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Expedicionarios de la ciencia en América

Lunes, 06 de febrero de 2023 02:27

El viaje de los naturalistas alrededor del mundo se remonta a varios siglos atrás. Especialmente con el auge de las Ciencias Naturales que va a tomar forma en los últimos 500 años. España se interesó en las riquezas americanas, pero lo hizo más como una cuestión censal antes que científica.

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El viaje de los naturalistas alrededor del mundo se remonta a varios siglos atrás. Especialmente con el auge de las Ciencias Naturales que va a tomar forma en los últimos 500 años. España se interesó en las riquezas americanas, pero lo hizo más como una cuestión censal antes que científica.

Se registran sin embargo viajes de estudios ya en el siglo XVI, como es el caso del botánico Francisco Hernández de Toledo, naturalista español y uno de los médicos de Felipe II, que recorrió México entre 1572 y 1577 logrando reunir una importante colección de plantas, animales y minerales. Lamentablemente gran parte de la colección y los manuscritos de 38 volúmenes se incineraron en el incendio de El Escorial en 1671. La misión fue financiada por la corona española y contó con dibujantes y personal de apoyo.

También fue importante por sus logros la Misión Geodésica de 1734, donde participaron franceses y españoles que buscaban medir un arco de meridiano en el Ecuador. Entre los franceses destacaban La Condamine y Pierre Bouguer y entre los españoles Jorge Juan y Satancilia y Antonio de Ulloa.

Bouguer publicó sobre la anomalía de gravedad de los Andes que lleva su nombre y Ulloa descubrió el platino nativo. Además, pudieron demostrar que Newton tenía razón y la Tierra era un esferoide achatado en los polos y alargado en el Ecuador. Exactamente al revés de lo que pensaban los hermanos astrónomos Cassini.

Expediciones reales

El siglo XVIII fue muy activo en expediciones reales, especialmente las que tenían fines botánicos. La quina y la quinina tuvieron un alto impacto en la medicina de Indias y muchas expediciones fueron con ese objetivo. Entre 1777 y 1786 se realizó una Real Expedición Botánica al Virreinato del Perú bajo la dirección de Hipólito Ruiz y José Antonio Pavón y Jiménez, ambos botánicos, farmacéuticos y exploradores. En la misma dirección se encuentra la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, actual Colombia, entre 1782-1808, por el sabio José Celestino Mutis.

Tampoco puede dejarse de mencionar la expedición a Chile y Perú de los hermanos alemanes Conrado Heuland y Cristián Heuland que fueran enviados en la década de 1790 por José Clavijo y Fajardo, director del Real Gabinete de Historia Natural de Madrid. Esa expedición recuperó especialmente minerales, ricas muestras de oro y plata nativa, además de conchas de moluscos. Enviaron decenas de cajones de muestras desde Argentina, Chile, Perú y Bolivia; al morir los Heuland, esos materiales quedaron arrumbados y sin estudiar por más de un siglo.

También vale mencionar la expedición de los 15 mineros, mineralogistas y metalurgistas alemanes contratados por el rey de España en 1789 y que vino al Potosí vía Buenos Aires y el camino de postas que pasaba por Salta.

Allí venían, entre otros, el barón de Nordenflycht como jefe y el geominero Anton Zacharias Helms que dejó un estudio fundamental sobre el viaje y sus vicisitudes.

Otra expedición de largo alcance fue la de Alejandro Malaspina entre 1789 y 1794 que recorrió gran parte de América y las Filipinas. Allí venía el checo Thadeus Haenke, naturalista de amplio espectro, especialmente botánico y mineralogista. Fue uno de los pioneros en el procesamiento del salitre chileno, describió la flora de Bolivia y finalmente se radicó y falleció en Cochabamba en 1816 (al parecer la empleada confundió el frasco y le dio un té con veneno).

Grandes naturalistas

Haenke forma parte de los cuatro grandes naturalistas de América Meridional en el siglo XIX; los otros son el alemán Alexander von Humboldt, el francés Alcides D'Orbigny y el inglés Charles Darwin. Aunque a ellos habría que agregarle otro francés como fue Amado Bonpland, compañero de aventuras de Humboldt en el norte de la América del Sur, pero que luego se radicó en Argentina, previo paso por Paraguay donde estuvo preso por orden del dictador supremo Gaspar Francia. Hasta su amigo Bolívar pidió que lo soltaran amenazando que para liberarlo era capaz de invadir Paraguay. El viejo Gaspar Francia, que había estudiado con los jesuitas en Córdoba (Argentina) no le hizo el más mínimo caso y encerró diez años al pobre Bonpland que no tuvo m

ás remedio que dedicarse a estudiar la flora de aquellas regiones. Recordemos que Gaspar Francia también metió presos a otros naturalistas a los que consideraba espías y entre ellos a varios salteños que acompañaban a Pablo Soria en su navegación por el Bermejo en 1826.

