inicia sesión o regístrate.
Hace 32 años, yo, Norma Beatriz Cardozo, me recibía de maestra con gran expectativa y con entusiasmo abracé mi “profesión”. No elegí ser odontóloga, médica, ingeniera, arquitecta, militar, etc., no porque no fuera capaz ni inteligente, ni porque mi madre no pudiera sacrificarse para hacerme estudiar como lo hace toda madre, sino porque desde pequeña me perfilé para esa profesión, como todo ser humano tiene inclinaciones para determinado rol en la sociedad.
¿Se imaginan si todos fuésemos comerciantes o políticos tan sólo por pensar que aquello es altamente redituable y solicita menor esfuerzo?
La docencia es una profesión y un trabajo pero que viene con un plus, un plus que sólo es reconocido por aquellos que trabajan con otros seres humanos como los enfermeros, geriátricos y otros, el plus de trabajar con vidas, con mentes, con personas. Una profesión que no produce a corto plazo, una profesión que forma conciencias, que prepara para la vida, que promueve todas las otras profesiones.Ustedes me dirán y con justa razón, de dónde viene tanta delincuencia, tanta maldad, tanta miseria y yo voy a apelar a una terrible y dolorosa frase que leí en la pared del Colegio Nacional hace algunos años y que sigue tan o más vigente hoy: “Egresados de hoy, desocupados de mañana”. Esta frase me golpeó el rostro, me hizo trizas porque nadie, en mucho tiempo, me había gritado una verdad tan grande. Cuando los docentes preparamos a niños y jóvenes para desempeñarse en la vida, los preparamos para un trabajo, cualquiera sea este, porque le enseñamos que el trabajo dignifica a hombre y mujeres. Nunca los formamos para extender la mano para esperar limosnas, ni a tocar un bombo por un bolsón alimentario, ni a pararse a hacer palmas por una monedas. ¿Cuándo empezó la delincuencia? Pues, no nos hagamos tontos, fue cuando los padres dejaron de ser padres, porque la madre no “pudo parar la olla” porque el padre se transformó en desocupado y ya no se pudo atender las necesidades primarias de los niños. Los hijos perdieron el respeto por los mayores “porque los mayores perdieron el respeto por sí mismos” y cuando el respeto se pierde dejamos salir aquella parte, nada humana que llevamos dentro. Violencia, delincuencia y adicciones, tres hijos de la miseria (humana) que no serán vencidos con la dádiva de ningún plan porque no hay hambre de pan, hay más hambre que dignidad, de trabajo, de justicia y de paz.
Hay quienes no quieren ver, ni oír. Los docentes no estamos ciegos ni sordos y nuestros reclamos van más allá que sólo un sueldo digno. Reclamamos por el futuro de nuestros niños y jóvenes. La educación es la clave del cambio. No quieran tapar el sol con un dedo. A ustedes “Señores políticos”, nosotros, el pueblo, no los pusimos para que nos cambien vidrios de colores por aplausos, dejen de sacarle dinero al que trabaja para tapar la vergüenza del pobre con míseros billetes que sólo le sirven para alcohol barato y basura que envenena y mata. Ustedes y yo, somos el pueblo, por favor nunca lo olviden.