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Felipe Catalán: "El concepto es jugar con el arte, jugar hacia el arte, jugar por el arte"

El plástico expone parte de su obra en el Ciclo Maese. En el Museo de la Ciudad, La Florida 97, tres salas dan cuenta de una trayectoria plena de colores y arte. El artista dialogó con El Tribuno.
Sabado, 13 de mayo de 2023 15:15

El acuarelista, dibujante y escultor Felipe Catalán expone en el Museo de la Ciudad Casa de Hernández. Parte de su obra puede verse en tres salas de la Florida 97, dentro del Ciclo Maese, dedicado a grandes artistas de la ciudad. Nació en Potosí y en 1984 se radicó, junto a su familia, en Salta. Trabajó como dibujante publicitario, estuvo ligado a la televisión y dirige la primera Escuela de Acuarela Intuitiva Creativa. Expone individualmente desde 1988, obtuvo numerosos premios. En su obra "nos hacemos cómplices de su disfrute, de su asombro al descubrir las formas (los mundos), que una sutil trama de azar y conciencia, materializados en acuarela, van gestando", dice Víctor G. Fernández, director del Museo Quinquela Martín, CABA, en el catálogo de la exposición.

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El acuarelista, dibujante y escultor Felipe Catalán expone en el Museo de la Ciudad Casa de Hernández. Parte de su obra puede verse en tres salas de la Florida 97, dentro del Ciclo Maese, dedicado a grandes artistas de la ciudad. Nació en Potosí y en 1984 se radicó, junto a su familia, en Salta. Trabajó como dibujante publicitario, estuvo ligado a la televisión y dirige la primera Escuela de Acuarela Intuitiva Creativa. Expone individualmente desde 1988, obtuvo numerosos premios. En su obra "nos hacemos cómplices de su disfrute, de su asombro al descubrir las formas (los mundos), que una sutil trama de azar y conciencia, materializados en acuarela, van gestando", dice Víctor G. Fernández, director del Museo Quinquela Martín, CABA, en el catálogo de la exposición.

"Es una invitación a mi recorrido desde cuando yo empecé a pisar este hermoso valle, vine con el sueño, como todo inmigrante, de vivir del trabajo que uno pretende desarrollar en su vida, y encontré un espacio con mucha energía, mucha poesía, mucho canto, mucha profundidad, y dije 'creo que esta es la tierra prometida'. Por lo tanto, mi esposa, mis tres hijos y yo decidimos empezar una aventura en esta tierra", dice el artista en la charla con El Tribuno. 

¿Conocía Salta?

No, no conocíamos; no sabíamos ni la ubicación geográfica exacta. Fue un accidente que nos dejó por acá, y nos sedujo en cuanto vimos que era una tierra diferente, un valle hermoso que nos gustó mucho, y a los chicos les encantó el solo haber visto las naranjas en la plaza...

 Los colores del artista dan vida a una exposición retrospectiva. Fotos de Pablo Yapura

La exposición tiene que ver con esa memoria, con ese recorrido...

Sí, es una exposición desde cuando yo empecé a trabajar con la esperanza puesta con la aguda visión de que un día podría desarrollar yo el arte que siempre soñé. Me estoy refiriendo al arte intuitivo, al arte que no tiene escuela porque yo nunca estudié arte. Especulé mucho la introversión como para poder extraer algo… según había leído, Carl Gustav Jung decía "el que mira para afuera sueña y el que mira para adentro despierta". Entonces, ese fue el principio de una vocación nueva porque yo llegué casi a los 42 años, era ya un trabajador del campo de la Química, de laboratorio, y pensé encontrar algo relativo a ese tipo de trabajo, pero no pude conectarme por razones obvias de la documentación, permisos profesionales... así que tuvimos que organizarnos una nueva vida.

Dibujó publicidad...

Sí, sospeché que yo tenía una cierta relativa habilidad para dibujar, para crear en función de que alguien nos vio una cantidad "exuberante", humanamente hablando, éramos cinco, y nos dijo que éramos familia numerosa y que parecíamos conejitos. Y de ahí surgió la idea de crear el primer personaje para la empresa publicitaria Lumpi, y empezó la carrera publicitaria creando personajes de este tipo. Aparecieron los conejos de Cabana, para ese gran súper con cinco sucursales que competía con Lozano que era de Jujuy. Y fue muy interesante porque me dieron la oportunidad de crear personajes en movimiento para la televisión.

¿Trabajaba entonces para la televisión?

En realidad, yo trabajé en una oficina de publicidad sin integrarme aún a la televisión. Eso sucedió después de que llegué a crear muchos personajes para la publicidad salteña. La televisión puso sus ojos en mí, en la persona de don Luciano Tanto, que fue director artístico de Canal 11 por entonces. Él me dio la oportunidad de trabajar en la televisión con el trabajo que hacía en la empresa publicitaria. Y empecé a desarrollar este trabajo más publicitario que artístico, artísticamente con una responsabilidad de venta, por decirle que publicidad pura fue lo que desarrollé en ese tiempo.

¿Ya hacía acuarela?

Ocurre que llegó un momento en que tuve que alejarme de la publicidad televisiva y, por entonces, yo pintaba acuarela porque de niño uno… En la Paz, Bolivia, había desarrollado esa técnica de la acuarela que -como es conocido- son pastillas de pintura disueltas en agua, y con degrades que uno podría controlar con un pincel específico para poder crear veladuras que simulaban el aire del valle, de la montaña, tormentas. Todo eso que es exuberante cuando salimos a ver el paisaje.

