inicia sesión o regístrate.
Sin estridencias, pero con definiciones que marcan el pulso de un año exigente, Juan Román Riquelme volvió a hablar del presente de Boca Juniors. Lo hizo en una entrevista con un canal de streaming, en un momento sensible: el equipo se prepara para arrancar el torneo sin refuerzos confirmados y con la presión de transformar buenas campañas en una consagración. En ese contexto, el presidente eligió un tono directo y asumió una autocrítica poco habitual en la dirigencia del club.
“¿Estamos en deuda? Claro que sí”, reconoció, sin rodeos. La frase funcionó como síntesis de un ciclo que, según su propia mirada, estuvo cerca del objetivo pero aún no lo alcanzó. El título aparece como la vara innegociable para este año. “Nos falta dar ese pasito, quedamos en la puerta. Tenemos que salir campeones”, remarcó, y apuntó a exigir al máximo al plantel para darle una alegría a la gente.
Mercado austero y una postura clara
El inicio del Torneo Apertura encontrará a Boca sin incorporaciones cerradas. Las gestiones frustradas por Ángel Romero y la negativa de Fluminense a desprenderse de Kevin Serna expusieron las dificultades del mercado. Lejos de esquivar el tema, Riquelme buscó bajar la ansiedad y dejó en claro el criterio de su conducción: no incorporar por inercia.
“No queremos traer por traer”, insistió. En esa línea, defendió el valor del plantel actual y recordó decisiones cuestionadas en su momento que hoy, sostiene, muestran resultados. “El año pasado trajimos siete u ocho jugadores de primer nivel. Nos criticaron por traer a Costa y hoy es el mejor central del país. Trajimos a Leandro Paredes”, enumeró, para subrayar que la prioridad es el funcionamiento del equipo antes que el impacto inmediato de los nombres.
Finanzas, herencia y orden
Otro de los ejes del mensaje estuvo puesto en la administración económica. Riquelme volvió a marcar diferencias con la conducción anterior y apuntó directamente contra la gestión encabezada por Daniel Angelici. Según el actual presidente, el club recibió una herencia compleja pese a ingresos significativos por ventas de jugadores tras la final de la Libertadores 2018.
“Nos dejaron un club con deuda”, afirmó, y enumeró transferencias de peso realizadas en aquel período. En contraposición, reivindicó su regreso a Boca con un objetivo central: poner orden y sostener una administración que no comprometa el futuro de la institución. “Nunca voy a usar al club para otra cosa”, aseguró, en una frase que buscó reforzar la idea de responsabilidad dirigencial.
Las palabras de Riquelme no sólo funcionaron como balance, sino también como señal hacia adelante. Sin refuerzos rutilantes y con un discurso que mezcla exigencia deportiva y cautela financiera, Boca se encamina a un año que puede marcar un punto de inflexión. La deuda está reconocida; el desafío, ahora, es saldarla dentro de la cancha.