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Economía electoral, entre el ajuste y el salvavidas

Sabado, 25 de marzo de 2023 02:09

Si pensamos que la economía mejorará en este año electoral y el que viene estamos muy equivocados; no será menor la pesada herencia que recibirá el próximo gobierno, del partido o alianza política que fuere, porque se encontrará con una economía en estanflación (inflación con recesión), sin dólares, con pocas reservas del BCRA y con una cada vez mayor deuda interna en pesos y dólares que podría dar origen a una corrida bancaria.

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Si pensamos que la economía mejorará en este año electoral y el que viene estamos muy equivocados; no será menor la pesada herencia que recibirá el próximo gobierno, del partido o alianza política que fuere, porque se encontrará con una economía en estanflación (inflación con recesión), sin dólares, con pocas reservas del BCRA y con una cada vez mayor deuda interna en pesos y dólares que podría dar origen a una corrida bancaria.

El canje de deuda en pesos de corto plazo, a pesar de la euforia de los anuncios, no fue lo auspicioso que se esperaba; la implementación de distintos tipos de cambio para las exportaciones, destinada a favorecer a determinados sectores, no deja de ser una devaluación encubierta.

Estas medidas ponen en jaque a sectores de la oposición que están diseñando un plan económico para superar las asimetrías de nuestra economía a partir de la asunción del nuevo gobierno.

La sequía provocará una disminución más que importante de dólares, lo que agravará la poca disponibilidad para pagar las importaciones que son esenciales para producir; obviamente, habrá mucho menos para pagar préstamos o títulos de deuda. Si a esta realidad le sumamos que los salarios están por el piso, observamos signos de una recesión, ya en el inicio del proceso electoral, una realidad que con gran preocupación nuestra vicepresidenta llamó "el infierno tan temido".

Estimaciones en la Bolsa de Rosario y en CREA, una asociación civil sin fines de lucro integrada y dirigida por empresarios agropecuarios, anticipan que el principal proveedor de dólares a la economía argentina aportará entre US$ 20.000 millones y US$ 25.000 millones menos que el año pasado.

¿Manotazo a los jubilados?

Por el aumento de la cotización de los dólares financieros y la caída de reservas netas en el Banco Central, con una inflación que ya superó los tres dígitos, el Gobierno enfrenta un escenario desolador.

Para disminuir las actuales y futuras tensiones en el mercado cambiario dispusieron que los organismos públicos vendan los bonos en dólares que tengan en sus patrimonios con el objeto de aumentar la oferta de estos instrumentos en el mercado y mantener controladas las cotizaciones de los dólares financieros, evitando que las inversiones en "contado con liquidación", dólar MET y blue sigan subiendo, aumentando la brecha con el dólar oficial

La decisión multiplica los interrogantes; podría asimilarse a lo que sucedió con el dólar soja, creado para acumular reservas y tranquilizar el frente cambiario; podríamos también estar en un escenario parecido al de la venta de títulos dolarizados. Es decir, medidas de parche y de mantenimiento hasta llegar a las elecciones.

Pero el dato que más recelos y polémicas genera es que el principal vendedor de los títulos en dólares emitidos bajo legislación local será la Anses, que perderá parte de su capital producto del aporte y que conforma el fondo de garantía para que nunca falte dinero para pagar a los jubilados

El pánico color verde

La falta de dólares es muy grave, porque si el Gobierno se queda sin reservas tendrá que pedir prestado, lo que implica mayor endeudamiento con altos costos que los pagaremos todos los argentinos. Con el agravante de que el "riesgo país" espanta a cualquier inversor extranjero.

Las lluvias que se esperaban para febrero no fueron suficientes, y las altas temperaturas que persistieron en marzo, en un año electoral, pone al descubierto a un gobierno que no atina a otra cosa que aplicar políticas de parche. Y, por cierto, por ahora no lo ayuda la suerte, por lo menos en la economía. Es hora que el poder central entienda que el campo funciona a la perfección, pero no es la gallina de los huevos de oro; sin fondos anticíclicos cualquier solución es provisoria. Incluso, puede fallar, como ahora cuando la única estrategia es patear "arriba, fuerte y lejos".

Varios analistas ya le sugirieron al Gobierno que inicie los ajustes necesarios para disminuir el gasto público y la emisión monetaria para que no crezca la inflación. Es una verdad de Perogrullo: este gobierno, el que está ahora, debe resolver cómo se recorta el gasto (hay mucho dispendio completamente prescindible), que se revise el destino de los planes de asistencia, que se sinceren las tarifas y que se evite al mismo tiempo aumentar los impuestos y recortar (disimuladamente) sueldos y jubilaciones.

