Massa es el último recurso de un gobierno fracturado

Con la incorporación de Sergio Massa como ministro de Economía, Desarrollo Productivo y Agricultura, el Gobierno nacional parece dispuesto a producir un cambio drástico en la gestión, después de 31 meses y con poco más de un año para superar las arduas dificultades que afronta el país.

Los problemas son severos y el mismo Massa ya los ha esbozado: frente a una inflación galopante, se propone lograr lo antes posible el equilibrio fiscal y normalizar el comercio exterior, con la meta puesta en el estímulo a la producción industrial, agropecuaria y minera, y la incorporación de la economía del conocimiento.

No se trata de la llegada de un salvador. Sí de un político fogueado para hacer un cambio estratégico al otorgar al área económica una conducción unificada, con un ministro dotado de amplios poderes. Massa fue titular de la Anses, jefe de Gabinete y, a partir de 2013, fundador y referente del Frente Renovador, que ganó las elecciones bonaerenses de ese año y logró un importante desempeño en las presidenciales de 2015. Es, por eso, un interlocutor con mayor respaldo que sus antecesores ante los organismos internacionales, los inversores internos y externos y el sector empresario ar gentino.

Se lo vislumbra como un político que confía en el mercado y en el sistema productivo como factores insoslayables para sacar al país de un estancamiento que ya lleva una dé cada.

Los 16 meses que restan al actual mandato no dan lugar para esperar un milagro económico, pero sí para producir señales favorables que permitan incrementar la confianza de inversores y exportadores y, al mismo tiempo, poner freno a la disparada del dólar paralelo y a la inflación. En definitiva, poner en marcha una cierta normalización de la economía.

El miércoles, una vez que haya asumido en su nuevo cargo, Sergio Massa dará una conferencia para informar las medidas inmediatas que proyecta tomar. Es imprescindible que, al mismo tiempo, esas medidas queden enmarcadas en un plan económico, del cual el país carece hasta el momento.

El nuevo ministro cuenta con el respaldo de varios gobernadores y de gran parte del peronismo y del sindicalismo. Todos ellos perciben que el debilitamiento del gobierno y la fractura interna del Frente de Todos no solo conduce a una debacle electoral el año que viene, similar a las que se han producido en varios países de la región, sino que la anarquía política en que puede derivar la actual crisis sería el anticipo de una implosión del sistema.

La confianza de aquellos sectores en Massa parte del hecho de que él fue uno de los gestores del conflictivo acercamiento entre el Frente Renovador y el kirchnerismo, que llevó al triunfo a Alberto Fernández y Cristina Kirchner.

La normalización del escenario político y económico no solo es una urgencia electoral, sino una necesidad perentoria del país.

Así como en marzo pasado el Congreso Nacional aprobó por amplia mayoría el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, gracias a un consenso entre el oficialismo y la oposición, el nuevo Gabinete, cuya conformación final conoceremos en los próximos días, deberá esmerarse en superar el enfrentamiento agónico que sumerge al país en una grieta suicida.

Los extremismos no entienden de democracia, porque creen en verdades absolutas y en el poder como una atribución que no admite diálogo ni negociación. El hostigamiento del Cristina Fernández y su corriente interna al Gobierno ha sido de moledor.

La democracia real, en cambio, se basa en la capacidad de las diversas fuerzas para encontrar puntos de acuerdo, construir políticas de Estado y consolidar objetivos sostenidos en el tiempo.

La situación actual del país solo se va a resolver con una mejor convivencia. Si en esta nueva etapa se muestran signos de respeto y tolerancia y se abandonan las posiciones maniqueas y autodestructivas, el país podrá capitalizar sus fortalezas económicas y humanas.

Con Massa en el Gabinete, el Gobierno juega su última carta. Si se muestra capaz de plantear el actual cuadro de situación, buscando soluciones y no inventando culpables, podrá ofrecer a la gente un margen valioso para la esperanza.

 

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