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A las piñas en el súper

Domingo, 19 de junio de 2011 22:42

Me tocó vivir algo insólito, al menos en Salta y hasta ahora.

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Me tocó vivir algo insólito, al menos en Salta y hasta ahora.

El viernes, a las 21 aproximadamente, día feriado por la muerte del general Gemes, estaba haciendo “la cola” en la caja de un hipermercado de la zona sur de la ciudad para pagar mis compras, cuando de pronto, en la caja 14 y ante la atónita mirada de todos, un hombre de unos 45 años y otro muy joven, casi adolescente, se tomaron a golpes de puños.

Fueron a parar al piso, mientras dos mujeres (una mayor de unos 70 años y otra muy joven) se insultaban y manoteaban groseramente.

Todos los presentes querían hacer algo y al mismo tiempo estaban paralizados por el asombro que compartíamos.

A los empujones

Es realmente conmovedor ver pegarse a la gente. La piel suena con rigor y estremece. Además, cuesta creer que la vida nos ponga de testigos de una pelea cuerpo a cuerpo, ni más ni menos que en el supermercado.

Personal de seguridad intervino rápidamente y los policías de civil acompañaron a los “peleadores” hasta la comisaría del barrio San Remo donde hicieron, cada uno, su descargo.

Las causas

Sobre los motivos de esta insólita gresca se pudo saber que estaba originada por la desvergenza y la intolerancia.

Al parecer, la parejita joven estaba en “la cola” para pagar detrás de la mujer mayor con su hijo.

En el tiempo de espera, la señora de cabeza blanca les habría llamado la atención a los jóvenes por las excesivas demostraciones de cariño en ese lugar, a lo que los enamorados habrían respondido con una frase más o menos así: “Usted que se mete vieja de m...”.

Reacciones desmedidas

Fue entonces cuando el hombre que estaba con la señora mayor salió en su defensa y palabra va, insulto viene, se armó la pelea.

Volaron celulares, hubo gritos, arañazos, mechoneadas, puñetazos y asombro generalizado.

La reflexión vino después.

Seguramente todos los que asistimos a este triste espectáculo nos preguntamos, ¿hasta dónde llegaremos?, ¿qué nos pasa?

Tenemos el deber de plantearnos la sociedad que somos y mirar, sin obsecuencia, los espacios que sigilosamente van ocupando la violencia y la intolerancia en nuestras vidas cotidianamente.

Dos cosas para revisar después de este relato: el pudor de los jóvenes y el respeto a los mayores.

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