Ricardo Rojas: la recuperación de la Historia y de los próceres

Ricardo Rojas, poeta, dramaturgo, orador, político e historiador, nació en la ciudad de Tucumán el 16 de setiembre de 1882. Pasó su infancia en Antajé, una pequeña localidad en la provincia de Santiago del Estero, donde su padre fue gobernador y senador. Luego se trasladó a Buenos Aires donde combinó docencia y periodismo en "El País", "Caras y Caretas" y "La Nación". Creó la cátedra de "Historia de la literatura argentina", pieza clave en la meta nacionalista de la elite conservadora. Se desempeñó como decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires entre 1921 y 1924, y como rector de esa casa de altos estudios entre 1926 y 1930.

Militante radical, tras el golpe de 1930, por su adhesión al yrigoyenismo, es desterrado a la cárcel de Ushuaia, en Tierra del Fuego. Posteriormente fue confinado en una pequeña casa de madera y habría de concurrir a la comisaría cotidianamente para comprobar que no había escapado. En su estadía en el confín del mundo escribió su obra "Archipiélago" sobre la historia de los yaganes y los onas, exponiendo el pensamiento que de ellos tenía Charles Darwin.

En busca de las raíces

Rojas es un poeta de ecos románticos que pronto se incorporó al Modernismo.

A principios del siglo XX algunos intelectuales del Centenario buscaron las raíces culturales en el interior más profundo. El noroeste empieza a ser legitimado como la verdadera Argentina, en oposición de Buenos Aires. Muchos textos reivindican la espiritualidad y el mestizaje indo-hispánico configuran una visión idealizadora del pasado colonial, pensado como el que período en el que se forja la matriz de sociabilidad cohesionadora, sellando un ethos de identidad perdurable, capaz de compensar el aluvión migratorio.

Ricardo Rojas sitúa el "alma nacional" en el pasado, en la cultura popular tradicional y en el Noroeste argentino, especialmente en Santiago del Estero. Rojas emprende un viaje simbólico hacia el pasado histórico para recuperar significaciones profundas contenidas en el folclore y en la historia.

Intelectual de enlace entre siglos, situado en el nacionalismo de la Generación del Centenario, Ricardo Rojas asume un lugar clave en el conjunto de los intelectuales del Estado que colaboran para forjar un discurso nacionalista. Así se elaboran discursos identitarios capaces de crear un efecto inclusivo y homogeneizante en torno de una ciudadanía moderna. Los letrados, desde la especificidad de sus saberes, forjan una narrativa de nación apelando a mitos históricos y políticos que resultan inclusivos.

El Centenario de la Revolución de Mayo y sus festejos suscitaron en la intelectualidad argentina un gran interés por definir ciertas cuestiones relativas al porqué, cómo y cuándo de la Nación. En el contexto de una Argentina en constante mutación social y política, un temor ante la posibilidad de una "desintegración nacional", más ficticia que real, se hizo presente. Fruto de estas tensiones, surgieron las primeras obras que buscaban salvaguardar la cultura y la tradición criolla, y en algunos casos la indígena. Es en este contexto histórico en el que Ricardo Rojas desarrolla su obra literaria.

Incursiona en temas de su tierra natal en sus cuentos "El país de la selva" y temáticas indigenistas. Su temprana preocupación por la identidad nacional derivó en un interés por rescatar el legado incaico para América, reflejado en su trabajo "Eurindia". En 1913 escribió el detallado "Archivo Capitular de Jujuy", realizado en conmemoración el centenario del Éxodo Jujeño. El nombre de esta efeméride había sido acuñado por el historiador Joaquín Carrillo en 1877.

El centenario por el fallecimiento del General Manuel Belgrano, en 1820, le tuvo reservada una importante participación en los homenajes que se desarrollaron en la ciudad de Buenos Aires. Dictó una emotiva conferencia en las honras que la Universidad Nacional de Buenos Aires dictara en el aula magna.

Fue el primero en sistematizar el conocimiento sobre la literatura argentina: destaca su monumental "Historia de la literatura argentina", trabajo publicado entre 1917 y 1922.

El Santo de la Espada

Su sentido nacional, sus dotes de investigador, lo llevan a escribir "Historia de la literatura argentina". En una biografía novelada del general José de San Martín, "El Santo de la Espada", publicada por primera vez en 1933, una suerte de canonización laica que Ricardo Rojas realizó con su hagiografía.

La década de 1930 representa un punto de inflexión en la revisión de la conciencia política argentina. Argentina requería la producción en el nivel de lo imaginario de un sistema de representaciones que articule al colectivo social y le confiera un nosotros. En una sociedad atenazada por múltiples interrogantes, conformar una memoria devenía crucial. Esa memoria produce un anclaje ficcional en el pasado y confiere densidad a una personalidad histórica. Argentina, por largo tiempo dividida en su percepción del pasado, encuentra en San Martín la figura en la que confluye la sociedad y Rojas lo eleva al trono máximo en el sitial de prócer.