Y con una canasta alimentaria que aumentó más que la inflación general en los últimos cinco años, los ingresos de 9,2 millones de asalariados informales, en negro, han caído un 39,5% desde 2017. Es la cartera electoral del oficialismo.

La campaña electoral y las encuestas adversas ponen a Sergio Mazza entre la espada y la pared: seguir con el ajuste fiscal o empezar con un nuevo plan platita.

Encima, el kirchnerismo le impuso la moratoria previsional, que se suma estrepitosamente a las limitaciones que tiene el ministro, encorsetado por la economía y la política. Y seguir emitiendo dinero es casi una garantía de que la inflación se va a espiralizar.

Existen opiniones que pronostican lo que debe hacer el nuevo gobierno, entre ellas la de Alberto Bernal, jefe de XP Securities, un banquero que desde hace 20 años sigue la economía de Argentina desde Wall Street y cree que el mercado no tendrá consideraciones con el país. Ahora afirmó que no habrá margen para el gradualismo ni fiscal ni cambiario. "Argentina no tiene el beneficio de la duda. Lo único que funciona es el delivery y 'ver para creer', porque no hay confianza. Si el próximo gobierno quiere sacar al país de este espiral tan complicado es imprescindible arreglar los problemas inmediatamente, así sea extremadamente doloroso".

Los técnicos políticos de distintas corrientes que están preparando el plan económico del nuevo gobierno saben que no será fácil salir adelante, con cerca de un 50% de economía informal, índices récords de pobreza, indigencia, desocupación, conflictos sociales, con serios síntomas de recesión y abultada deuda externa e interna.

Economía bimonetaria

En su última exposición pública, Cristina Kirchner opinó sobre dolarización, el FMI y la economía bimonetaria. Y más de un analista se sorprendió con estas afirmaciones. La vice cree que el problema de la economía bimonetaria actualmente excede la cuestión económica y que está en la propia base de la estabilidad institucional del país; además, opinó que la falta de dólares se está transformando en el principal escollo para el crecimiento del país y la recuperación del poder adquisitivo de los salarios, a lo que se suma que la falta de divisas agudiza el proceso inflacionario.

No podemos olvidar que la bimonetización surgió como consecuencia de la pérdida de valor de nuestra moneda y que la falta de dólares se debe a que el país no brinda un dólar competitivo para exportar, razón por la cual el ministro Sergio Massa ha creado distintos tipos de cotización de determinados rubros, que no es otra cosa que una devaluación encubierta.

Las posibilidades son dos: solo con mayor producción y agregando valor a nuestras materias primas mejoraremos los salarios; como contrapartida, lo que agudiza el proceso inflacionario y destruye los salarios argentinos es la excesiva emisión monetaria para cubrir el déficit fiscal.

Nadie sabe qué piensa hacer Cristina para resolver la economía bimonetaria, pero sí es claro que descarta propuestas como la neoconvertibilidad o la dolarización.

Hoy se hace sentir la ausencia de una plataforma para discutir los problemas de fondo del país, mientras que nadie se muestra decidido a presentar un proyecto con objetivos, plazos y sacrificios (que habrá que hacer, aunque cueste).

La vicepresidenta adelantó que será necesario revisar el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional porque el exigente calendario de pagos que le espera al próximo gobierno no permitirá que sobren dólares para financiar las importaciones de insumos industriales.

Es cierto, será necesario refinanciar la deuda con el FMI, pero para que sobren dólares es necesario aumentar las exportaciones y para que ello ocurra se deberá incentivar a los inversores y las empresas pequeñas, medianas y grandes con leyes amigables para que aumenten sus producciones, generen excedentes exportables. Así, por supuesto, más cantidad de dólares ingresarán al país. Cuesta creer que un gobierno de sesgo antiexportador pueda concebir y ejecutar una economía exportadora.

Hoy, en el mundo, se ve a la Argentina como un país con potencial exportador en energía, litio y cobre, agroindustria y servicios tecnológicos. Pero es un potencial -excesivamente potencial- opacado por la experiencia de nuestro país: somos expertos en desperdiciar oportunidades.

Más allá de la declamatoria de Cristina acerca del diálogo y la cooperación, lo cierto es que el método de buscar culpables en las empresas, los medios, la oposición y el FMI erosiona su credibilidad.

La realidad indica que sin políticas de Estado y sin un compromiso colectivo, donde nadie quiera salvarse con parches (es decir, pateando "alto, fuerte y lejos") y donde todos asuman la responsabilidad del país y de la sociedad, este declive que venimos experimentando desde hace medio siglo no podrá ser frenado; más bien, si seguimos así, cabe esperar que los males se conviertan en avalancha.

 

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