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Sí quiero volver a Salta, pero por ahora de vacaciones; aunque se extraña mucho | Lejos del pago

Domingo, 02 de agosto de 2015 00:00
Nilda Tinte y Daniel Villafañe Arévalo eran novios cuando decidieron cruzar el océano Atlántico en busca de un mejor futuro. Cuando llegaron a Pineda del Mar, en España, Tyago, su primer hijo, que ahora tiene 10 años, en aquel entonces era apenas un puntito. Aunque costó un poco, afortunadamente hicieron pie y la esperanza se convirtió en una linda realidad. Los jóvenes se casaron y hace poco más de un año la familia se agrandó con la llegada de Alex.
El municipio español Pineda del Mar está ubicado a una hora en tren desde Barcelona, y a 21 horas de vuelo directo desde Buenos Aires. Con escalas se pueden volar hasta 35 horas.
Nilda tiene 38 años y es profesora de Educación Física, y Daniel, 41, aún adeuda la tesis para recibirse de ingeniero electrónico. Sin embargo, como no es fácil realizar la homologación de los estudios, la pareja salteña se desempeña en el área de mantenimiento general en una "hostelería", como le dicen en aquella parte del mundo a los hoteles.
El idioma les provocó sorpresas y algunas complicaciones. Los jóvenes se confiaron en que con sólo hablar el castellano se manejarían bien en España, pero cuando pisaron suelo en Cataluña se dieron con que también hablaban el catalán. Después tuvieron que estudiarlo.
Si bien irse lejos del pago significa muchas veces progreso, el desarraigo cala hondo. "Para mí el cambio más doloroso fue y sigue siendo estar lejos de mi familia y amigos", admitió Nilda.
Tyago y Alex son catalanes. Para ellos, especialmente Tyago que es el mayor, las costumbres argentinas son extrañas. Hace un año y medio recién conoció Salta La Linda y a la familia completa. No paró de sorprenderse.
Para Nilda, algunas de las costumbres de Pineda de Mar que deberían aprender los salteños son, por ejemplo, respetar las normas de tránsito, tirar la basura en cestos, reciclar y respetarse entre vecinos. En contrapartida, le gustaría que los catalanes sean más divertidos y que imitaran a la Argentina en los festejos de fin de año.
Con respecto a la apertura que tienen en Pineda del Mar con los profesionales y trabajadores argentinos, la joven salteña contó que "todo depende de suerte. También de que tengan los papeles en regla. Hoy en día se complica un poco debido a que hay muchos inmigrantes en España, por lo que se requieren más trámites o requisitos para lograr un puesto".
Nilda dice que no hay en Pineda del Mar un sitio especial que le recuerde Salta, pero sí está agradecida de haber conocido gente muy buena que la hizo sentir como en casa. A Daniel, los niños y ella les agrada pasar horas en la playa, que queda a dos calles de donde viven. Disfrutan de la variedad de actividades recreativas que tienen allá y que siempre se hacen "a lo grande" como, por ejemplo, la fiesta típica del pueblo. También está contenta de haber conocido París, Londres e Islas Canarias.
A la hora de hablar de la posibilidad de un regreso a su tierra natal, Nilda admitió: "Sí quiero volver a Salta, pero por el momento de vacaciones; aunque se extraña y añora mucho a la familia y más en determinadas fechas".
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Nilda Tinte y Daniel Villafañe Arévalo eran novios cuando decidieron cruzar el océano Atlántico en busca de un mejor futuro. Cuando llegaron a Pineda del Mar, en España, Tyago, su primer hijo, que ahora tiene 10 años, en aquel entonces era apenas un puntito. Aunque costó un poco, afortunadamente hicieron pie y la esperanza se convirtió en una linda realidad. Los jóvenes se casaron y hace poco más de un año la familia se agrandó con la llegada de Alex.
El municipio español Pineda del Mar está ubicado a una hora en tren desde Barcelona, y a 21 horas de vuelo directo desde Buenos Aires. Con escalas se pueden volar hasta 35 horas.
Nilda tiene 38 años y es profesora de Educación Física, y Daniel, 41, aún adeuda la tesis para recibirse de ingeniero electrónico. Sin embargo, como no es fácil realizar la homologación de los estudios, la pareja salteña se desempeña en el área de mantenimiento general en una "hostelería", como le dicen en aquella parte del mundo a los hoteles.
El idioma les provocó sorpresas y algunas complicaciones. Los jóvenes se confiaron en que con sólo hablar el castellano se manejarían bien en España, pero cuando pisaron suelo en Cataluña se dieron con que también hablaban el catalán. Después tuvieron que estudiarlo.
Si bien irse lejos del pago significa muchas veces progreso, el desarraigo cala hondo. "Para mí el cambio más doloroso fue y sigue siendo estar lejos de mi familia y amigos", admitió Nilda.
Tyago y Alex son catalanes. Para ellos, especialmente Tyago que es el mayor, las costumbres argentinas son extrañas. Hace un año y medio recién conoció Salta La Linda y a la familia completa. No paró de sorprenderse.
Para Nilda, algunas de las costumbres de Pineda de Mar que deberían aprender los salteños son, por ejemplo, respetar las normas de tránsito, tirar la basura en cestos, reciclar y respetarse entre vecinos. En contrapartida, le gustaría que los catalanes sean más divertidos y que imitaran a la Argentina en los festejos de fin de año.
Con respecto a la apertura que tienen en Pineda del Mar con los profesionales y trabajadores argentinos, la joven salteña contó que "todo depende de suerte. También de que tengan los papeles en regla. Hoy en día se complica un poco debido a que hay muchos inmigrantes en España, por lo que se requieren más trámites o requisitos para lograr un puesto".
Nilda dice que no hay en Pineda del Mar un sitio especial que le recuerde Salta, pero sí está agradecida de haber conocido gente muy buena que la hizo sentir como en casa. A Daniel, los niños y ella les agrada pasar horas en la playa, que queda a dos calles de donde viven. Disfrutan de la variedad de actividades recreativas que tienen allá y que siempre se hacen "a lo grande" como, por ejemplo, la fiesta típica del pueblo. También está contenta de haber conocido París, Londres e Islas Canarias.
A la hora de hablar de la posibilidad de un regreso a su tierra natal, Nilda admitió: "Sí quiero volver a Salta, pero por el momento de vacaciones; aunque se extraña y añora mucho a la familia y más en determinadas fechas".
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