El freezer de la ideología

El ex jefe montonero Fernando Vaca Narvaja es el ejemplo más claro de la capacidad que tiene cualquier ser humano de congelarse en el tiempo y mirar la realidad desde una burbuja. Hace pocos días, en un reportaje, sostuvo que "la contraofensiva montonera fue un éxito; la dictadura cae por un proceso de resistencia".

Esa "contraofensiva" fue un gran fracaso, como todos los emprendimientos militares de esa organización. Esa aventura irresponsable, que arroja sospechas sobre sus ideólogos e instigadores, terminó por aniquilar a la ya dispersa organización insurreccional, la más numerosa y con mayor inserción política de las que operaron en el continente en los años 70.

Nadie que haya vivido en la Argentina en esos años ignora que la dictadura militar sucumbió por sus propias torpezas, su enorme fractura interna y por la incapacidad de alcanzar los objetivos que había enunciado José Alfredo Martínez de Hoz. No fue la resistencia, sino la inflación. Sí fue eficaz para llevar adelante un genocidio de prisioneros políticos: guerrilleros, abogados, militantes de base o familiares y amigos, vinculados a las organizaciones armadas revolucionarias.

Vaca Narvaja interpreta que la contraofensiva, donde se inmolaron más de cien cuadros militares, sembró la semilla revolucionaria y el fin del militarismo en América latina. El ejemplo de la guerrilla nicaragense y su triunfo en 1979 no es el más feliz. Daniel Ortega, cuatro décadas después, es el jefe de una dictadura familiar brutal y primitiva.

Sería de esperar que, a los 74 años, un ex jefe militar de la guerrilla explicara mejor la génesis de la violencia política que impregnó, por lo menos, las cuatro décadas previas al homicidio de Pedro Eugenio Aramburu, acto fundacional de Montoneros.

El funcionamiento de las Fuerzas Armadas como "reserva moral de la Patria", que los convirtió en el brazo militar de elites minoritarias y conservadoras dedicadas a desplazar a los gobiernos civiles, democráticos y republicanos a través de golpes de Estado sanguinarios. Las fechas son elocuentes: 1930, 1943, 1955/56 (con el bombardeo sobre Plaza de Mayo, el derrocamiento de Perón y los crímenes políticos cometidos por la dictadura de Aramburu), 1962, y 1966. Es la cronología del aborto de la democracia argentina. Así nacieron la Resistencia Peronista, Tacuara, y otras organizaciones de perfil nacionalista, popular, con una mezcla ideológica entre el socialismo triunfante en Cuba y la memoria subyacente de los autoritarismos europeos. Después, ERP, Montoneros, FAR, FAP y otras organizaciones militarizadas.

Un ex dirigente político y militar del nivel que se atribuye Vaca Narvaja está obligado también a realizar un análisis fundamentado de las cuatro décadas que siguieron el golpe de Estado de 1976, tanto en la Argentina como en América Latina. Fueron diversos los resultados que lograron las dictaduras en cada país; en general, orientadas a un capitalismo sin democracia.

Sería necesario que analizara, década por década, la crisis petrolera derivada de la guerra árabe israelí de 1973; el fracaso de las economías que intentaron la industrialización por sustitución de importaciones; la crisis de la deuda, en los 80; la década neoliberal, en los 90: y los resultados catastróficos de los populismos bolivarianos en Venezuela, Ecuador y Argentina; en menor medida, en Bolivia (un país con características sociales y políticas particulares); las experiencias de, Fernando Cardoso, Lula y Jair Bolsonaro, en Brasil, y los traumáticos procesos de Colombia y Perú.

No es trascendente el parentesco de Vaca Narvaja con Cristina Kirchner o los delirios "maoístas" de su hijo Sabino, el embajador en China, que parece ignorar que la revolución de Xi Jinping surge de la masacre de miles de estudiantes maoístas contra la modernización que proponía Deng Xiaoping.

El nivel de análisis del ex jefe montonero ayuda a comprender una parte de la historia. Vaca Narvaja reedita la ceguera ideologizada que, hace medio siglo, llevó a la organización a desafiar a Perón matando a José Rucci; a evaluar como victoria el bochornoso ataque al regimiento de Formosa y a interpretar el golpe de Videla como el último recurso del sistema para "detener la revolu ción".

 

 

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