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La UNSa y la historia de la investigación científica en Salta

Lunes, 13 de noviembre de 2023 02:38

El periodista y escritor salteño Eduardo Ceballos reeditó su libro sobre la historia de la Universidad Nacional de Salta, que fuera escrito en ocasión del cuarenta aniversario (1972-2012). Dado que estaba agotado, Ceballos decidió hacer una nueva edición, cuando se han cumplido ya los 50 años de su existencia (Ceballos, E., 2023. Universidad Nacional de Salta. Aportes para su historia. Mundo Gráfico Editorial, 200 p., Salta). Agradezco al autor el haberme invitado a escribir el prólogo de la nueva edición.

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El periodista y escritor salteño Eduardo Ceballos reeditó su libro sobre la historia de la Universidad Nacional de Salta, que fuera escrito en ocasión del cuarenta aniversario (1972-2012). Dado que estaba agotado, Ceballos decidió hacer una nueva edición, cuando se han cumplido ya los 50 años de su existencia (Ceballos, E., 2023. Universidad Nacional de Salta. Aportes para su historia. Mundo Gráfico Editorial, 200 p., Salta). Agradezco al autor el haberme invitado a escribir el prólogo de la nueva edición.

Por razones personales me tocó ser testigo de todos esos acontecimientos, ya que soy egresado de la primera promoción que ingresó a las aulas en 1973. La vida me dio la oportunidad histórica de recorrer el primer medio siglo de la existencia de nuestra casa de altos estudios. Casa que lleva como lema "Mi sabiduría viene de esta tierra", inspiración del gran poeta salteño Manuel J. Castilla. Esta frase invitó e invita a profesores y alumnos a rescatar la profundidad de su propio terruño, de la savia que nutre las venas de esta región andina. Tal como supieron interpretarlo dos de sus más recientes doctores Honoris Causa, el poeta, escritor y filósofo Leopoldo "Teuco" Castilla y la exquisita cineasta Lucrecia Martel.

La savia de la tierra

La historia de esa sabiduría viene desde lejos. Lo que hoy es el territorio salteño, desde la alta cordillera volcánica de los Andes hasta la llanura chaqueña, fue una región poblada por un mosaico de pueblos indígenas que nos dejaron su legado en cientos de testimonios arqueológicos, unos pocos de los cuales se conservan en los museos, otros yacen enterrados y muchos se han perdido irremediablemente.

La sabiduría de aquellos viejos salteños quedó reflejada en sus hermosas cerámicas y objetos de avanzada metalurgia en metales preciosos, cobre y distintos bronces. Más tarde serían los incas quienes trajeron desde el Cuzco, el ombligo del imperio Tahuantinsuyo, la sabiduría de los amautas formados en las Yachay Huasi, o "casas de la sabiduría". Sus amautas, en sus múltiples roles, trazarían los caminos del Qaphacñan, una red vial imperial de miles de kilómetros; su arquitectura pétrea, sus construcciones de andenes, su manejo hidráulico, su fina metalurgia y orfebrería, entre otras maravillas.

El ajuar de los niños del Llullaillaco, con sus delicados objetos de oro y plata, sus tejidos y colores, es una muestra de la sabiduría de los antiguos incas. Luego llegarían los conquistadores españoles, primero de paso como Diego de Almagro y Diego de Rojas, y más tarde como fundadores de ciudades.

El Colegio Nacional

Una de esas ciudades fue Esteco I (1566-1609), trasladada luego a Esteco II o Nuestra Señora de Talavera de Madrid (1609-1692), en donde acaecería un hecho trascendental para los estudios universitarios de Salta. Precisamente en 1623, cuatro siglos atrás, se llevaría a cabo en Esteco II la primera colación de grados doctorales de la República Argentina. El azar quiso que los primeros egresados de Córdoba tuvieran que viajar hasta Esteco, donde se encontraba el obispo de Córdoba, don Julián Cortázar, que estaba enemistado con el gobernador. Con toda la pompa y boato de la época se graduaron allí los primeros doctores. Esteco sería destruida por un sismo en 1692, quedando solo ruinas que fueron excavadas por el malogrado Lic. Alfredo Tomasini, un hombre que aportó muchísimo a la sabiduría de nuestra tierra. Habría que esperar a la segunda mitad del siglo XIX para que comenzaran a vislumbrarse las semillas de la futura universidad. Los viejos salteños marchaban a estudiar a Córdoba, Buenos Aires o La Plata. Y antes de eso a Chuquisaca.

La creación de los colegios nacionales en la década de 1860 se nutría entonces de los mejores docentes e incluso investigadores. Recordemos al astrónomo míster Meaney, que mantenía correspondencia científica con Flammarion, o al químico Maximiliano Siewert. Este último había venido a Córdoba contratado por Sarmiento y el mismo Sarmiento, para que no se volviera a su Alemania natal, lo convenció de venir a Salta. Realizó importantes y pioneros estudios sobre la química de las aguas de los ríos vecinos, las aguas termales de Rosario de la Frontera y El Sauce, las tinturas de los árboles, ensayos de minerales, entre otros aportes. Recordemos también que antes de llamarse Colegio Nacional de Salta se llamó Colegio de la Independencia, Colegio de La Merced, Colegio de San José o Colegio del Padre Bailón, este último en razón de la tarea que llevó a cabo el jesuita español José Agustín Bailón (1814-1872), para organizar los prácticamente inexistentes estudios de letras, ciencias y humanidades.

