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Cuando mata un sicario, siempre deja un mensaje

Jueves, 11 de abril de 2013 16:17

El sicario, como se sabe, es alguien contratado para matar a otra persona. Pero no todos los que matan por dinero son sicarios, un trabajo tan antiguo como actual. Es antiguo porque ya era una figura legal del derecho romano. La “sica” era un puñal o daga pequeña, “fácilmente ocultable en los pliegues de la toga o bajo la capa”, explica Wikipedia. “Sicarius” significa “hombre-daga”. El sicario ha sabido mutar según la demanda de sus clientes. En la Salta de hoy, los hombres-daga trabajan para el narcotráfico con ametralladoras.
El sicario, a diferencia del asesino a sueldo común y corriente, deja, además de muerte, un mensaje. Claro que esto atenta contra su anonimato, pero al parecer eso no le preocupa mucho. Lo que le preocupa es que se sepa que ahí pasó algo y que no van a permitir que se vuelva a repetir. Para que alguien pueda mandar un mensaje tan macabro dentro de un sistema democrático se tienen que dar algunas condiciones. Una de ellas es la impunidad. Otra, la creencia íntima de sentirse poderoso. Por ejemplo, en el triple crimen de Acambuco los sicarios dejaron una botella de agua mineral boliviana. “Querían que sepan que fueron ellos. Su profesionalismo nunca hubiese permitido esa torpeza”, había dicho una fuente de Inteligencia en ese momento. Meses después violentaron el Juzgado de Instrucción Penal 1 de Tartagal.

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El sicario, como se sabe, es alguien contratado para matar a otra persona. Pero no todos los que matan por dinero son sicarios, un trabajo tan antiguo como actual. Es antiguo porque ya era una figura legal del derecho romano. La “sica” era un puñal o daga pequeña, “fácilmente ocultable en los pliegues de la toga o bajo la capa”, explica Wikipedia. “Sicarius” significa “hombre-daga”. El sicario ha sabido mutar según la demanda de sus clientes. En la Salta de hoy, los hombres-daga trabajan para el narcotráfico con ametralladoras.
El sicario, a diferencia del asesino a sueldo común y corriente, deja, además de muerte, un mensaje. Claro que esto atenta contra su anonimato, pero al parecer eso no le preocupa mucho. Lo que le preocupa es que se sepa que ahí pasó algo y que no van a permitir que se vuelva a repetir. Para que alguien pueda mandar un mensaje tan macabro dentro de un sistema democrático se tienen que dar algunas condiciones. Una de ellas es la impunidad. Otra, la creencia íntima de sentirse poderoso. Por ejemplo, en el triple crimen de Acambuco los sicarios dejaron una botella de agua mineral boliviana. “Querían que sepan que fueron ellos. Su profesionalismo nunca hubiese permitido esa torpeza”, había dicho una fuente de Inteligencia en ese momento. Meses después violentaron el Juzgado de Instrucción Penal 1 de Tartagal.

No faltaba absolutamente nada, pero dejaron una botella boliviana similar a la que habían dejado en Acambuco, aunque nunca trascendió la marca.
El contexto para que esto suceda es muy amplio, pero hay algunos datos que hablan por sí mismos. En Salvador Mazza, límite argentino con la ciudad boliviana de Yacuiba, no hay cámaras de seguridad ni alguien que pida documentos en el paso oficial. No hay nadie buscando prófugos de la Justicia. Un sicario entra y sale con mucha facilidad. Cuando mata en Bolivia se refugia en Argentina, y a la inversa. También hay cientos de pasos clandestinos que, según remarcan las fuentes de la frontera, “son imposibles de controlar”. Pero no hay cámaras de seguridad en ellos, como en el Sector 5. Otro dato interesante es que Argentina lleva más de 10 años sin radares en la frontera con uno de los principales productores de cocaína del mundo.
Desde junio de 2012 a febrero se conocían al menos siete asesinatos en manos de sicarios en la zona, y ahora habría otras dos muertes con esa marca en La Caldera. Los sicarios están cada vez más cerca.
 

Ajustes de cuentas y control territorial

Lo que se observa de manera casi inequívoca es que los crímenes se encargan por “un ajuste de cuentas”. Lo más común es escuchar que se pagó con la vida una mejicaneada, como le dicen al robo parcial o total de droga y dinero. Pero hay ajustes más complejos y hay bandas que roban a narcos. El llamado cártel del narcotráfico es una organización que se dedica a la producción, distribución y venta de drogas. Esas diferentes etapas del negocio narco en la zona están diseminadas entre varios actores. El kilo de cocaína vale 3.500 dólares en Bolivia, pero 40.000 euros en Europa. Se calcula que cada 500 kilómetros el precio sube 500 dólares. Para sacarla de Bolivia cuesta otros 1.000 dólares. Todo esto involucra el trabajo de cientos de personas. Si alguien quiere hacer el trabajo que hace otra parte del engranaje narco para ahorrarse unos dólares, alguien muere.

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