Los detalles de la historia de la pacífica gobernación del Señor del Milagro

En agosto de 1861 el coronel José María Todd fue electo gobernador de Salta. Era un militar patriota que había sido oficial del ejército formado por su tío, el general Juan Antonio Álvarez de Arenales, en la última campaña del Alto Perú. Había participado también en la guerra con el Brasil como ayudante del coronel José María Paz, jefe del Regimiento Salta.

Todd era un salteño típico de su época y, aunque era de ascendencia británica por su padre, descendía de tradicionales familias salteñas como los Toledo Pimentel. Era, además, primo hermano por línea materna del general Rudecindo Alvarado.

En 1856, cuando regresó a Salta de su exilio en Bolivia, formó el Partido Federal con los exgobernadores Manuel Solá y Miguel Otero. Luego fue presidente de la Legislatura y gobernador interino.

Finalmente, en agosto de 1861 fue electo gobernador en reemplazo del unitario Anselmo Rojo. Y como llegó al gobierno en un momento de convulsiones intestinas, debió soportar los embates de una oposición pertinaz.

En el escenario nacional, pese a la unidad concertada en el año 60, aún se debatían temas anteriores a Caseros, interfiriendo así las alianzas pactadas entre los gobiernos de Buenos Aires y la Confederación Argentina.

Invasión tucumana

Así, en medio de un clima de discordia, tropas de la provincia de Tucumán, al mando del unitario José María del Campo, invadieron sorpresivamente los departamentos del sur de Salta.

Obviamente, ello obligó a Todd a organizar una expedición militar para defender la integridad territorial de su provincia. Pero este pronto cayó en cuenta que casualmente dicha invasión ocurría cuando se rumoreaba que sus opositores salteños tramaban una revuelta para desalojarlo del poder. Tal como le había sucedido a Güemes cuando ocurrió el enfrentamiento con Bernabé Aráoz en 1821.

Tood reflexióno y se dijo: "Este bastón de gobernador no me es útil en la campaña. Yo lo deposito a los pies del protector de Salta". Y así fue, a los pies del Señor del Milagro dejó su bastón de gobernador.

Sus contemporáneos dijeron que con ese gesto Todd había logrado lo que buscaba: "Evitar que la confabulación triunfara".

El hecho es que nunca se supo a ciencia cierta si la invasión tucumana tuvo algo que ver con la conspiración local, pero observadores de aquella época aseguraron que, efectivamente, las fuerzas invasoras habían tenido la intención de auxiliar a los opositores a Todd, al obligarlo a dividir fuerzas en el interior provincial. De todos modos, presionado por las circunstancias, Todd se vio obligado a abandonar la ciudad para dirigirse al sur de la provincia.

Misa en la Catedral

Lista la expedición para marchar hacia Metán y Rosario de la Frontera, el gobernador mandó a celebrar una misa en el atrio de la Catedral, que por entonces ocupaba el antiguo templo de los Jesuitas. Contó con la asistencia de todas las autoridades y el pueblo, y se imploró el auxilio del Señor del Milagro para que las armas de Salta tuvieran éxito en la campaña que emprenderían. Al final de la ceremonia Todd subió solemnemente al altar y dijo estas palabras:

"Señores: en estos momentos solemnes no es la insignia del poder sino la acción lo que se necesita. Este bastón de gobernador no me es útil en la campaña militar que voy a emprender. Yo lo deposito a los pies del protector de Salta", dejándolo sobre las andas, al pie del Señor del Milagro.

Años después Todd aclaró el asunto en una entrevista transcripta por el historiador Antonio Zinny en "Historia de los gobernadores argentinos". "La concurrencia -memoró Todd- aplaudió frenéticamente mi iniciativa, pero después mis enemigos me inventaron la patraña de que yo había delegado el mando en el Señor del Milagro para evitar la conjura. ¡Mienten!".

En verdad es que al ausentarse Todd de la ciudad, legalmente correspondía que dejara en su lugar al presidente de la Legislatura, don Miguel Francisco Aráoz, pero este curiosamente no estaba en Salta, sino en San Pedro de Jujuy. El hecho es que ninguno de los contemporáneos de Todd dudaron sobre el éxito de su treta "pacifista". "Logró lo que buscaba: evitar que la confabulación triunfara", dijeron los observadores de entonces.

Otro milagro

Pero volviendo a la expedición de Todd, este partió con su ejército rumbo al sur con el fin de expulsar a los invasores, pero al llegar al río Juramento supo que las tropas tucumanas al enterarse que el gobernador salteño marchaba sobre ellos de inmediato evacuaron el territorio tomado. Pero, más aún, lo que más extraño a propios y ajenos fue que habían retrogradado sin llevarse nada, ni siquiera una vaquita. Por supuesto, esto fue interpretado por creyentes y no creyentes como una nueva y feliz intervención del Santo Cristo del Milagro.

Habiendo puesto los tucumanos pies en polvorosa, desde el Juramento Todd emprendió el regreso a Salta y no bien arribo a la ciudad matando caballo, lo primero que hizo fue pasar por la Catedral y retirar su bastón de mando que días antes había dejado al pie del Señor. Para su satisfacción, lo encontró reluciente y tal cual lo había dejado. Ningún adversario se había asomado por el templo y ni siquiera se habían animado alterar el orden ciudadano. Cosa de no creer, los salteños habían permanecido en santas paces, al menos por unos días.

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