reglas de juego y convivencia que reglen las conductas y actitudes en todos los ámbitos. La corrupción y la falta de ética deben ser extirpadas de todas las transacciones públicas y/o privadas. La Justicia debe ser profesional, idónea, prescindente, eficaz y expedita como herramienta fundamental del cambio necesario.

Solo se logrará la luz desde un cambio cultural, que debe empezar por la educación en todos sus niveles. La fuerza necesaria para semejante epopeya requiere una genuina y desinteresada convergencia nacional amplia. Debemos asumir que será un camino de sacrificio, de renunciamientos y no podrán estar ausentes la austeridad, la decencia y la solidaridad.

Es tan amplia la convocatoria que ningún argentino podrá mirar de afuera sin rozar con su conducta la figura de traición a la patria. El año 2000 no nos encontró unidos, hagamos todo para que el 2030 sí nos encuentre unidos y reconstruyendo por fin nuestra querida patria.

 

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