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De un lado los ajustadores… ¿y del otro?

Jueves, 14 de marzo de 2024 20:38

Se ha calificado, desde serias oposiciones al gobierno, con la copiosidad necesaria como para que no haya desentendidos ni distraídos en el tema. Las palabras están en el aire. Están en juego.

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Se ha calificado, desde serias oposiciones al gobierno, con la copiosidad necesaria como para que no haya desentendidos ni distraídos en el tema. Las palabras están en el aire. Están en juego.

Quedan claros, los lados de la acción y el pensamiento. El que corresponde al oficialismo se manifiesta en su política, sus discursos, sus formas amenazantes, sus deseos, sus medidas de gobierno. Ahí está lo que creen y lo que hacen.

Del otro lado, existe cierta calridad en lo que se piensa y escasa visualización de la acción. Acción y pensamiento, hoy desequilibran a favor de quienes gobiernan.

Los que nos oponemos a este modelo retroactivo y hostil al bienestar argentino, somos muchos en el pensamiento y no tantos en la acción, más allá de voluntarismos silvestres y más allá de miles de perejiles (en el sentido más afectuoso del término) que en todo el país hacen lo que su ubicación desprovista de "chaperío "y de cargos o poder institucional les permite, y no se vislumbra una acción común, fuerte y masiva que se contraponga con las cotidianas agresiones del gobierno a millones de compatriotas.

La física enseña lo que, a veces, la política no percibe. Por ejemplo, que para detener cualquier cuerpo que se mueve, se necesita una fuerza contraria a la dirección de ese movimiento. La primera ley de Newton nos dice que un objeto no cambiará su movimiento a menos que actúe sobre él una fuerza y la tercera ley de Newton nos dice que por cada acción hay una reacción igual y opuesta.

Y precisamente no aparece con nitidez esa fuerza contraria.

Y acá caben dos posibilidades para la oposición, teniendo en cuenta que lo más notorio en cuanto a estrategia oficial, lo que surge de un lado del agonismo y se mantiene como valor clave de sus políticas, es el pavoroso ajuste que se lleva a cabo.

Entonces, de un lado el ajuste y los ajustadores. ¿Y del otro?

Una alternativa es que al ajuste lo enfrentará "el hartazgo de la gente". Frase muy escuchada, donde se combina cierta expresión de deseo con un cálculo político que puede resultar o no. Puede haber hartazgo, puede haber pérdida de tolerancia a estas medidas y puede, al mismo tiempo, no surgir esa "fuerza contraria" que detenga a lo que viene en movimiento opuesto.

Otra posibilidad es que exista una organización política, con predicamento social, credibilidad y poseedora de respeto que pueda interpretar, conducir y dar cauce cierto (político y legal) a ese hartazgo de la gente. Y, eso, más allá de voluntarismo y fantasías, hoy no existe como tal.

Esa organización política que ponga en marcha la construcción de opinión contraria a lo que hoy, y aunque nos cueste reconocerlo, tiene apoyo importante. Y aunque nos cueste asumir goza de respaldo popular. Y, lo que es más importante, maneja las agendas de debate y lidera con tranquilidad la discusión pública.

Menuda tarea para la oposición. Sobre todo, para el peronismo que es el conjunto histórico/social y político más importante para encabezar esa "fuerza contraria" que detenga a este cuerpo (gobierno) en movimiento.

De ahí que la reorganización del PJ adquiera visos de necesariedad que excede a sus afiliados y adherentes. Es el eje sobre el que luego deben converger todas las broncas, dolores y respuestas.

Requiere inteligencia y habilidad para comprender el "algoritmo" de Milei. No porque conozcamos los ADN que enfrentamos muchas veces alcanza para esta etapa. Gorilas, radicales, militares, liberales clásicos, con todos confrontamos y aprendimos sus propiedades. El anarco libertarismo nos sitúa en otros interrogantes.

Tiene disrupción en las formas y eso es lo que más vale hoy, en escenarios "líquidos" de la política.

Arroja a la consideración popular, como contenido, frases de odio, insultos y falacias junto a propuestas que son muy sentidas por las mayorías, como lo de la casta y eliminar gastos de la política en asesores, pasajes, autos. Y, no importa que tengan insignificancia en el Presupuesto nacional, son vigorosas simbologías que pegan fuerte en la consideración de millones.

Como pocas veces en la historia, la soberanía popular está asentada sobre identidades abiertas. Ahí se ubica parte de la disputa política/cultural/social que debemos dar.

El gobierno de LLA incorpora una idea de homogeneidad nacional (al estilo de Carl Schmitt) y sostiene que la condición para vivir en cierta democracia pasa por una identidad homogénea, la de ellos, el anarco libertarismo. Quien no piensa igual no es un "argentino de bien", se lo puede "orinar", es un "zurdo de mierda", es "bestia y precario" y "pedazo de mogólico, imbécil, tarado".

Este peronismo que tiene la obligación de reformularse, renovarse y cambiar va a beber en aguas del consenso y la diversidad como ejes constitutivos de la democracia. Y de la necesaria existencia del Estado como equilibrador nacional y de la justicia social como sustento de calidad de vida.

El libertarismo impulsa un "demos" homogéneo casi obligatorio. Ser como ellos o no ser.

El peronismo debe responder con pluralismo y con pacifica articulación de las diferencias.

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