En esa década de 1820 cruzaron el territorio argentino camino a Potosí las misiones inglesas del capitán Joseph Andrews y la de sir Edmund Temple. Las obras que dejaron son una rica fuente de información sobre cuestiones naturales de América. En la década de 1850 tenemos los viajes de

los naturalistas franceses y masones contratados por Justo José de Urquiza, Víctor Martín de Moussy, Alfred Marbais Du Gratty y Auguste Bravard a distintos puntos de la Argentina. Todos ellos dejaron obras que hoy son clásicos y motivos de estudio.

Valga como referencia el dato que en Campo Santo (Salta) se plantaba coca y café. Algunos años más tarde Salta ganaría el premio nacional en la exposición internacional de Córdoba organizada por Sarmiento por esas producciones. Las medallas, junto a la del vino de doña Ascensión Isasmendi de Dávalos, se conservan en una vitrina del Cabildo Histórico de Salta. O Sarmiento fue muy bueno con nosotros o nosotros éramos muy buenos produciendo vinos, café y coca de coquear.

En la década de 1860 tenemos el viaje de la Comisión Científica del Pacífico, enviada por la reina de España cuando ya se habían perdido los territorios americanos. Venían allí naturalistas de varios campos de la zoología, botánica, geología, antropología y un fotógrafo y pintor de la Casa Real. Esa expedición quedó unida al nombre de Marcos Jiménez de la Espada. El geólogo, Fernando Amor y Mayor, murió en el viaje de malaria. En esa década de 1860 tenemos también los viajes de los italianos Pablo Mantegazza y Pellegrino Strobel, uno médico y el otro geólogo, ambos con una interesante obra escrita sobre Argentina.

Nuestro país va a alcanzar una posición distinguida en el estudio de la naturaleza con los sabios contratados por Domingo F. Sarmiento y Carlos Conrado Germán Burmeister para la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba. Los viajes geológicos de Alfred Stelzner y Ludwig Brackebusch, los viajes botánicos de Pablo Lorentz y Jorge Hieronymus, los viajes de los hermanos Doering, van a quedar como las bases de las ciencias naturales del país.

Viajes épicos

Las expediciones de Roca a la Patagonia y de Victorica al Chaco también van acompañadas de sabios naturalistas. Uno de ellos el alemán radicado en Salta Francisco Host. Una épica en los viajes de los naturalistas lo constituye la unión de los hermanos Florentino y Carlos Ameghino, uno paleontólogo y el otro geólogo. Ambos recorren la pampa bonaerense, la costa atlántica y la Patagonia en busca de mamíferos fósiles.

Carlos estaba más en contacto con la naturaleza en su rol de naturalista viajero, y su hermano Florentino Ameghino, encerrado en su gabinete clasificaba fósiles y escribía los trabajos científicos que fueron reunidos en una veintena de gruesos volúmenes.

Esa epopeya de colaboración académica, en las peores condiciones económicas, es una de las más grandes de la ciencia mundial. La Argentina llegó a ser conocida en Europa como el país de Ameghino. La juventud de hoy probablemente no sepa el porqué del nombre de las calles Ameghino en todo el país.

Los tesoros de Salta

En la primera década de 1900 llegan dos misiones de las noblezas europeas, financiadas por mecenas. Una de ellas es la misión sueca del conde Eric von Rosen y el barón Erland Nordenskiold a quienes acompañó el arqueólogo Eric Boman. Ellos inician su largo viaje desde la plaza central de Salta y van por la Quebrada del Toro a la Puna a través de El Moreno, Salinas Grandes, Casabindo y luego cruzan a Tarija y retornan a Salta. Una de las obras que dejaron es "Un mundo que se va" de Eric von Rosen, quien hace la primera ascensión al Nevado del Chañi en Jujuy.

La otra misión es la de la nobleza francesa a cargo de G. Crequí de Montfort y E. de Senechal la Grange, en la que también participa Eric Boman. El hallazgo de las ruinas prehispánicas de Tastil proviene de esas misiones. Descubren por primera vez litio en los salares de Bolivia.

Naturalistas viajeros, contratados como tales por el estado argentino, fueron, entre otros, Eduardo A. Holmberg (h) en su viaje a la Puna en 1900 y Enrique de Carles, descubridor del yacimiento fósil de Uquía en la década de 1930. Los naturalistas, salvo honrosas excepciones, fueron todos viajeros y realizaron sus viajes contratados por las coronas europeas, los gobiernos, financiados por mecenas y hasta de motu propio. Sus obras y sus colecciones son parte de los grandes tesoros de la humanidad.

 

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