En diciembre de 1864, Bartolomé Mitre mandó a fundar el Colegio Nacional de Salta y en abril de 1865 nombró como rector y director al Dr. Juan Francisco Castro, a quien acompañaban como profesores, a cargo de todas las cátedras del programa, los eminentes salteños Benjamín A. Dávalos, Andrés de Ugarriza y Federico Ibarguren. El nivel de los profesores y la calidad de los estudios convierten al viejo Colegio Nacional en una especie de proto-universidad para la época.

Ahora bien, Salta cuenta con el lujo de haber tenido, además, el primer científico que realizó un estudio experimental de acuerdo con los cánones de la ciencia moderna y que fuera el famoso médico escocés Joseph Redhead (1763-1844), más conocido por su actuación al lado de Manuel Belgrano y de Martín Miguel de Güemes. Redhead midió experimentalmente la dilatación del aire atmosférico y calculó las alturas precisas del camino de Postas entre Buenos Aires y Potosí, así como de numerosas montañas de la región andina, para obtener una idea real de la fisiografía del sector de los Andes Centrales del sur. Esas investigaciones contaron con el padrinazgo científico del gran sabio universal de la época, el alemán Alexander von Humboldt.

Pasos gigantescos se dieron a partir de la década de 1950 con la creación de los viejos embriones que luego serían la Universidad Nacional de Salta. La Escuela Superior de Ciencias Naturales que fundara el Prof. Amadeo Rodolfo Sirolli (1900-1981), pasó a convertirse en Facultad de Ciencias Naturales dependiente de la Universidad Nacional de Tucumán, para finalmente cambiar en 1973 a la actual Universidad Nacional de Salta. La figura olvidada del Ing. Roberto Germán Ovejero (1931-2007) merece una mención especial en esa etapa formativa. Ovejero fue uno de los artífices y pilares fundadores de la actual Universidad Nacional de Salta. Matemático y físico de nota, tuvo un papel preponderante en la enseñanza y en la investigación. Entre la pléyade de hacedores de la actual Universidad Nacional de Salta, el Ing. Ovejero tuvo un papel determinante como el hombre de la transición desde la vieja Universidad Nacional de Tucumán a la joven y naciente Universidad Nacional de Salta, que abrió sus puertas en 1973. Ello quedó reflejado en el libro "El origen y creación de la Universidad Nacional de Salta" (Mundo Editorial, 2022, 80 p., Salta), edición post-mortem al cuidado de su hijo mayor y homónimo.

Hoy Salta cuenta con un amplio espectro científico en muchas ramas de las ciencias exactas, físicas, naturales, humanísticas, de la salud, entre otras. Científicos extranjeros o de otras provincias argentinas se han radicado en Salta y, viceversa, científicos salteños han emigrado hacia otras latitudes.

Salta no tuvo una historia fundacional de la ciencia como la que intentaron Rivadavia y luego Mitre en Buenos Aires con la importación de científicos italianos, o bien Urquiza en Entre Ríos con los científicos franceses, o Sarmiento que trajo a Córdoba científicos alemanes, centroeuropeos y norteamericanos, para dar vida a la Academia Nacional de Ciencias, o el Perito Moreno y sus sabios suizos de La Plata.

Las semillas fundadoras del siglo XIX son la razón de que Argentina sea hoy la única nación de América Latina en contar con tres premios Nobel en ciencias (Bernardo Houssay, Luis Leloir y César Milstein).

Como dijimos, los estudios universitarios en Salta se inician con la creación en 1952 de la Facultad de Ciencias Naturales dependiente de la Universidad Nacional de Tucumán y que tuvo su origen en la Escuela Superior de Ciencias Naturales que iniciara en 1950 el profesor Amadeo R. Sirolli.

Eduardo Ceballos reedita su libro cuando se han cumplido 50 años desde que el presidente Alejandro Agustín Lanusse firmara el decreto de su creación en 1972 y que comenzara su vida activa en 1973. Salta es reconocida hoy en campos universitarios tan diversos como catálisis, energía solar, procesamiento de minerales, enfermedades tropicales, informática aplicada, alimentos, energías no convencionales, salud, así como en estudios biológicos, agronómicos, geológicos, humanísticos, entre muchos otros. Y todo esto se logró en el último medio siglo, del cual el periodista y escritor Eduardo Ceballos nos entrega una valiosa semblanza para conservar la memoria histórica como un tesoro para las nuevas generaciones.

Y, por último, quiero rendir mi sentido homenaje a dos colegas destacados de la UNSa, profesores recientemente fallecidos. El geólogo Teodoro Chafatinos (1940-2023), un gran especialista en los suelos del NOA, y el Dr. Rodolfo García Maurizzio (1962-2023), un experto mayor en la hidrogeología argentina. Ambos supieron honrar con creces el legado de: "Mi sabiduría viene de esta tierra".

 

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