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3 de Marzo,  Salta, Centro, Argentina
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Un salteño en Israel: "Varias veces al día tenemos que ir a los refugios"

Pablo Chalcoff llegó el 14 de febrero a un kibutz en el norte israelí y, tras el recrudecimiento del conflicto entre Israel, Estados Unidos e Irán, permanece en Hanita, a metros de la frontera con Líbano.
Martes, 03 de marzo de 2026 17:45
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El abogado salteño Pablo Chalcoff se encuentra en el norte de Israel, en el kibutz Hanita, una granja comunitaria ubicada a pocos kilómetros del mar y en el límite con Líbano. Llegó el 14 de febrero para visitar amigos, realizar un voluntariado y hacer turismo, como lo viene haciendo con frecuencia desde el 7 de octubre de 2023. Sin embargo, desde el sábado, cuando se intensificaron los enfrentamientos entre Israel y Estados Unidos contra Irán, su estadía quedó atravesada por un escenario de guerra abierta.

“Varias veces al día tenemos que ir a los refugios y la orden es permanecer cerca”, contó a El Tribuno. El sábado le tocó pasar varias horas en un búnker junto a un amigo y sus hijos de 14, 15 y 10 años. “Tenés que ver la tranquilidad. Están más preocupados en dormir o jugar que en la guerra en sí. Lamentablemente ya tienen experiencia”, relató.

“Hay una aceptación o costumbre”

Chalcoff describe una sociedad que, pese a la gravedad del contexto, funciona con orden y protocolos claros. Cuando se detecta el lanzamiento de misiles desde Irán o desde el sur del Líbano -donde operan milicias como Hezbollah-suenan alarmas en los celulares y en la vía pública. A partir de allí, se activan los procedimientos.

“Acá hay una aceptación o costumbre. Llevan más de dos años con bombardeos de los hutíes, de los iraníes, de Hezbollah. Suenan las alarmas y sabés que tenés unos minutos para buscar refugio”, explicó.

Desde el sábado, la actividad está paralizada. No hay clases, no funcionan los comercios ni el transporte y se suspendieron reuniones públicas para evitar concentraciones que puedan convertirse en blancos de ataques. “Es el momento más álgido. Todo está frenado. La idea es que la gente permanezca cerca de los refugios porque los ataques son constantes”, señaló.

Misiles, explosiones y un país preparado

Hanita se encuentra en el extremo norte de Israel, en una zona sensible. A unos 45 kilómetros está Haifa, uno de los principales puertos del país. Chalcoff remarcó que Israel es territorialmente pequeño -“más chico que Tucumán”- por lo que los misiles balísticos disparados desde Irán apuntan a zonas densamente pobladas.

“El objetivo de Irán es la población civil, mientras que Israel y Estados Unidos bombardean objetivos militares, centros de acopio de misiles”, sostuvo.

En la zona se escuchan con frecuencia las explosiones de las interceptaciones del sistema de defensa israelí, conocido como “Cúpula de Hierro” y complementado por otros sistemas como “Flecha”. “Más del 90% de los misiles son interceptados. Pero el sonido es inquietante. Cuando los interceptan, el impacto hace que todo tiemble y eso puede generar ansiedad”, describió.

A pesar de ello, afirma sentirse tranquilo. “Estoy en un país preparado para la guerra, con uno de los mejores sistemas de defensa del mundo. Hay refugios en todas partes. Donde estoy hay uno dentro de la casa. En las ciudades hay refugios comunitarios. Está todo organizado”.

Recuerdos de la Guerra del Golfo

No es la primera vez que Chalcoff atraviesa una situación similar. Su primer viaje a Israel fue en diciembre de 1990 y, el 16 de enero de 1991, mientras tenía 17 años, comenzó la Guerra del Golfo.

“Ya tenía experiencia de lo que es correr a los refugios. Saddam Hussein también atacó a Israel cuando fue bombardeado por Estados Unidos. Es una situación que no deja de ser inquietante, pero de alguna manera uno ya sabe cómo reaccionar”, recordó.

Vuelos suspendidos y familia en Salta

El abogado tenía previsto regresar a la Argentina el 11 de marzo. Sin embargo, los vuelos están suspendidos al menos hasta el 7 de marzo y no hay certezas sobre cuándo se normalizará la situación aérea. “Tengo que esperar. Por ahora no hay novedades”, indicó.

En Salta lo esperan su familia y sus hijos pequeños, quienes aún no están informados de la situación. “Prefiero que no sepan para que no se asusten. Espero que esto se tranquilice y poder volver a casa”, expresó.

Mientras tanto, el día a día transcurre entre alarmas, refugios y protocolos. “No hay locura. No es que la gente va a vaciar los supermercados. Hay conciencia de cómo operar en estas circunstancias y saben cómo actuar ante situaciones tan extremas. Ver a los chicos tan tranquilos también te tranquiliza”, concluyó.

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