Y descubre formas…

Yo había leído que tenemos siete chakras, el lugar sexto coincide con la glándula pineal que está recepcionando nuestra capacidad de visualización, de clarividencia. Entonces en las acuarelas empecé a especular la forma de las apariencias de los elementos sin llegar a desarrollar mucho paisaje. Me inquietó la forma de haberlo interpretado a un artista famoso, Max Erns. Él inventó la técnica del frotage, frotaba sobre una monedita un papel con una mina con bastante tono, y se notaba que en el frotado salía la figura de la moneda. Y, entonces, dije "a la acuarela yo le voy a dar ese tratamiento para ver qué es lo que puede ocurrir". Y leyendo me enteré de que a Vincent van Gogh, el pintor holandés, su hermano le preguntó por qué no intentaba pintar acuarela, y le contestó –y está en sus Cartas a Theo, en la página 166- "yo no hago acuarelas porque las siento diabólicas". Entonces, los dos ingredientes específicos del arte intuitivo para mí son la capacidad de visualizar los vacíos, apelando a la pareidolia (un estímulo vago y aleatorio -una imagen- se percibe como una forma reconocible), con algo pletórico en contenido, y la sugestiva expresión de Van Gogh que consideró un tanto diabólica la conducta lúdica de las veleidosas acuarelas. Así se inició una técnica que tiene que ver mucho con los impulsos de nuestra interioridad; encima, uno descubre que tiene un niño adentro, postergado, escondido. Heidegger dijo que un ser humano cuando es grande no debe traicionar los sueños de su criatura. Y empezaron los juegos de la acuarela hechos de otra manera; aplastándola daba la sensación de que podíamos -como criaturas nuevas, niños nuevos- descubrir mensajes que nos enviaban las manchas de la acuarela y los garabatos en el dibujo, que se hacían con pequeños lapicitos que cabían en los dedos. Entonces, combinamos dibujos con pintura y, de esta manera, surgió la escuela de arte intuitivo, creativo, imaginativo. Y empecé a viajar llevando esa escuela por Tucumán, por Buenos Aires, por Córdoba, por Alta Gracia, por Jujuy. Y fui bien recibido, porque todo lo novedoso en Argentina tiene su valor de aceptación. Agradezco mucho al pueblo argentino que comprendió que haciendo algo nuevo podría yo fortalecer, construir una escuela con este basamento, con las dos particularidades que le comenté.

Se recibió de maestro en Artes Plásticas en Bolivia...

Sí, hice artes plásticas, pero no aprendí a dibujar porque los profesores eran teóricos. Yo de teoría sabía mucho, pero de práctica en absoluto. Pero acá sí lo logré, considerando que las acuarelas frotadas me enviaban mensajes de rostros, particularmente. Y empecé a degustar otra forma de manifestar las expresiones humanas. Si usted se fija en la exposición, ningún personaje es bastante atractivo, tienen una cierta decadencia de perfección, pero en su imperfección son sumamente atractivos, son personas que tienen una expresión que llama la atención de por qué, de dónde surgen...

¿Por qué "El sabio juego del arte"?

El curador, Víctor Fernández, un amigo que es director del Quinquela Martín, escribió para el catálogo que yo era una persona que juega con el arte, que juega con el agua... Y remontándome al pensamiento de mis abuelos, mi abuelo particularmente, entendí que hacer arte es también ver cómo las cosas encajan entre sí. ¿En base a qué? A que mi abuelo era pirquero, manejaba bien las piedras y hacía esas paredes sin dejar intersticios, no dejaban huecos que pudieran mostrar la separación de las piedras, como en el Cusco más o menos. No cabe una hoja de Gillette entre piedra y piedra. Entonces, esa técnica de elaborar formatos me sirvió mucho como para considerar que en jugar, pintar pequeñas obritas, ir juntándolas, reuniéndolas en su fragmentación, hay alguna temática comprensible. Son fragmentos como si se juntaran las piedritas con las que juega este niño, y nos muestran sensaciones, emociones... Las expresiones más que nada de los personajes unidos de esta manera denotan un contenido artístico.

Hay mujeres, hombres, niños en su arte, y usted recurre al niño cuando pinta. ¿Cómo ingresa la memoria de su niñez en Bolivia en su obra?

Yo creo que allá aprendí de la gente que vive en el campo, en la montaña. Los verdaderos, los genuinos creativos hacen el arte textil; elaboran unas cintas fraccionadas de cuadraditos de cuatro centímetros por lado y unas tiras que después se ponen en la frente para las ceremonias, y los motivos  de los contenidos de cada cuadradito son relativos a la cordillera, a la Puna, a la vicuña, al viento... todo lo que consideran que les afecta emocionalmente y tienen esa capacidad de estilizarla a su manera, y con colores que en una fase de la cara muestran el día y en el anverso, el tema nocturnal. Es una forma extraordinaria cómo esta gente sin modelos, sin diseños son excelentes creativos... y cómo no voy a ser yo el resultante de tanta exuberancia de creatividad, cómo no voy a seguir los pasos de estas personas que han rescatado de sus ancestros como yo rescato la capacidad de juego de mi abuelo en sus paredes, cómo no voy a hacer arte de esta manera. No es necesario seguir cursos para poder identificarse con el niño que es a la postre el que realmente hace el trabajo. Entonces, el concepto genuino de esta exposición es jugar con el arte, jugar hacia el arte, jugar por el arte. Usted mismo cuando vea la muestra va ver el grito que pintan los niños, nada más que ahora se lo muestra con mucho más color, con más claridad, pero son garabatos hechos por un chico al que le gusta hacer rayones en las paredes y esos ya son elementos que nos desafían a que nosotros completemos lo que la criatura interna nos está dando a modo de coordenadas. Eso es lo que siento que es esta exposición.

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