El libro "El Santo de la Espada" tuvo un lugar clave en la consagración de José de San Martín en el punto más alto del panteón de los próceres nacionales. Publicada unos pocos años después del primer golpe de Estado de nuestra historia, que en 1930 había derrocado al presidente radical Hipólito Yrigoyen, y a diferencia de las semblanzas anteriores de San Martín, como la de Bartolomé Mitre de 1887, la de Ricardo Rojas lo presenta como un héroe que excede lo castrense.

Desde el comienzo anticipa que “la iconografía del guerrero debe completarse con otras imágenes”. Su libro venía a configurar esos otros aspectos que constituían a San Martín como un “héroe civil”, cuya “sencilla grandeza excede las medidas usuales del heroísmo militar”, tal como lo expresaba Rojas.

“El Santo de la Espada” tuvo una capacidad aglutinante que lo instituye como Padre de la Patria, y a la vez ese lugar clave que ocupa en la identificación nacional, en buena medida se asienta sobre la semblanza de “sencilla grandeza” que acuñó Rojas en su libro. San Martín era y sigue siendo reivindicado como héroe fundador desde todas las posiciones políticas.

Reconocimiento a Güemes 

El NOA se presenta como un espacio simbólico muy rico por antigüedad cronológica, diversidad religiosa, frondosa producción mítica y eventos épicos clave en la historia colonial y en la emancipación nacional.

De tal suerte, en 1915, con motivo de la inauguración del pasaje Güemes, de estilo art nouveau, sito entre las calles Florida y San Martín de la Capital Federal, pronunció una de las primeras conferencias sobre el prócer, en la que destacó el vínculo entre San Martín y Güemes. Al acto asistieron el presidente de la Nación Dr. Victorino de la Plaza, su gabinete, el intendente municipal, el arzobispo de Buenos Aires y personalidades representativas de la política, la economía y la sociedad porteña.

El edificio, denominado Galerías Güemes, ejemplo de la modernidad y pujanza de la ciudad, ponía a Buenos Aires a la altura de las grandes capitales europeas. Con 116 metros de extensión y locales comerciales en niveles, poseía un pasaje peatonal interior, objeto de la recordación al prócer salteño.

En su alocución relata que el general San Martín tenía el raro don de adivinar los hombres entre las multitudes y valorar sus cualidades especiales. Expresa que el Libertador de los Andes había encontrado al hombre que necesitaba para la guerra de partidarios en el comandante Martín Güemes, iniciador de este tipo de hostilidades, y le confió el mando de la línea de avanzada del pasaje. Refiere que desde entonces las hostilidades parciales tomaron un nuevo impulso y la guerra de partidarios asumió un carácter verdaderamente militar, tomando con resolución la ofensiva. En la narrativa de Rojas concluye que: “Así sellaron su fraternidad de trabajos y de glorias aquellos dos paladines, y cuando el de los granaderos se fuera a pasar los Andes, para libertar a Chile y desclavar de las murallas de Lima al confalón de Pizarro, supo bien que eso no era una locura imposible, porque ahí quedaba el de los gauchos de Salta, para cuidarle el flanco, distrayendo a La Serna y apoyando en las alternativas de una misión concorde, la empresa común de la libertad americana. Por eso durante cinco años, desde Humahuaca hasta Suipacha, por el largo bastión andino, el uno quiso siempre saber lo que el otro hacía y los dos no dejaron de mirarse por sobre las cumbres, en el reflejo de sus dos estrellas”.

Ricardo Rojas defiende la acción güemesiana frente a quienes sostuvieron que el prócer no sostuvo ninguna batalla: “Alguien dice que Güemes no dio grandes batallas campales, como San Martín o Belgrano. Sin duda él no dio esas batallas decorativas de la gloria marcial. Pero, ¿qué fue su resistencia sino una colosal batalla que duró siete años, con el centro en Humahuaca, un ala en la Quebrada del Toro y la otra en la frontera del Chaco? A menos que prefiráis medir su acción diciendo que son mil combates en el asalto diario de las emboscadas”.

La preocupación de la muerte de la cultura gaucha e indígena a manos del “progreso”, la certeza de que las costumbres antiguas se mantenían vivas en muchas provincias del interior y que el progreso no debía eliminarlas lo llevó a rescatar las culturas y sus actores no solo con un interés arqueológico o museológico, sino para diseñar una cultura y un espíritu que sirviera de guía para el futuro. Ricardo Rojas avizoró que la educación era uno de los mecanismos fundamentales para generar, en la multicultural población argentina un sentimiento de pertenencia y de compromiso hacia el país, como el método principal para una paulatina pedagogización cultural cimentada en “valores patrios”. En ese contexto, Belgrano, San Martín y Güemes tuvieron un lugar importante en su obra literaria y contribuyó a la difusión del prócer salteño.
 

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