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Almodóvar estrena su filme "Amarga Navidad"

Con Bárbara Lennie y Leo Sbaraglia, se ve en España. Al país llegará en mayo.
Domingo, 22 de marzo de 2026 01:53

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Tras la experiencia conjunta en "Dolor y gloria", Pedro Almodóvar vuelve a confiar en Leonardo Sbaraglia como una suerte de alter ego suyo, un cineasta en pleno proceso creativo, en "Amarga Navidad". El más reciente film del director de "Mujeres al borde de un ataque de nervios", con Bárbara Lennie, Sbaraglia, Aitana Sánchez-Gijón, Milena Smit, Victoria Luengo, entre otros, se estrenó este viernes en España y llegará a las salas argentinas el 28 de mayo próximo.

"Estás siendo complaciente contigo mismo", le dice en un momento uno de los personajes de "Amarga Navidad" a Raúl (Sbaraglia), un director de cine que está escribiendo un guion, un hombre con canas, con novio joven, con miedos hipocondríacos y con una trayectoria de prestigio.

Exigente con el personaje

Como en "Dolor y gloria" (2019), Almodóvar no pretende aquí esconder que el protagonista de la película es su alter ego. Así, la frase no es cualquier cosa: es como si el personaje le estuviera diciendo a Almodóvar, que no sea complaciente consigo mismo. Y así es, porque en el retrato del artista en pleno proceso creativo que compone en "Amarga Navidad", el director se muestra, sino duro, exigente con el personaje del realizador ficticio.

Para hacer el juego de espejos, en "Dolor y gloria" y en "Amarga Navidad" Almodóvar eligió a dos actores en su madurez y con atractivo: Antonio Banderas en la primera, Sbaraglia en esta última. Ambas obras tienen mucho que ver: el juego entre la realidad y la ficción, la presencia aunque transfigurada del propio Almodóvar, el tono confesional y el gesto autoficcional.

Y, sin embargo, "Amarga Navidad" es distinta y por momentos alcanza a parecerse más a "La habitación de al lado" (2024), su anterior película, y que resuena aquí en la ficción que Raúl está escribiendo, y que ocupa buena parte del metraje.

Las dos vidas

"Amarga Navidad" es también, a su manera, un juego de balanzas: la historia de un director (Sbaraglia) que rueda una historia sobre una directora (Bárbara Lennie). Este contexto autorreferencial ya trabajado se presume ideal para plantear algunas de las cuestiones que han orbitado sus trabajos más biográficos: la creatividad, la familia y la maternidad (¿no es dirigir una forma de dar a luz?) o, muy especialmente, la relación entre arte y vida.

Pero ¿cómo se sitúa esta nueva película en el corpus de su director? Hay muchas tentativas de clasificar la filmografía almodovariana. De manera habitual, se suele nombrar la celebérrima "Todo sobre mi madre" (1999) como punto de inflexión entre un Almodóvar más castizo y festivo y otro más maduro y autorreflexivo.

En esta visión influyen dos aspectos. Por un lado, el unánime reconocimiento universal a la película, que acumuló destacados premios en certámenes cinematográficos de todo el mundo y que culminó con la obtención del Oscar a la mejor película extranjera.

Por otro, la sustitución del género de la comedia loca por un tono dramático mucho más contenido que suele entenderse, de manera popular, como algo más "serio".

Esto es cuestionable. El director ya se manejaba bien en el terreno de los premios internacionales (está su nominación al Oscar de 1989 con "Mujeres al borde de un ataque de nervios") y del melodrama no cómico ("La ley del deseo", de 1987). Sin embargo, es cierto que esta película marca un nuevo rumbo. En ella, el director deja atrás ciertos manierismos y referencias -el Madrid de los 80, la provocación hilarante– y adopta otros –el drama más trascendental y humano, la mirada internacional- porque también él se ha resituado en el mundo.

El director como personaje

El director es una figura cada vez más planetaria. Su propia vida acumula responsabilidades y preocupaciones: Almodóvar adquiere un compromiso político más marcado, su cuerpo comienza a experimentar el desgaste de la edad y su cine deja progresivamente de lado la frivolidad para adoptar un mayor realismo narrativo y formal.

El último eslabón en esta cadena es esa "Amarga Navidad" con la que continúa en la etapa otoñal de su obra, fruto de su proyección global y de su propia evolución. Para bien o para mal, y como el resto de los mortales, Almodóvar no puede recuperar su tiempo perdido, y tampoco le interesa hacerlo.

Sus fans, aun así, siguen esperando en cada nueva película esos deslices cómicos, tímidos vistazos a su época más juguetona, que recuerdan quién es Almodóvar: un proletario forjado en los excesos de la Movida; después, un acomodado icono cultural y por siempre el cineasta que mejor refleja su propia vida en el arte.

 

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