Artista salteña expone por primera vez y capta interés internacional

Hasta el 10 de este mes Natalia Verónica Berti está exponiendo en la Casa de la Cultura (Caseros 460) “Imágenes de la América Andina”. Se trata de su primera muestra y está integrada por piezas realizadas en estilo realista.

Berti señaló a este medio que se recuerda dibujando sin continuidad durante toda su vida. “Lo agarraba y lo dejaba. Podían pasar muchos años y por ahí me agarraban ganas. Algo de tiza hice, pero el óleo recién lo experimenté hace tres años”, indicó y precisó que fue su hermana, Paula Berti, quien compartió con ella nociones sobre el arte en óleo.

Puesta a desgranar los pasos de su proceso creativo indicó que busca imágenes que la “enamoren a primera vista”, las traslada al lienzo y las dota de colores a su gusto. “Transfiero a la tela los trazos más importantes, los secundarios -que tienen sombras, profundidad y luces- los creo luego. Me gustan las cosas con mucho color, muy vistosas. En relación con los rostros busco que me lleguen al alma”, sintetizó.

Justamente resulta llamativa su apreciación por la cultura andina y el hecho de que la fotografía traccione su factura artística. Recorriendo los cuadros de paisajes como “San Pedro Nolasco de los Molinos”, “Iglesia de Nuestra Señora del Carmen de Seclantás”, “Capilla Río Blanco”, o de retratos como “Niño andino”, “En el camino” y “Tierna rusticidad”, el espectador tiene a su alcance señales para imaginar la situación representada y sentir que la emoción capturada en la realidad por la lente de una cámara continúa presente en el cuadro.

Sin embargo, también resulta claro que Berti no duplica el objetivo de los originales, sino que los emplea como materia prima para crear otra estética. Los niños con ojos de sabio, los ancianos con ojos de trashumante. Y entre las miradas de ellos y la nuestra, el lazo de la condición humana.

“Las ancianas me recuerdan a mis tías abuelas de campo, que preparaban el mate para los peones. Me gusta ver a las personas trabajadoras, con las manos rústicas, que han pasado su vida trabajando. Es algo que a mí me llega. Sus rostros son muy naturales, no como los adultos, que saben que les van a sacar una foto y se acomodan el flequillo o el pelo. Cuando pinto tengo la mente puesta en llevar esa mirada a la persona que lo está viendo, que le llegue al corazón”, reflexionó.

El abandono de la obra a la mirada del otro, que la completa, y a la adquisición del otro, que la compra, no es un tema menor para Berti. “En mi casa me gusta vestir todas las paredes con mis pinturas porque me gusta verlas”, dijo. Agregó que se prepara para el desprendimiento.

“El día que venda una pintura me va a costar, porque son mis hijas. Tengo preparada una agenda con columnas para poner el nombre y apellido, dirección y teléfono de quien las adquiera para poder decirle que si algún día decide deshacerse de la pintura, me avise”, expresó entre risas.

Luego se refirió a su evolución profesional. “Toda la vida hasta que me muera voy a seguir aprendiendo, a seguir dibujando. A cada trabajo le tengo que dar una conclusión, pero en el fondo me gustaría retocar, porque sé que no tiene fin. Cuando me veo por agarrar el pincel me freno y le pongo la firma”, definió ella, que confesó que ya ha tenido abierta seis meses una obra hasta sellarla con la firma.

Buena repercusión

Hay algo diferente que sus cuadros -salidos de un ambiente hogareño- comunican cuando penden de un espacio propicio para que el visitante se demore unos minutos frente a ellas, las capture desde un celular, se haga una selfie y se deje conquistar.

Natalia se sorprendió gratamente por las devoluciones que ha recibido. “Me llovieron mensajes con felicitaciones y eso es bueno para alguien que expone por primera vez. A los que preguntan les aclaro que mi idea no es llegar al hiperrealismo, al punto de una copia exacta de una fotografía”, contó. Berti compartió que una vez que tuvo el corpus de obras seleccionado se contactó con la Fundación de Amedeo Modigliani. “Supe que iban a seleccionar unos 7500 artistas de todo el mundo y estaría con el ego arriba que me animé a mandar (ríe). Lo que pasó es que me contestaron invitándome a participar”, compartió.

La Fundación Modigliani Bienal de Venecia es una oportunidad única para que los artistas expongan sus obras al público en general en uno de los palacios más prestigiosos de Venecia. El evento de este año es particularmente importante porque se cumplen 1600 años de que se colocara la primera piedra de la que posteriormente se convertiría en la “Joya de Italia”. A los artistas les ofrecen una vidriera internacional muy codiciada.

“Lo que pedían para participar era el valor de un auto usado y no disponía de ese monto para invertirlo en esto. Veremos más adelante, aunque me volvieron a contactar hace veinte días y aún no les contesté”, refirió Berti, que también recibió propuestas para exponer de galerías de Buenos Aires.

Una herencia

La pandemia abrió una senda hacia el desarrollo de los talentos de muchas personas. Este también fue el caso de Berti, que siempre frenó sus inclinaciones por el arte por escasez de tiempo.

“Como técnica dental estuve tres meses sin trabajo y caminaba por las paredes cuando mi marido (Federico Teruel) me dijo que me dedicara a la pintura o a la jardinería, que también me gusta. Yo me puedo hallar un tiempo para pintar si veo algo que me guste en internet. De hecho, quiero sacar mis fotografías y ahora me están llamando las puertas coloniales, los caballos y los pájaros”, afirmó.

Puesta a rastrear en su pasado cuántas veces apagó por sí misma su usina imaginaria para espantar al arte que la convocaba señaló que “algo debo de tener en la sangre”. Su tío bisabuelo por parte de padre era José María Cao Luaces, dibujante de la célebre revista Caras y Caretas, y su abuelo materno era el diseñador y arquitecto Carlos Gugliotella, cuyos proyectos quedaron registrados en óleos y acuarelas.

“Tengo rostros de ancianas, un gato dibujado en carbonilla y la carpeta de jardín de infantes... Mi papá siempre me decía que estudiara Bellas Artes porque mi vocación estaba allí. No me arrepiento de haberme formado como técnica dental, porque siento que eso me ayudó a hacer lo que hago ahora también, porque debo trabajar con luces, sombras, fondos y tonalidades para darle volumen. Para hacer un diente necesito 20 frascos de pintura. Por ahí tengo un lugar un poco estrecho en la boca del paciente, pero se tiene que parecer al par que le corresponde del otro lado y entonces tengo que darle esa ilusión”, comentó.

 

 

 

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